
El acuerdo Mercosur-UE permite moverse hacia adelante
Javier Boher
Hace unos 15 años un conocido se dedicaba a exportar espárragos orgánicos a Estados Unidos, para los que necesitaba importar algunos insumos. Con el cepo se hizo cada vez más difícil, hasta que decidieron dejar de hacerlo. Pasaron de ingresar dólares a dedicarse a abastecer a los verduleros de la zona. Hubo menos inversión, menos trabajo registrado, más evasión y un efecto general de empobrecimiento por las decisiones de un Axel Kicillof que supuestamente ahora es distinto.
La semana pasada hubo revuelo porque una nota de un portal del campo aseguraba que los apicultores argentinos iban a tener problemas para aprovechar el nuevo acuerdo con la UE por una nueva legislación Europea sobre la pintura que se usa en los tambores y que entrará en vigencia el mes que viene. Ese mismo día se supo que ya se había producido la primera exportación con el régimen de arancel cero, lo que fue celebrado por el canciller.
Ayer nos enteramos que ya se cubrió el cupo y que la mayor parte fue aprovechada por nuestro país. Al no haber un sistema de cuotas por miembro del Mercosur, el que hizo primero los papeles se aseguró las ventas antes que el resto y celebró el haber podido ubicar su producto. Esto no cambia el precio que va a recibir el productor ni la cantidad de dólares que van a entrar al país, pero es una muestra del potencial exportador argentino y la capacidad de ingresar con sus productos en uno de los mercados más exigentes del mundo.
Los socios menores se quejaron por una situación que sienten desfavorable para sus intereses, pero pasan por alto que el sentido del acuerdo es poder vender más y mejor actuando como un mercado común sudamericano. Esto último es un sueño que hasta ahora no se cumplió nunca, principalmente porque todos los miembros se dedicaron a dejar satisfechos a algunos de sus sectores, reduciendo los niveles de competencia, productividad y eficiencia.
El acuerdo con la Unión Europea es una excelente noticia, pero va a empezar a desnudar las grietas que hay en nuestra región, donde muchos apoyaron el acuerdo sin saber muy bien qué consecuencias puede tener para su sector en particular. Mientras nuestro productores de alimentos celebran, los industriales están empezando a preocuparse.
Las fuertes inversiones anunciadas o en marcha en sectores como la minería y la energía nos dan la pauta de que hay muchas empresas que se están dando cuenta de que Argentina puede proveer a Europa de lo que necesita, pero también de que desea hacerlo de la mejor manera posible. El hecho de que los exportadores apícolas argentinos hayan tenido todo listo para presentar los papeles el primer día de entrada en vigor del acuerdo (para asegurarse el trato preferencial y evitar la aplicación de la nueva norma europea) marca que no solamente se trata de la producción, sino que también hay recursos humanos preparados para hacer las cosas mejor que nuestros vecinos. Definitivamente hay mucho que se puede mejorar, porque dos décadas cerrando mercados para vivir con lo nuestro ha tenido sus consecuencias, pero el afán exportador de algunos sectores es una gran señal para los próximos años.
Seguramente en el futuro habrá nuevos roces con uruguayos, brasileños y paraguayos por estas cuestiones respecto a quién tiene la prioridad para exportar, pero la competencia y el foco puesto en ingresar a Europa generará incentivos para trabajar en cumplir con las normativas y exigencias de un mercado de alto poder adquisitivo.
Así como los productores apícolas estuvieron atentos para aprovechar esa ventana que se abrió, debe haber muchos casos de personas como el productor de espárragos que se perdieron más de una década esperando a que llegue el momento de poder volver a hacer lo que les gusta y con la calidad que le quieren dar. Son las pequeñas historias con poca épica que terminan haciendo que el país se empiece a mover hacia adelante.


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