
Cordobers | Caras y Caretas Cordobesas
Víctor Ramés
Joven bandido olvidado en una página (Segunda parte)
Contaba Mengual, el joven bandido de origen español detenido en Córdoba por sus delitos de asalto y agresión, que al ver una película de William S. Hart se había sentido inspirado por el personaje de “bandido del bien” que robaba pepitas de oro, aunque quién sabe si podía leer velozmente los intertítulos del filme mudo, y si entendió la trama de aquella producción. Es posible que se tratase de “The silent man” (El hombre silencioso) de 1915, dada la referencia en esa película a los mineros del oro. De por sí, su vocación de asaltante a partir de una película denunciaba la mentalidad adolescente de Mengual, y Bill Hart fue el primero vaquero la estrella más importante de ese género, en los comienzos del “western”.
Lo cierto es que luego de aquella “revelación” cinematográfica, afirmaba el juvenil delincuente que “ese mismo día tomé un tren y vine a Córdoba. Estaba dispuesto a todo con tal de conquistar para mi novia algunas bolsas de pepitas de oro”.
La mención a una novia en España por parte de Mengual, junto a la cual quería regresar rico como solo ocurre en el cine, provocaba en el autor de la nota un comentario reacio, dispuesto como estaba a no dejarse convencer por el influjo de los violines con que cada tanto el preso parecía buscar la compasión de su audiencia. El autor de la nota de “Caras”, Soiza Reilly, se encargaba de referir como seguía el relato de Alberto Mengual en la prisión.
“Confiesa que vino de su patria — España— atraído por el encanto de las libras esterlinas. Le habían dicho que en América las libras esterlinas abundaban como las «perras gordas».
—Además —e inclina nuevamente los ojos—... además, yo tenía en España una novia.
Por ella me he jugado la vida.
Las damas que lo escuchan se sonrojan.
¡Amor! Claro... Un aventurero sin amor es un simple atorrante. Pero un joven que se lanza por el mundo a conquistar dinero por dar gusto a su novia, aunque sea asaltando cobardemente,
es un personaje digno de la admiración de las mujeres.
—Una novia! ¡Cómo!
Mengual explica sus amores de niño. En su aldea conoció a la zagala.
“¿Bonita? Preciosa... Se subía con ella a los árboles. Corría por las praderas. Asustaba a las vacas... Su cariño infantil se transformó en pasión. Quiso casarse, los padres se opusieron. Era pobre... Un hermano le dijo:
— Si quieres casarte con la zagala vete a América. Allí empéñate en ganar dinero honradamente. Y si no consigues ganarlo honradamente, gánalo como puedas...
Y Mengual llegó a Buenos Aires. En Buenos Aires no es fácil enriquecerse así no más. Por lo general, es siempre difícil enriquecerse...”.
Entonces vuelve el reportero a requerir datos sobre su historia delictiva comenzada y terminada en Córdoba.
“— ¿Cómo inició sus asaltos?
— El 31 de octubre del año pasado
salí de Córdoba para San Roque. Llevaba una carabina, un revólver, un puñal... Estaba cansado de trabajar en las panaderías.
Lo poco que ganaba lo invertía en comer. En comer mal. . . Con diez centavos de pan y cuarenta de queso, salí por los caminos, pero… ¿Quiere que le lea mis «Memorias»? Durante mi viaje a través de las sierras, fui anotando en esta libretita todas mis impresiones…”
El joven bandido, ante la sorpresa de quien lo entrevistaba, ofrecía servirse de sus anotaciones para continuar la narración de su accionar desde que se había trasladado a las sierras, e iba en busca de ese ayudamemoria que llevaba consigo. Eso es precisamente lo que haría a continuación, como veremos: contar los comienzos de su aventura en busca de “pepitas de oro”.







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