
Una antigua apuesta al futuro
J.C. Maraddón
A comienzos de los años ochenta, la música de The Alan Parsons Project seguía sonando tan futurista como en 1976, cuando el ingeniero de sonido que había trabajado con los Beatles y Pink Floyd se unió al compositor Eric Woolfson para lanzar su álbum debut, “Tales of Mystery and Imagination”. La combinación de cierta herencia psicodélica con los más avanzados recursos tecnológicos de la época y un imbatible barniz pop, despertó elogios entre los entendidos, que se rindieron ante la elaboración de esta obra conceptual basada en los cuentos de Edgar Allan Poe, donde intervenían voces reconocidas como las del actor Orson Welles y el cantante John Miles.
Al año siguiente, en su segundo disco, The Alan Parsons Project volvió a musicalizar una obra literaria: esta vez fue la novela “I Robot” de Isaac Asimov la que le dio sustento, y también condicionó ese sonido, al imponer un contexto de ciencia ficción que lo postulaba como la música del futuro. A pesar de tanta erudición, el público en general no dejó de prestarles oído a algunas de sus canciones y, de hecho, la que le daba título al álbum fue cortina musical del programa de TV “Mónica presenta”, un ciclo periodístico de Canal 13 muy visto en aquella época.
Instalado así como una novedad más que atendible en el panorama internacional, el grupo de Alan Parsons fue despachando un álbum tras otro sin que decayera el interés de la gente hacia sus registros, por muy profundos y ambiciosos que estos fueran. En varios de esos productos discográficos se repetía la fórmula de abrir con un tema instrumental, al que seguía un hit radiofónico sin que mediara una pausa. Se creaba así un clima épico que daba paso al magnetismo de la canción principal, recurso que ha tenido innumerables réplicas desde aquel entonces.
Ese truco volvió a ser utilizado por Parsons en “Eye In The Sky”, aparecido en 1982 como el último eslabón de la etapa más gloriosa de su discografía, que continuaría su rumbo pero ya sin sorprender a propios y extraños, como había ocurrido hasta ese momento. En aquel disco, se sabía que el tema del mismo nombre iba a ser el corte de difusión, cantado por Eric Woolfson. Y, en efecto, fue ese single el que le iba a reportar el mayor suceso de su carrera a esta dupla conformada por gente que siempre había preferido estar detrás de escena.
Sin embargo, para no perder la costumbre, Alan Parsons necesitaba que “Eye In Tne Sky” fuese antecedida por una instrumentación especial, destinada a crear una atmósfera propicia para lo que venía después. Y con ese fin orquestó “Sirius”, compuesto a partir de un loop de clavinet, y titulado como la estrella más brillante, a propósito del “ojo en el cielo” sobre el que giraba la concepción de la obra. En menos de dos minutos, la canción inspiraba una sensación espacial, donde la guitarra de Ian Bairnson aportaba un solo en el mismo estilo de David Gilmour.
El devenir de una década musical intensa se iba a llevar puesto el protagonismo de The Alan Parsons Project como avant garde de una corriente que quería marcar tendencia. Quedó el recuerdo de sus hazañas artísticas y de sus excelentes cifras de ventas, pero su propuesta perdió peso frente a una avalancha de artistas que portaban la bandera de la modernidad y que ganaban la atención de las publicaciones especializadas, relegando a muchos de los que hasta esa instancia ostentaban la etiqueta de pioneros. Sus canciones fueron programadas hasta el cansancio en las radios orientadas a un público adulto, donde perduran hasta el día de hoy.
“Sirius”, en cambio, se actualizó cuando los Chicago Bulls la hicieron sonar cada vez que salían a la cancha encabezados por Michael Jordan, durante las temporadas en que nadie podía disputarles el cetro en la NBA. El tono épico de la grabación les proporcionaba un aura de superioridad que contagiaba a los espectadores y que luego se plasmaba en la cancha. Como en Estados Unidos la identificación del tema con la etapa dorada de los Bulls es directa, otras veces se lo ha recuperado por allá como banda sonora en los grandes eventos deportivos.
Entre las canciones que preceden y acompañan el desarrollo de los partidos de la actual Copa del Mundo, “Sirius” es la que más se difunde y es la que saludan con mayor entusiasmo los fanáticos locales. En un país donde el básquet es una disciplina que supera en mucho al fútbol en cuanto a su atractivo, no es extraño que se produzca este desplazamiento sonoro, para que el balompié herede ciertas tradiciones instaladas desde hace tiempo. En ese traslado de un tipo de eventos a otro, The Alan Parsosn Project rejuvenece su legado y da muestras de que su apuesta al futuro no estaba tan errada.







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