

A las nuevas generaciones
Veinte años después de la caída de Perón, y pocos meses después de su muerte —llorada por amplios sectores de la sociedad— ocurre un hecho que quiebra de manera frontal el entramado económico y represivo que había sostenido los años de control militar y resistencia popular. La brutal devaluación realizada por el gobierno de Isabel Perón, conocida históricamente como el Rodrigazo, pone en pie de guerra a la clase obrera contra “su propio gobierno”, intensifica la oposición de los sectores liberales y progresistas frente a la represión de corte fascista impulsada por las fracciones de ultraderecha, y —lo que es aún más grave— facilita el recrudecimiento de las acciones de las guerrillas de inspiración marxista y cristiana. Esta fractura simultánea del orden económico y político precipita una crisis terminal que abrirá el camino a la dictadura de 1976.
La cruenta dictadura del 76 tiene éxito: rompe parte del tejido industrial, coarta el proceso de industrialización y endeuda al país aparte de crear y perder una guerra viciada por la intencionalidad del régimen. Logra por sus políticas, incluso el comienzo de la emigración de grandes empresas de origen extranjero. Un tema no menor, es que cambia los hábitos de consumo de la clase media, debilitando su cohesión con el movimiento obrero. El proceso de descomposición social está en marcha.
El período democrático
El fracaso del Gobierno del Dr. Alfonsín no solo estriba en la dura oposición del movimiento obrero, sino en la incomprensión que el modelo que había dado lugar al pleno empleo era imposible de sostener. Sus discursos optimistas por la restauración democrática no abarcaban la complejidad de una economía que había perdido sus fundamentos. (J.C. Torre 2021) Su fracaso se revela en una hiper inflación que hace ingobernable el país. Las cajas pan para apoyar a los sectores de menores recursos producto de la dictadura militar se acrecientan de forma explosiva.
La renuncia anticipada del Dr. Alfonsín adelanta el Gobierno del Dr. Menen quien al principio de su mandato intenta lo que se podría llamar un modelo neoperonista, a partir de una herencia muy difícil: sin reservas, déficit fiscal e hiperinflación. Ante el segundo pico hiperinflacionario desarrolla un viraje en su concepción política y económica. Pone en marcha un programa ortodoxo que incluye la incautación de depósitos, conocido como Plan Bonex. (Cortez Conde 2005)
A partir de febrero del 91, un plan heterodoxo que genera Domingo Cavallo, promueve la Ley de convertibilidad, (1 peso = 1 dólar) complementada por privatizaciones masivas (YPF, Aerolíneas, teléfonos), apertura comercial y desregulación. Su efecto: una baja drástica en la tasa de inflación y en sus primeros años la recuperación del crecimiento.
Después de Perón, un nuevo mesías
El presidente Menen, se transforma en un nuevo mesías, su gobierno frena la hiperinflación y acrecienta su poder político, De ello que plantea su reelección y obliga a la oposición a negociar. Tiene todo el poder político de un salvador, no de un líder democrático. El líder nacionalista se transforma en un aliado incondicional del Imperio de Occidente, habla de la Argentina del primer mundo, hace gala de una personalidad que seduce, aunque eso signifique un hiperpresidencialismo, delegación vertical, y decisiones concentradas en el círculo íntimo.
El Mesías, traslada su exitismo ajeno al significado de un gobierno republicano a vastos sectores de la sociedad que aprovechan en imitación de su líder, un incremento sustancial de consumos superfluos, “el neoliberalismo es un éxito.” Esta superficialidad seductora lejos de ser un déficit funciona como un recurso político: que permite estabilizar expectativas en una sociedad en crisis y legitimar un viraje ideológico abrupto hacia el neoliberalismo paralelo a una visión exitista de las relaciones sociales.
Sin embargo, el programa tiene pies de barro: Perry & Servén del Banco Mundial y Pablo Gerchunof, entre otros, observan que la convertibilidad es un régimen “macroeconómicamente frágil” porque exige una disciplina fiscal estricta y esta no existe a lo largo del programa, salvo en los primeros años por efecto del ingreso de las privatizaciones de las empresas públicas.
La Convertibilidad sostiene un clima de prosperidad artificial que oculta su fragilidad fiscal. El gobierno promueve la ilusión de estabilidad mientras el gasto provincial, el déficit previsional y los shocks externos vuelven insostenible la deuda. La sociedad cree en un “milagro” que sólo puede terminar en desastre. Este se manifiesta en un desempleo cercano al 15%, informalidad en torno al 40% y una destrucción productiva persistente. En paralelo, la impunidad judicial, el contrabando de armas y una corrupción naturalizada erosionan valores cívicos básicos. El estilo presidencial consolida un ambiente donde el engaño, la ostentación y la tolerancia social a la corrupción acompañan el deterioro económico y moral del país. (Cavarozzi 1997) “El privilegio de ser Senador lo salva de la cárcel”
Dr. En Ciencia Política (UNC-CEA)


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