
Otra vez todo pintado de negro
Javier Boher
Algunas veces me cuestiono para qué sirve estudiar carreras universitarias, particularmente las de sociales (como es mi caso). Sería lindo saber calcular puentes o edificios, ayudar en la producción de distintos productos o estudiar el espacio buscando desentrañar los misterios del universo, pero los sociólogos nos tenemos que conformar con haber estudiado desigualdades, opresión y otras yerbas de la vida en sociedad.
Muchas veces resulta frustrante ver lo interesante que es la vida de los que se dedican a intervenir en la realidad de manera concreta, pero por suerte no es todo el tiempo. Cada tanto sucede algo que nos devuelve una confirmación de las tendencias sociales que se desarrollan por debajo de lo visible y que pudimos anticipar cuando otros se distraían con lo que pasaba en la superficie.
Tuve que ir a buscar a los elementos enviados del mail porque no encontré una vieja nota que hace tiempo publiqué en el diario sobre la que quería confirmar la fecha: dos de junio de 2021. Todavía no estábamos vacunados contra el COVID, muchas escuelas seguían sin clases presenciales y ya se empezaba a ver qué nada de eso iba a terminar bien.
La titulé “Todo pintado de negro”, por Paint ir Black, un tema de los Rolling Stones en el que Mick Jagger canta que quiere ver todo pintado de negro, sin más colores ni alegría, mientras todos eligen ignorarlo.
Cito dos párrafos de la nota:
“Lo que sí me preocupó fue que la misma funcionaria que el año pasado recomendaba el sexo virtual ahora minimiza los problemas de salud mental, como si intimar a través de una pantalla fuese lo mismo que tocarse, olerse o besarse. Lo más grave es que ahora es ministra del área.
“Tanto que les gusta hablar del covid como de una guerra, ¿creen que estar encerrados en un búnker, escuchando las bombas y contando muertos es inofensivo?¿que no ir a la escuela es anecdótico?¿que no poder pagar sueldos o mantener abierto un negocio de años de esfuerzo es un tema menor?¿que celebrar cumpleaños por zoom es inocuo?”.
Ayer pasó como un tema menor que por primera vez desde que hay registros los suicidios superaron la cantidad de muertos en accidentes de tránsito y homicidios sumados. A nadie parece preocuparle la salud mental, que está en emergencia desde hace tiempo y que venimos reflejando desde esta misma columna hace años. Los que trabajamos con jóvenes y adolescentes lo vemos de cerca, a la vez que algunos además le sumamos el temor que sentimos como padres por la proximidad de esos años en nuestros hijos.
En 2020 la tasa de suicidios fue de 7,8 cada 100.000 habitantes. El año pasado creció un 50%, hasta ubicarse en 11,8. Los accidentes viales fluctuaron mucho, subiendo y bajando en una banda entre 7,8 y 10,2 cada 100.000 habitantes el año pasado. Los homicidios, por su parte, bajaron de 5 a 3,6 cada 100.000 habitantes, mostrando una tendencia a la baja que fue muy celebrada al darse a conocer a principios de este año.
Claramente se confirma una tendencia que también se observa en política, una de que la gente explota hacia adentro. Quizás faltan lazos sociales más fuertes y mayores niveles de contención o integración social, pero eso quedará para los que siguen tratando de describir el fenómeno desde la ciencia. Desde acá, desde las páginas de opinión de un diario, volvemos a señalar el gran problema que tenemos, uno que va a seguir creciendo si no se empieza a tomar en serio la cuestión de la salud mental. La vida es mucho más linda cuando nos abruman los colores, no cuando todo se tiñe de negro. Los políticos deberían tomar nota antes de que les toque de cerca y entiendan de qué estamos hablando.



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