
El (virtual) sucesor de Adorni, rompecabezas del peronismo
Felipe Osman
Las declaraciones del raudamente célebre contratista de Manuel Adorni, Matías Tabar, ante el fiscal federal Gerardo Pollicita, sacudieron al Gobierno, que después de celebrar, en el fuero íntimo, haber hecho piso en las encuestas que miden la aceptación/rechazo de la gestión, se ven ahora dentro de un nuevo vendaval desatado por otro capítulo en la saga de los “consumos postergados” del Jefe de Gabinete.
Se trata, va de suyo, de una cuestión de envergadura nacional, que excede la materia de análisis propia de estas páginas. Pero que, aun así, es materia de conversación en los despachos de Córdoba. Y no tanto por el episodio en sí, sino por los reemplazantes que podrían recalar en el puesto de Adorni si, finalmente, el presidente decidiera apartarlo.
En Buenos Aires ya empezó la danza de nombre, y en Córdoba ‘reaccionan’ a cada uno de ellos.
El primero puesto a rodar fue el del presidente de la Cámara Baja, Martín Menem. El diputado tiene un rol central en el ajedrez de Karina Milei, y si un karinista sale, lo más viable pareciera ser que fuera reemplazado por otro. Al menos hasta ahora, las piezas de la secretaria general de la Presidencia sólo mueven hacia adelante.
Al peronismo de Córdoba la preocupa esta posibilidad. Desde la Jefatura de Gabinete los Menem multiplicarían los recursos con los que cuentan para potenciar a Gabriel Bornoroni en la provincia, y podrían darle a su candidato mayor protagonismo en acciones de gestión del Ejecutivo Nacional. Además, estarían al frente de una botonera con poder de fuego sobre la administración local.
Más adelante en la jornada, otro nombre entró en el bolillero: el del radical Luis Petri. En teoría, ante la resistencia del riojano de recalar en un puesto inestable… o que, paradójicamente, fue inestable para Nicolás Posse y Guillermo Francos, pero al que Adorni parece estar atornillado.
Las versiones que ubican al ex ministro de Defensa en la Jefatura de Gabinete preocupan menos en el Centro Cívico. Los peronistas entienden que, de recalar en ella, el radical potenciaría a Rodrigo de Loredo, y esto plantearía un escenario de mayor división opositora en las elecciones provinciales.
Es opinable. De Loredo está más cerca de Alfredo Cornejo en la interna nacional de la UCR, y Petri es un adversario del gobernador de Mendoza, al que pretende suceder. En cualquier caso, los peronistas recuerdan que el ex ministro y De Loredo quedaron parados del mismo lado de la interna del bloque de diputados durante la primera mitad de la gestión libertaria, y extraen de ahí una hipotética cercanía.
El nombre que sí entusiasma al oficialismo cordobés es el de Diego Santilli, en quien ven a un interlocutor mucho más asequible que los anteriores. Aún así, saben que las chances de que el “colorado” tienden a cero.
Más allá de estas disquisiciones, casi ociosas del peronismo, vale una aclaración. El esquema bajo el cual se estructura el oficialismo nacional es, cuanto menos, atípico. Los cargos no suelen estar tan definidos por la competencia que la ley les asigna como por la simpatía que sus ocupantes despiertan en el presidente. Y las pruebas están a la vista.
Un cargo casi marginal en cualquier otro gobierno, como la Secretaría General de la Presidencia, es por poco el centro de gravedad del gobierno libertario. Y la persona que más poder administra después del presidente y su hermana, Santiago Caputo, ni siquiera tiene un cargo formal en el Gabinete.
Hay, en las Fuerzas del Cielo, algunos entusiastas que creen que esto podría estar a punto de cambiar. El tiempo dirá.


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