
El Congreso radical cambia de manos y De Loredo consolida el control de la UCR
Carolina Biedermann
Con la renuncia de Facundo Cortés Olmedo a la presidencia del Congreso Radical, el deloredista Esteban Bria asumirá en su lugar. El movimiento representa mucho más que un simple recambio de autoridades. Esto reconfigura el equilibrio interno del radicalismo cordobés y deja a Rodrigo de Loredo con influencia en la conducción de ambas estructuras en el partido: el Comité Provincia y el Congreso Radical.
La salida de Facundo Cortés Olmedo se formalizó el pasado 18 de junio mediante una carta dirigida al presidente del Comité Provincia, Marcos Ferrer. En la nota, el dirigente presentó su renuncia a la presidencia de la Mesa Ejecutiva del Congreso Radical aduciendo “razones de orden laboral y personal” que le impedían continuar en el ejercicio de la responsabilidad partidaria “con el compromiso y dedicación” que el cargo demandaba. El ahora excongresal aprovechó además la despedida para agradecer el recorrido realizado dentro de la UCR, al recordar sus dos períodos al frente del Congreso, sus doce años como apoderado partidario y sus 37 años de militancia en el radicalismo cordobés.
El Congreso paritario es un órgano de enorme peso político porque tiene la facultad de definir la política de alianzas del partido, aprobar frentes electorales y establecer el marco institucional para las decisiones estratégicas de la UCR. Si bien el deloredismo tenía mayoría, la conducción estaba al mando del mestrista Facundo Cortez Olmedo. El rol del presidente de la entidad es clave. En el caso de un empate en la votación, por ejemplo, tiene la función de desempatar.
Patricia Rodríguez, del espacio Córdoba Abierta, asume la vicepresidencia del órgano. El nombramiento es valorado por el espacio del ex diputado nacional Fernando Montoya, quien trabaja en tándem con Franco Jular, dirigente del mismo sector.
La salida de Cortés Olmedo tiene además una fuerte carga simbólica. El dirigente había llegado a la presidencia del Congreso en 2021 en el marco de la conducción que en ese momento tenía Ramón Mestre dentro del partido. Aquella conducción le ganó la pulseada al espacio de De Loredo y se quedó con la facultad de conducir la política de alianzas del radicalismo cordobés.
Los mandatos cambiaron, pero el dirigente continuó al mando del organismo, también en la gestión actual de Marcos Ferrer. Ahora, con esta renuncia, el tablero se movió.
La llegada de Esteban Bria a la presidencia del Congreso implica que el deloredismo ya no sólo administra el Comité Provincia, sino que también pasa a controlar el órgano encargado de validar las decisiones más sensibles del partido. Bria es el gestor del ex diputado nacional.
Esta novedad toma relevancia porque el radicalismo cordobés se encuentra en pleno proceso de redefiniciónota dn estratégica de cara a 2027 y todavía mantiene abierto el debate sobre el tipo de construcción opositora que debe impulsar. Incluso, el próximo 11 de julio se llevará a cabo la reunión del Congreso en la que se definirá si hay elecciones internas o no, ante el inminente vencimiento de los plazos para renovar autoridades.
La concentración de poder partidario le otorga a De Loredo una posición de fortaleza. El ex diputado nacional logra ordenar bajo su órbita las herramientas institucionales necesarias para conducir la discusión sobre candidaturas y, especialmente, sobre las futuras alianzas electorales.
Para el mestrismo, en cambio, la salida de Cortés Olmedo marca un repliegue, aunque continúa con representantes dentro del organismo y continúa reteniendo el Comité Provincia de Juventud.
Con el Congreso y el Comité alineados bajo un mismo espacio político, la pregunta que comienza a instalarse en la UCR ya no es quién conduce el partido. La discusión pasa ahora por cómo utilizará ese poder acumulado. Si lo hará para ordenar una propuesta netamente radical o para construir una nueva ingeniería de alianzas capaz de competir por el poder provincial en 2027.


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