
Menos trabajo, más trabajo, nuevos trabajos
Javier Boher
La economía puede andar bien, mal o más o menos y siempre va a haber gente que no esté conforme con su marcha. Cada uno mide las cosas de acuerdo a su vara, por lo que va a haber numerosos diagnósticos sobre la misma realidad.
Mucho se habla sobre la diferencia entre rubros y regiones, con el sector primario traccionando la economía y la industria de los grandes centros urbanos sufriendo el cambio de modelo económico. Zonas históricamente postergadas, como las provincias mineras, están viendo llegar inversiones que prometen transformar el paisaje económico y urbano. Los privilegiados de la economía cerrada -los de la industria sustitutiva de importaciones del conurbano bonaerense- hoy están en el peor momento.
La dispar distribución de habitantes en el país hace que todo lo que involucre a ese 40% de habitantes que rodea al puerto de viva como la realidad de todo el territorio, amplificado por la gran cantidad de medios de comunicación que producen contenido desde esa zona. Esto quedó fuertemente en evidencia ayer, cuando una cola de varias cuadras para conseguir trabajo en un frigorífico se convirtió en lo más transmitido por los canales de noticias.
La combinación de una mala situación económica en Buenos Aires, la necesidad de llenar minutos de aire y las triquiñuelas habituales de la política convirtieron lo que debería haber sido una búsqueda laboral como cualquier otra en un mensaje político para intervenir en la discusión pública.
Algunos hablaban de siete cuadras de cola y unos 3.000 aspirantes a cubrir 60 lugares con sueldos de entre $900.000 y $1.400.000, nada del otro mundo. Estos valores magnificaban el peso de la noticia, ya que transmiten la desesperación por trabajar.
El desarraigo no es algo para cualquiera. La mayoría de nosotros siente algo por el terruño que cree que no va a encontrar en otro lado. Sin embargo, los nuevos polos de desarrollo económico que se ven en el país, por ejemplo con la mencionada minería, tienen sueldos para operarios que fácilmente duplican y triplican los anteriores.
El problema de esto es que esos sectores no llegan a absorber todos los trabajos que se destruyen en la industria, a la vez que la gente debe percibir que el rumbo será perdurable como para tomar la decisión de emigrar hacia esas zonas periféricas, las que además carecen de infraestructura para recibir a toda la gente que podría decidir mudarse hacia ellas.
Los procesos sociales que regulan la distribución poblacional suelen ser lentos, pero algunas veces incluso así son más rápidos que la capacidad de adaptación de las zonas de acogida. Nuestra provincia vivió un proceso de migraciones internas durante la década transcurrida entre los dos últimos censos, con un fuerte crecimiento poblacional que se vio reflejado en la falta de infraestructura (especialmente en las zonas serranas) para recibir toda esa afluencia de cordobeses por adopción. Si pasó acá, donde hay un Estado más fuerte, mejor preparado, con un sector privado diverso y buena infraestructura de conectividad y servicios, ¿qué le puede quedar a las provincias que llevan décadas corriendo de atrás y hoy son señaladas como las que deben generar oportunidades para que no hagan siete cuadras de cola por un trabajo en el conurbano?
Es lamentable que la gente no consiga trabajo o no pueda trabajar de lo que le gusta, pero esa es una realidad que se vive hoy y se vivió antes. La única forma de resolver ese problema es con crecimiento económico, desarrollando nuevos sectores y actividades de acuerdo a lo que demande el mundo, aunque algunos desde su pequeño pedacito de realidad no sean capaces de ver la necesidad de esas transformaciones.



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