Nuevos recortes de los días de papel Córdoba, 1900

Nos quedamos otro rato tratando de extraer notas de la mentalidad local cuando arrancaba el novecientos, a partir de apuntes focales sobre profesiones, culturas y clases sociales en la vida cotidiana.

Cultura 18 de septiembre de 2023 Víctor Ramés Víctor Ramés
Médicos, casi bronces color
Médicos, una profesión cercana al bronce.

Por Víctor Ramés
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La valorización social de la profesión médica en cuanto tal, tiene una larga historia, desde que la legitimación de las academias más prestigiosas puso un piso a las aspiraciones de abrazar la carrera, con principios científicos modernos. La Facultad de Medicina de Córdoba tituló a la primera cohorte de estudiantes suyos en 1884. Tres lustros más tarde, ya había médicos prestigiosos y la prensa daba cuenta de su entrega y de sus proezas, ayudando a construir un modelo social. La Libertad de 1900 informaba de una intervención en la que colaboraron eminencias locales, aun cuando el resultado no fuese feliz: “Difícil Operación Quirúrgica - Así puede calificarse la que los doctores Vella, Barros, Pitt, Del Barco y Soaje, ayudados del joven Juan B. González, practicante, ejecutaron ayer en la persona del malogrado joven Ignacio Vélez, de quien nos ocupamos en otra parte.” Un par de semanas después, el nombre del médico Pedro Vella vuelve a ser destacado por el periódico: “Operación - El conocido e inteligente facultativo doctor Pedro Vella, acompañado por los doctores Gerónimo del Barco, Arturo Pitt y Guillermo San Román, efectuó días atrás una difícil operación en una niñita hija del señor Félix Funes, de nombre Zulema.
La corta edad de la paciente, su estado delicado y lo avanzado de la dolencia, prestaron serias dificultades para ello; pero la ciencia fue más poderosa y hoy la enfermita se encuentra fuera de peligro.
Es este un nuevo triunfo del doctor Vella que hay que agregar a los muchos que tiene alcanzados.”

En otro rumbo ciudadano y sin dejar el plano de la “gente bien” -según la autopercepción de clase- dado que el teatro mayor de la ciudad era una especie de santuario de la cultura distinguida, donde la programación y el público se legitimaban mutuamente, encontramos de esto signos ilustrativos en la segunda mitad de marzo de 1900. La temporada comenzaba en el mes de abril, tal como en la actualidad. “En breve se inaugurará la temporada teatral del corriente año. A estar a los informes que se no suministran, que proceden de buena fuente, este año tendremos muy buenas novedades y mucha variedad en los elementos que contribuirán a acortar las largas veladas de invierno.
El punto de cita será el Teatro Progreso, pues conocidos son los inconvenientes que interrumpirán, probablemente, la actuación en el Rivera Indarte de las compañías teatrales.”
El Rivera Indarte, nuestro actual Teatro del Libertador, había sido cedido a una empresa que acababa de invertir en algunas mejoras del teatro, por lo que la temporada se postergaría hasta junio: “Los numerosos trabajos que se han llevado à cabo en la parte interna del salón del Rivera Indarte, le han dado mayores comodidades y están llamados a ser probablemente de mucha utilidad para los concurrentes al gran coliseo.” Se habían quitado los palcos de cazuela, reemplazados por una tarima nueva donde cabían ciento cincuenta personas. En el Paraíso se instalaron asientos para cien personas. Se construían “cuatro palcos «Grillé» para las familias de luto que deseen concurrir”.
En cuanto a la programación, la empresa gestionaba la venida de una gran compañía de opereta alemana, y también se anticipaba “un contrato con la Compañía Podestá Hermanos, que actúa hoy en Tucumán, de donde irá a Salta”. La presencia de los hermanos Podestá, con su enorme aporte al primer teatro popular argentino, a partir del Juan Moreira de los años ochenta, era objeto de un prurito de clase por parte del cronista -vox populi de la “gente bien”- dado el prejuicio que pesaba sobre el teatro gauchesco de origen circense: “La compañía mencionada tiene un surtido repertorio de dramas criollos y, aunque nos parece que ellos no quedarán muy bien ni son apropiados en las tablas del Rivera Indarte, construidas expresamente para las celebridades artísticas, damos la noticia como llega a nosotros.” La “amenaza” ponía en cuestión la dialéctica legitimante del coliseo y la clase mejor posicionada de la ciudad.

También se desliza un apunte claramente clasista en un cuadro callejero. La Libertad alude a una gama de actitudes, sin cuestionar a fondo la costumbre de los grupos de muchachones de esquina que con frecuencia aparecían en sus páginas -y en las de otros diarios- censurados por su comportamiento para con las damas. Si en lugar de muchachones, se tratase de caballeros que se limitaran a deslizar un piropo, el problema -parecía decir el cronista en esta nota de marzo de 1900- no existiría. Esa “institución” patriarcal de las temibles barras en las esquinas podía admitirse, mediando cierta “moderación”, o “corrección” al molestar a las mujeres o, mejor, a las “damas”.
“Los Tenorios – Con una fecundidad asombrosa y temible se reproducen entre nosotros los émulos de Juan Tenorio.
Ya no se puede atravesar la ciudad, en las últimas horas de la tarde, sin encontrar en cada esquina un grupo de caballeros, que suelen a veces desmentir el calificativo que les damos, por ser llevados por un extraño espíritu de exhibición, parece que esperaran el paso de cualquier persona, sea de la categoría que sea, para lanzar su chistes hirientes, saludados por ellos mismos con carcajadas estruendosas que dan mala idea de la educación y la delicadeza de las jóvenes componentes de esos grupos.
Bien sabemos que cada uno es dueño absoluto de permanecer donde mejor le parezca, de proceder à voluntad sin que las autoridades tengan para nada que intervenir en este asunto y si hacemos esta crítica a vuela-pluma es porque nos consta que la corrección o moderación de esta costumbre depende de la delicadeza de las personas que la siguen y es ello lo que invocamos para que, si no puede desaparecer, sea por lo menos, la costumbre mencionada, algo corregida y un poco mesurada.
Lo que precede ha sido escrito bajo una triste impresión: hemos tenido ocasión de ser espectadores ayer de un hecho criticable que ha llevado a cabo un grupo de jóvenes, tomando como blanco de sus atrevimientos a una distinguida dama cordobesa.”



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