
Buscando la receta infalible
J.C. Maraddón
En infinidad de oportunidades se han utilizado (y se utilizan) frases provenientes del fútbol a la manera de una metáfora que se aplica a circunstancias de la vida que nada tienen que ver con ese deporte. Tirar la pelota afuera, clavarla en el ángulo, perder por goleada o atajar todo lo que tiran, son lugares comunes de la jerga futbolera que han saltado al habla cotidiana y de allí al lenguaje escrito, con un sentido figurado que ha contribuido a separarlas de lo que sucede en la cancha para volcarlas a situaciones en las que intervienen personas que tal vez nunca hayan pisado un estadio.
Es habitual que para referirse a alguien que se destaca en lo suyo se le diga “qué jugador”, en tanto que si un individuo es expulsado de su ámbito natural, será lógico anotar que “le sacaron la roja”. De uno que desvaría se asegura que “no juega con todo el equipo” y de otro que se desubica se afirma que “quedó en offside”. Un acierto de cualquier índole puede ser definido como “un gol de media cancha” y un movimiento táctico calculado previamente será mencionado como “una jugada de pizarrón”, por más que no haya habido ningún DT detrás de la maniobra.
Todas estas analogías forman parte del modo de expresarse tanto de la gente común como de los eruditos, lo que pone en evidencia hasta dónde el balompié ha logrado permear por completo a la sociedad toda, hasta impregnarla con sus giros idiomáticos más caprichosos. Cómo no iba a suceder, entonces, que todo el arsenal de recursos asociados a esa disciplina, terminasen invadiendo otras jurisdicciones del saber, hasta finalmente involucrarse en los espacios de las técnicas de autoayuda, que durante los últimos treinta años desvelan a millones de insatisfechos y alimentan las listas de best sellers.
Se ausculta así lo que acontece sobre la gramilla para extirpar de allí ideas que tengan algún potencial como enseñanza multiuso, y se lo estira como chicle para que se entienda mejor cuál es la forma en que debemos comportarnos a la hora de enfrentar adversidades, de avanzar en busca de una meta o de asimilar la concreción de un logro de gran importancia para nosotros. Todos estos ítems, que figuran en los manuales básicos del coaching, hallan en el fútbol una paleta de ejemplos por demás útiles para que se comprenda qué senda hay que emprender en cada caso.
Esta costumbre de llevar hacia otros estratos los avatares de aquellos que corren detrás de una pelota, ha transformado a esos profesionales en una insospechada fuente de conocimientos, a la que es preciso consultar como si fuera un oráculo. No en vano suelen ser atletas los que algunas veces animan esas charlas motivacionales, a las que asisten personas que desean progresar en su carrera o al menos superar los obstáculos que les cruzan en su camino. Ser alguien que consiguió sobresalir en su especialidad, pareciera habilitar a que esas aptitudes sean transmisibles y adaptables a las más disímiles ocasiones.
La obtención del título de campeón mundial por parte de la Selección Argentina en 2022, ha derivado en que los protagonistas de esa gesta sean tomados como el paradigma del luchador que vence toda resistencia y se alza con la victoria, aunque en esa aventura haya habido momentos de debilidad y duda. El tono épico que adquirió esa hazaña ha contribuido a considerar a nuestros cracks como verdaderos gladiadores que confrontaron a enemigos neerlandeses y franceses y les infligieron sendas derrotas, en procura de esa tercera copa que nos había sido negada desde el lejano 1986.
Pero detrás de tan gloriosa gesta se agiganta la figura de Lionel Scaloni, quien llegó al cargo de director técnico por descarte en 2018 y apenas cuatro años después supo guiar al plantel hacia el premio mayor. En el comienzo de una nueva cita mundialista, el DT no sólo se nos aparece en repetidos spots publicitarios, sino que ahora es el eje sobre el que gira “El método Scaloni”, una miniserie documental de tres episodios disponible en Flow, que ha tenido un oportuno estreno justo cuando el combinado nacional se apresta a debutar el martes que viene ante su par de Argelia.
Por supuesto, los testimonios del propio Scaloni, de sus ayudantes, de sus colegas y de sus jugadores, aportan datos que sirven para dimensionar la proeza de ese hombre en el que pocos creían al asumir su cargo y que hoy ostenta la corona de ídolo popular. Ahora bien, extrapolar de su experiencia un decálogo de mandatos dignos de imitar, suena por lo menos arriesgado en cuanto a que lo probado con gran suceso en la Scaloneta vaya a ser una garantía de éxito en otras lides. Quien, a pesar de todo, esté convencido de eso, podrá tomar nota de la receta en los créditos finales del tercer capítulo.







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