
Caras y Caretas Cordobesas
Víctor Ramés
Las tres décadas expuestas de Fader
(Cuarta parte)
Está claro que Fader retrocedió en su carrera artística entre 1909 y 1914. No solo debió ponerla entre paréntesis, debido al destino y a la lealtad familiar que lo ataba a Mendoza, sino que, además, en esos años se produjo una importante activación del mercado pictórico en Buenos Aires, del se quedaba fuera. De algún modo, la generación de Fader, con sus avances y sus conquistas artísticas, sumado al trabajo de los críticos y de las publicaciones periódicas de actualidad, lograba vencer la reticencia del público. Pero Fader no se hallaba allí para ocupar un lugar tempranamente ganado. En 1910, año del Centenario, tuvo lugar la exposición internacional en Buenos Aires, entre los meses de mayo y noviembre, junto al Hotel Plaza en lo que había sido el Pabellón Argentino que había participado en la Exposición Universal de París de 1889, mereciendo el primer premio por su imponencia. Como refiere un autor ya citado, Rodrigo Gutiérrez Viñuales, en su libro Fernando Fader, Obra y pensamiento de un pintor argentino, no fue Fader el único que brilló por su ausencia, aunque sí es el que nos interesa:
“Los pintores Fernando Fader, Martín Malharro y el escultor Rogelio Yrurtia fueron los tres grandes ausentes en la Exposición Internacional realizada en el mes de julio de 1910, hablando de máximos exponentes del arte nacional. En la sección de pintura argentina se destacó el gran amigo de Fader, Cesáreo Bernaldo de Quirós, quien logró la Medalla de oro y el Gran Premio de la exposición con su cuadro “Carrera de sortijas”, comprado posteriormente por el gobierno de la provincia de Entre Ríos en 20.000 $. Los festejos del Centenario coincidían justamente con la caducación de la concesión Fader y la inauguración de las obras…”.
En Cacheuta, Mendoza, ese mismo año, la parte fundamental de las obras estaba terminada y se puso en marcha oficialmente la turbina y dínamo de la tercera central hidroeléctrica del país. Sin embargo, Fernando Fader debió realizar un viaje a Europa en busca de financiamiento para continuar con otras secciones de la gran obra que quedaban por realizar.
El mercado del arte, paralelamente, se podría decir que explotó en América del Sur y se vio en Buenos Aires, sin que por ello los propios artistas pudieran jactarse de volverse ricos. Se profesionalizó, en realidad, la escena de galerías y marchands, lo que sí fue naturalmente positivo para el campo de las artes.
Inactivo desde el punto de vista artístico, Fernando Fader permanecía naturalmente fuera de las publicaciones de actualidad. De allí el nulo aporte de “Caras y Caretas”, ya que no había noticias que informar sobre él. Sin embargo, el semanario entrega una solitaria mención, aunque no de carácter artístico, el 15 de enero de 1911. En ocasión de una gira de inspección a Potrerillos, para visitar las obras del gobierno nacional en ese pueblo de montaña mendocino, encabezada por el Gobernador de la provincia y acompañada por ministros de gobierno, hacienda y obras públicas, algunos legisladores, miembros de la prensa local, la revista publicaba una fotografía que mostraba en el río Mendoza un “aspecto general de las obras hidráulicas del señor Fernández Fader, que la comitiva visitó, al regreso”. Es obvio que se trata de Fernando Fader y que el autor de la nota al pie no lo relacionaba para nada con el pintor, al convertir su nombre en apellido.
A fines de 1912 Fernando Fader se hallaba en Londres, donde nació su hijo Raúl. Faltaban todavía dos años para su regreso y para los mejores logros en su oficio.







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