
El reformismo retuvo conducción de FUC y hubo cambios en Secretaría General
Francisco Lopez Giorcelli
El calendario institucional de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) completó este fin de semana una de sus instancias más determinantes para la representatividad política de los estudiantes. El Comedor Universitario albergó las deliberaciones y la votación del 41° Congreso de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), un proceso que ratificó el esquema de gobernabilidad mayoritario por parte del radicalismo, pero que alteró de manera significativa la geografía de los bloques de la oposición.
El escrutinio final consolidó la primacía de la coalición oficialista Deodoro Roca con un total de 182 votos, seguido por la propuesta unificada del Frente por la Justicia Social que obtuvo 102 voluntades, mientras que la lista libertaria quedó marginada en una expresión testimonial de apenas 5 sufragios. Los números finales no dejaron margen para las sorpresas de último minuto en la conducción de la federación, pero abrieron un escenario de fuerte debate e inestabilidad hacia el interior de las fuerzas opositoras de Ciudad Universitaria.
Asi la presidencia estará representada por Ines Pioli (Franja Morada de la Facultad de Derecho); la vicepresidencia será ocupada por Matías Quialvo (ABM) y la Secretaria General será ocupada por Nicolás Pérez, consiliario por Sean Eternos (de la Facultad de Cs Sociales).
La ratificación del frente Deodoro Roca en la conducción de la FUC asegura la continuidad de una matriz de gestión estudiantil plenamente alineada con las autoridades del Pabellón Argentina. La lista integrada por la agrupación radical Franja Morada, el ABM (Exactas) de la corriente socialista del Movimiento Nacional Reformista (MNR) y SUMAR de Medicina, exhibió una gran capacidad de contención para abroquelar a sus delegados en las facultades.
Para la administración rectoral conducida por Jhon Boretto, este resultado aporta un elemento de previsibilidad institucional clave para transitar el complejo contexto presupuestario nacional. La permanencia del máximo órgano de representación gremial estudiantil bajo el control de un espacio reformista moderado garantiza un canal de diálogo institucional fluido, alejando la posibilidad de que la federación adopte un perfil de confrontación directa que “entorpezca” (según algunas autoridades cercanas al rector) las negociaciones con el Ejecutivo.
La sorpresa del tablero universitario se dió en la Secretaría General donde un bloque renovado del peronismo y el progresismo logró desplazar a las conducciones previas y unificar la representación de la minoría.
El Frente por la Justicia Social (la alianza que logró amalgamar a las agrupaciones Sean Eternos, el CEU de Ciencias Exactas, La Bisagra, La 15 de Ciencias Químicas y La Mella) se adjudicó la Secretaría General de la federación por primera vez bajo esta fisonomía de unidad.
El frente logró capitalizar el descontento de las bases y el reordenamiento derivado de los comicios de mayo pasado, transformándose en un actor relevante de la oposición universitaria. Al quedarse con el segundo lugar en importancia dentro de la FUC y el control de cinco secretarías operativas de peso, este frente se consolida como una estructura cohesionada que promete ejercer una fuerte iniciativa política desde estos lugares de representación.
La contracara de este ascenso fue el vacío político dejado por la corriente alineada de forma directa con el Centro Cívico provincial. "La Fuerza Estudiantil", el sello que hasta el inicio del Congreso detentaba la representación de la Secretaría General, optó por una retirada de último momento al no oficializar ninguna lista de candidatos ni disputar los cargos en juego en la junta ejecutiva de la federación estudiantil.

La decisión de automarginarse de la compulsa responde, según el análisis de los operadores de Ciudad Universitaria, a la necesidad de las terminales políticas de la Provincia de esquivar un resultado incómodo.
Este declive de la estructura oficial del justicialismo universitario cordobés caló tan hondo en las bases que terminó por desatar un fuerte cuadro de incomodidad y pases de factura internos entre las agrupaciones afectadas por las directivas de la conducción regional. Diversas fuentes estudiantiles confirmaron que un sector relevante de los operadores y militantes llaryoristas optó por no asistir al Comedor Universitario ni sintonizar con los armados, ausentándose incluso de las juntas de acreditación de delegados.
El trasfondo de esta situación expone con claridad que las disputas de la interna del peronismo provincial continúan teniendo una repercusión directa e incómoda dentro de los límites de la universidad pública.
La cúpula de La Fuerza Estudiantil rechazó de forma sistemática la posibilidad de integrar en su esquema a otros sectores que hoy ocupan un mejor lugar, prefiriendo la exclusión antes que la asimilación de un sector con impronta propia. Esta falta de síntesis política terminó por fracturar la representación del PJ en la UNC, permitiendo que el CEU construya alianzas con otros sectores de la política universitaria.
Por su parte, el desempeño electoral del Frente Alberdi aportó la nota de intrascendencia de la jornada, confirmando de manera empírica que la ola libertaria que sacude los despachos nacionales carece de sustento y de inserción real en la cultura política de las aulas cordobesas.
Los escasos 5 votos obtenidos por la lista referenciada de forma directa en el partido del presidente Javier Milei exponen los severos límites territoriales de una fuerza que carece de cuadros militantes estables.
Para la dinámica interna de la Casa de Trejo, la experiencia de la lista libertaria ratifica que la defensa de la educación superior sigue bajo los tradicionales andariveles de las corrientes reformistas y de los movimientos populares de base.
Esto obtura por completo las pretensiones de la derecha radicalizada de consolidar una representación institucional de peso, quedando reducidos a una participación meramente decorativa y sin llegada real al estudiantado.
Con los resultados ya consolidados y el ingreso inminente al segundo semestre del ciclo lectivo, la política estudiantil de la UNC se introduce en una etapa inédita que estará caracterizada por la ausencia de urgencias electorales en las urnas. Este vacío en el calendario paritario y de claustros plantea un panorama sumamente interesante para el reacomodamiento de los sectores progresistas y del llaryorismo oficialista que sufrieron el desgaste de la última campaña y quedaron relegados de los cargos.
Paradójicamente, la condición de haber quedado transitoriamente fuera del mapa les otorga a estas agrupaciones una soltura táctica y una libertad de movimientos que antes no poseían. Sin las ataduras de la gestión diaria de la FUC, las facciones del peronismo cordobés que optaron por la retirada cuentan ahora con el margen político necesario para ensayar nuevas iniciativas desde las bases y reconfigurar el mapa hacia el futuro.


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