
La segunda parte del baile
J.C. Maraddón
La música electrónica, como género, ha construido su propio panteón de deidades, muchas de las cuales quizás no resulten del todo conocidas para el público en general, pero que gozan de una bien ganada fama en las pistas de baile. Algunos de esos deejays, como es el caso de David Guetta, devinieron en artistas pop de gran fuste y por ende trascendieron los límites de ese estilo. Pero una gran mayoría de las figuras del panorama electro resulta desconocida para quienes permanecen ajenos a ese circuito, que tuvo un gran crecimiento hacia finales de los noventa y que se mantiene activo aún hoy.
Además de los deejays y productores que acometen sets en las principales discotecas del mundo y en los festivales a los que concurren bailarines dispuestos a dejarlo todo en sus movimientos corporales, también están aquellos que han hecho un arduo trabajo y han legado una obra abundante, pero que se han mantenido en las sombras, incluso escudándose detrás de seudónimos. Quizás la gente común desconozca que ese hit de moda al que tanto disfruta de escuchar, cuenta con la participación de una persona afín a la electrónica que ha ejercido un rol trascendente en la confección de esa pieza.
Y es que en el uso y abuso de samplers de otras canciones y en la proliferación de elementos tecnológicos de última generación, parecieran haberse ido despersonalizando las tareas creativas, que estarían siendo reemplazadas por procedimientos llevados a cabo a través de máquinas. Sin embargo, no es acertada esa generalización, porque quedan aún intersticios donde la tracción a sangre es la que define los procesos de elaboración de un tema. Y es allí donde emerge la presencia de un humano prodigioso, dispuesto a maximizar el aprovechamiento de los recursos con los que cuenta para extraer agua de las piedras.
Sin un renombre que lo identifique entre el público en general, pero con un prestigio conseguido a fuerza de descollar en su trabajo, el inglés Stuart Price lleva unos 30 años de carrera profesional, con una trayectoria jalonada por un desenvolvimiento que ayudó a definir nuevos horizontes para el campo de la electrónica. Como soporte detrás de los proyectos llamados Zoot Woman o Les Rythmes Digitales, y alojado bajo el manto de ailas como Jacques Lu Cont o Thin White Duke, este multifacético personaje ha realizado aportes vitales dentro de un área musical siempre cuestionada por su supuesta cuota de artificialidad.
Aunque su foja de servicios en las bandejas es digna de las mayores alabanzas, su tarea en la producción artística reluce con un brillo enceguecedor, en especial si se enumeran las estrellas junto a las que se ha desempeñado como artífice de la consola. Kylie Minogue, New Order, Gwen Stefani, Scissor Sisters, Pet Shop Boys, Dua Lipa, Take That, Halsey y The Killers son algunos de los intérpretes que han aprovechado sus habilidades a la hora de darle forma a una canción o de transformar cualquier composición en un suceso bailable al que todos puedan corear mientras se agitan bajo la bola de espejos.
Dentro de ese catálogo de celebridades para las que empleó su talento Stuart Price, se destaca por encima del resto Madonna, quien le pidió hace ya 21 años que aplicara su magia en “Confessions On a Dancefloor”, el álbum con el que la diva iba a volver a conquistar a los bailarines que la habían adorado en sus principios. Tal fue la repercusión de aquel experimento, que más de dos décadas después se sigue reconociendo a ese disco como el último gran acierto de la cantante, más allá de que su discografía ha seguido dando que hablar.
Diversas apariciones recientes de Madonna a la par de pop stars del momento, como Sabrina Carpenter o Addison Rae, dejaron entrever un regreso de la legendaria artista a los primeros planos, a partir de una necesidad de reconvertirse a sus 67 años. Esa vuelta a la notoriedad iba a encontrar su explicación en el lanzamiento de “Confessions On a Dancefloor Part II”, que tiene fecha de salida prevista para el próximo 3 de julio y que renovará aquel acercamiento suyo a la cultura electrónica que le permitió recuperar la fe de sus fans y sumar nuevos seguidores.
Quién otro sino Stuart Price iba a ser el encargado de apoyarla en esta empresa, que pretende reeditar las andanzas de un dúo al que en 2005 se le abrieron las puertas de la posteridad. “Bring Your Love” se llama el tema que salió como adelanto, donde también se oye la voz de Sabrina Carpenter y asoma el toque de Kevin Saunderson, uno de los pioneros de la música house. Habrá que ver entonces si esta segunda parte está a la altura de la primera y si invita a bailar con la misma energía de aquella.







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