
Sin sorpresas, Boretto consolida su poder y Pérez asienta su base
Francisco Lopez Giorcelli
El veredicto de las urnas en la Universidad Nacional de Córdoba confirmó los pronósticos de la previa y dejó un mapa de poder claro para la próxima etapa. Jhon Boretto logró un triunfo contundente que selló la disputa en un 60% de los votos ponderados, ratificando el rumbo de Somos UNC y sepultando la posibilidad de cualquier atisbo de batacazo opositor. La Pax Romana regresa al Pabellón Argentina, ahora con el sello de legitimidad que otorgan los números del escrutinio general, explicando que en tiempos de turbulencia económica y paros, el electorado universitario cordobés sigue prefiriendo la previsibilidad y la estabilidad institucional por sobre la confrontación directa.
Las dos jornadas electorales se desarrollaron sin sobresaltos y en un estricto marco de tranquilidad institucional, una postal que contrastó fuertemente con la pirotecnia discursiva que tiñó los días previos de campaña. Lejos de las tensiones y los picos de conflicto que amagaba con empantanar el escrutinio, el flujo de votantes en las distintas facultades aportó una normalidad casi rutinaria al paisaje de la Ciudad Universitaria.
La madurez demostrada por los aparatos militantes en el territorio permitió que la contienda se encauzaba por las vías institucionales, transformando el campus en un escenario de convivencia democrática impecable donde la única protagonista real terminó siendo la voluntad de los claustros expresada en las boletas.
La estrategia de Pedro Pérez (Vamos UNC) de nacionalizar la campaña y plantear los comicios como un plebiscito sobre la dureza frente al gobierno de Javier Milei chocó contra ese mismo pragmatismo tradicional de la Casa de Trejo. Sin embargo, el decano de FAMAF está lejos de irse con las manos vacías: el 40% obtenido representa una muy buena elección para su espacio.
Parece que lo que caló hondo en la comunidad universitaria, y explica este robusto piso electoral de la oposición, fue el discurso marcadamente combativo de Pérez frente al contexto de ajuste feroz que atraviesan los claustros. Esa postura de mayor firmeza ante el Gobierno nacional logró sintonizar con el malestar latente de sectores docentes y estudiantiles, permitiéndole a Vamos UNC retener con holgura sus territorios históricos y garantizar un bloque de peso en la conformación del nuevo Consejo Superior.
Para Boretto, el 60% general es exactamente el escenario que se trazaba en los borradores de su búnker: una victoria clara, contundente y sin sobresaltos. El resultado le otorga un escudo político fenomenal para pararse frente a la motosierra de la Casa Rosada con el respaldo explícito de toda la comunidad universitaria, pero, hacia adentro, le concede la centralidad absoluta en la rosca que se viene.
Al mantener una sólida diferencia de veinte puntos en la ponderación total, el Rector conserva la lapicera dorada para ordenar la ingeniería de la era post-Boretto. Este caudal de votos le permite aplacar, al menos por ahora, cualquier foco de rebelión prematura o ambición desmedida entre los decanos de su propio espacio que ya hacían precalentamiento para la sucesión. La UNC inicia así su etapa de transición: con el oficialismo reteniendo la botonera central con total comodidad, pero sabiendo que enfrente quedó una oposición que logró capitalizar el malestar nacional y demostró volumen político para dar el debate en la política grande de la universidad.


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