Nuevos recortes de los días de papel Córdoba, 1900

El paso de vivir un fin de siglo a vivir el comienzo del siguiente suele ser menos traumático en la realidad que lo que vocea el plano simbólico. Uno se acuesta en un año y se despierta en otro y las continuidades, aun las indeseables, pueden tener más peso que las rupturas.

Cultura 13 de septiembre de 2023 Gabriel Ábalos Gabriel Ábalos
Cuchilleros del artista S. Hoorl
Encontronazos a punta y filo, de la vida diaria a comienzos del siglo XX.

Por Víctor Ramés
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En el paso de diciembre de 1899 a enero de 1900 se constata en los diarios la consecución de las cosas tal como venían siendo. Ya parados en el siglo veinte, a la semana siguiente, lo que se ve, lo que se escucha, lo que sucede en todos los planos de la realidad inmediata de la ciudad señala la vuelta al curso habitual de las horas y los días. Esta continuidad vale tanto en sentido positivo como negativo, según si el correr del tiempo arrastre hechos auspiciosos o tóxicos. El diario La Libertad, en enero de 1900, por ejemplo, se inclina por lo segundo, al denunciar que el Mercado Cabrera, hasta no hacía tanto un lugar donde se congregaban los carros llegados desde el norte y el este de la provincia, la llamada Plaza de las Carretas, era una ruina y un foco de escándalo social.

Con títulos como “Una feria turca”, “Conventillos, ventas bailes, etc.”, “Que se clausure aquello”, el diario censuraba que el Mercado Cabrera “a más de ser el peor foco de infección, es también un foco de… costumbres alegres”.  El periodista derrochaba prejuicio en su descripción de aquel lugar donde “se reúnen gentes de la peor especie, capaces de cometer cualquier acto por inmoral que sea. Anteayer sin ir más lejos, en uno de los puestos roncaba una guitarra, al mismo tiempo que varias parejas de mujeres y hombres se balanceaban al compás de una habanera adormecedora”. Ese cuadro atrae más simpatía a la evocación que rechazo y denuncia, pero lo cierto es que conduce al cronista a concluir: “Todo lo expuesto antes y ahora, es más que causa suficiente para que se haga clausurar aquel establecimiento si no se resuelve ponerlo en condiciones debidas, aunque esto lo consideramos casi imposible, por tratarse de un sistema de edificación por demás inapropiado para el uso que se le destina.”

El Mercado Cabrera persistiría así otros ocho años antes de ser tirado abajo. Adelantándonos nueve años desde aquel enero del 1900, se leerá en el nuevo diario La Voz, en 1909, vísperas de ser derribado aquel mercado: “Visite señor intendente esa preciosa reliquia de la edificación edilicia y comprenderá que ordenar su demolición, equivale a meter una caña con un trapo ardiendo en la punta a una cueva de alimañas, cosa que, en resumen, resulta una herejía… para las alimañas”.

Sin quitar los pies de aquel enero de 1900 y con el mismo énfasis en las cosas indeseables, también se encuentra en el diario La Libertad una sucesión de hechos que ganaban sus páginas cuando aun no se había creado en la prensa la sección “Policiales”, y la realidad se ocupaba de demarcarla. A mediados de enero se podía leer una noticia sobre una pelea: “Anteanoche en la calle Tucumán, esquina Tablada, los individuos Jesús Córdoba, Waldino Loza y Braulio Rodríguez, que se encontraban en estado de ebriedad en una casa de negocio situada en el paraje indicado, por un cambio de palabras que tuvieron, se tomaron en pelea.” Salieron a relucir cuchillos y navajas, pero apareció la policía y arreó con ellos, imponiéndoles doce días de arresto en la cárcel. Entretanto, frente a otra casa de negocio situada en el Alto del Abrojal, a eso de las seis de la mañana, un cabo de la sección 3ª, José Funes fue invitado a tomar una copa por un hombre ebrio, y al negarse, recibió insultos y amenazas “que obligaron al cabo a tomar su respectiva intervención. Al pretender conducirlo a la comisaría se produjo un pequeño desorden causado por la resistencia del ebrio.” Castigo, doce días de arresto. 

También había casos de bronca entre policías, como este desacato: “A las 12 y 30 de ayer en la calle Sarmiento esquina San Martín, fue atacado el vigilante de facción por el sargento Gabino Maldes. Este individuo sin que mediara la más pequeña circunstancia, a no ser el estado de embriaguez en que se encontraba, atacó a golpes de puño al agente, teniendo este que tomar la defensiva haciendo uso de sus fuerzas. Poco después fue reducido a arresto gracias a la intervención de algunos particulares de los muchos curiosos…”. Otros doce días de arresto. 

Y sin dar vuelta la página, se lee que “hace unos días Carmen Córdoba fue detenido en la Comisaría de la Sección 1ª por un desorden que produjo en una casa de negocio en la que amenazaba a su dueño en medio de insultos torpes que profería.” Luego de cumplir con sus doce días de cárcel, don Carmen salió en libertad solo para dirigirse otra vez a la misma “casa de negocio”, donde amenazó de nuevo al patrón, reclamándole que le pagara “la detención que por su culpa había sufrido, y no pudiendo cumplir con las amenazas que le hiciera, por haber intervenido a tiempo el agente de servicio, la volvió a emprender con insultos groseros, que a los gritos producidos atrajo numerosa concurrencia.” Resultado: “fue conducido a la Sección 1ª y de allí pasó a la cárcel de detenidos condenado a otros doce días de arresto por la Sub Intendencia.”

¿Nos creerán lectores y lectoras que, todavía debajo, sigue la ristra de noticias policiales con dos conocidos que se desconocieron? “Entre amigos – Se encontraban ayer por la mañana los individuos Juan Villagra y Esteban Maldonado, departiendo amigablemente en un burdel sito en el abrojal y tomando cada uno de ellos sus respectivas copas. Después de mucho beber el alcohol hizo su efecto y de risueños y alegres que departían se tomaron en palabras bastante agrias a causa de una pequeña desavenencia que tuvieron. De las palabras se fueron a los hechos, de cuyas resultas, si no hubiera sido la oportuna intervención del dueño de la casa, hubiéramos tenido que lamentar un incidente grave, por cuanto Maldonado, desenvainando su cuchillo de que estaba provisto tiró varias puñaladas a su contrincante que no dieron en el blanco, gracias, como hemos dicho, al dueño de casa que los separaba.” Tras la intervención policial requerida, ambos fueron a dar a la comisaría. Esta vez la condena fue a seis días de arresto, tal vez los doce prorrateados entre ambos, “o en su defecto a veinte y cinco pesos de multa.”

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