
Caras y Caretas Cordobesas
Víctor Ramés
La Córdoba del deporte mecánico, 1924-1925 (Segunda parte)
Llama la atención la importante actividad automovilística que se registraba en Córdoba a mediados de los años veinte. Acompañaba el crecimiento del movimiento de la afición nacional en torno a ese deporte mecánico sobre ruedas. Era, a su vez, reflejo de una década en la que Argentina oscilaba entre el quinto y el séptimo lugar mundial en consumo de automotores, al tope de toda Latinoamérica.
La provincia de Córdoba adquirió importancia con el circuito de carrera en carretera, el Gran Premio, que fue un hito en 1924. En su mirada a la temporada de ese año, indicaba la sección “Auto-Moto-Aviación” de Caras y Caretas:
“Automovilismo
Gran Premio 1924. — Durante los días de Carnaval se realiza en el doble trayecto de Buenos Aires a Córdoba, pasando por Rosario, la prueba de mayor aliento registrada en Sudamérica, bajo los auspicios del Automóvil Club Argentino.”
Otra carrera de gran interés para ese deporte y con centro en la propia actividad de la Docta, fue el Gran Premio Córdoba 1924, sobre el cual informaba “Caras” el 26 de abril de ese año:
“El domingo próximo deberá disputarse en el circuito que partiendo de Calera pasa por Alberdi y Yocsina, la primera carrera del Automóvil Club Córdoba sobre esas carreteras de las sierras. Las inscripciones registran nombres de los más consagrados volantes porteños y del interior del país, lo que dará a la lucha contornos de un torneo de habilidad y arrojo. Máquinas nuevas para nuestras pistas disputarán a las conocidas, figurando entre ellas tipos de coches esencialmente de carrera que han sido traídos de exprofeso para su «debut» en ésta y la próxima que sobre idéntico recorrido hará disputar el Club Atlético Audax Córdoba.”
Luego de correrse esa competencia, el semanario porteño ofrecía una reseña favorable, afirmando que “tal como lo habíamos previsto, resultó una lucha reñida e interesante, en que se impuso ¿el mejor? Es arriesgado hacer esta afirmación frente a la igualdad de condiciones y al arrojo similar de que han hecho gala los triunfadores.” Y agregaba, por otra parte, que “el Gran Premio Córdoba nos ha evidenciado que los coches de pequeña cilindrada, (como han sido, por ejemplo, los Alfa-Romeo de Carú y Zanardi y el Reo de Blanco) compitiendo contra «monstruos» de la potencia, pueden llegar a marcar iguales velocidades.”
Las carreteras no dejaban de presentar tramos difíciles por el estado de la ruta, y hasta podían encontrarse los bravos pilotos obstáculos inusitados: mientras se hallaban “perdidos entre inmensos lodazales, al punto que sus fuerzas físicas han sido, muchas veces, impotentes para vencer las «barreras de barro» levantadas en el camino por obra de las lluvias de esos días, y el paso de las pesadas carretas de bueyes y mulas, que como resabios de épocas pasadas pululan aún por nuestras campiñas...”.
Había otros récords que cumplir en materia de distancias más extensas, que exigían rendimiento a la máquina según “Caras”:
“Cuatro automovilistas argentinos, los señores Rusconi (tres hermanos) y Pesquie, han cumplido en la pasada quincena su doble «raid» de Buenos Aires a Valparaíso y regreso, que representa un recorrido de más de 3.500 kilómetros.
Estos viajes que sirven para estrechar vínculos de camaradería con los colegas de allende los Andes, tuvieron la virtud de hacer que días después de la partida de Valparaíso, para ésta, de los aficionados argentinos, otros cuatro chilenos salieran de la misma ciudad en viaje a ésta, llegando diez días después para luego reiniciar el «raid», luego de haber cumplido una misión interesante de solidaridad y cambio de ideas para el progreso del moderno medio de transporte.”







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