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Argentina coloniza Miami, para seguir clasificando

El conjunto nacional enfrenta a Cabo Verde, en busca del pasaje a cuartos, pero los verdaderos protagonistas son los hinchas, que se abrazaron a esta calurosa ciudad, disfrutando no solo sus playas sino sus bondades y ofertas.
Nacional03 de julio de 2026 Federico Jelic
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Especial desde Miami - Copa América 2026
"Eh maestro, dónde se puede comer barato por acá en South Beach?". "Eh cordobés, conoces a alguien que tenga una entrada barata o que no te saque un ojo de la cara?". Y la plática se repite en loop permanente, cuando uno camina por Miami Beach, Normandy o la Lincoln Road o en Sunny Isles. La invasión de argentinos ya es plaga para darle forma a esta sede como la más futbolera, por escándalo, de la Copa del Mundo 2026. Y sí, está claro que la presencia de la Selección le dio el color necesario, con banderazos improvisados, latinos de otros países que adoptan los colores celestes y blancos (no solamente por Lionel Messi) y esa cuota de picardía (también con tonada de Córdoba) que indique que solo falta el obelisco en la Collins Avenue y La Cañada antes de llegar a Bricket para certificar la invasión y colonización Argentina (futbolera solamente) en la calurosa y húmeda Península de Florida.

 

¿Y las entradas?

bueno, el caso de Miami y los argentinos debe ser objeto de estudio de  psicoanálsis o de tratamientos contra las adicciones. El argentino se manda, sin entrada, con el sueño de ver si encuentra alguna entrada accesible al bolsillo, aunque es una utopía. La masacre que genera la ley de oferta y demanda en Estados Unidos más la reventa, dejó a los boletos a más de 2500 dólares, por más que sea Islas de Cabo Verde el rival de hoy en los innovadores 16 avos de final.

 Pero todo es una locura. Explotó de argentinos el recital de Ciro y Los Persas en South Miami donde solo cantaban "Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar" y pasó lo mismo anoche con el show de Ratones Paranoicos en el Hard Rock Stadium, precisamente donde se jugará el encuentro mundialista. En cada esquina, en cada rincón, en la zona de bares y todo los recovecos, aparecía una multitud cantando "por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, Argentina quiero verte bicampeoooooon". De hecho el propio Juanse tuvo que prenderse a los cánticos de la gente que prefería por momentos cantarle a la Selección que a sus propias canciones. Una marea argentina que se llevó todo por delante, encima Messi sigue convirtiendo goles y la ilusión crece al compás de los miles de argentinos que llegan al mundial a gritar en las calles y sentirse parte. Ni hablar de los latinos, que pueden verse con camisetas de Messi o de Dibu Martínez, aunque de nacimiento son hondureños, mexicanos, colombianos, salvadoreños, dominicanos. ¿Y Norteamericanos? Algunos pocos: ellos deliran con los Miami Dolphins del Fútbol Americano, Panthers del Hockey sobre Hielo y los Heats, del “baloncesto” NBA, como repiten en estas latitudes.

Por cierto, ¿Como es el transporte público en Miami? Deficitario. El bus tradicion-al que cruza la arteria principal, la Collins Avenue (tiene casi 50 kilómetros en línea recta, de Sur a Norte), vale 2,25 dólares pero generalmente, el chofer no te los cobra. Cuanto más gente se acumula, te deja pasar, sabiendo que uno es extranjero. Pero vale aclarar que la pluri cultura en esta ciudad es diversa, aunque latina por excelencia: mayoría de cubanos y colombianos, y los argentinos llegaron para empujar fuerte, como para trabajar en el "sueño americano" y volver con más recursos al país y animarse a invertir en algo.

Volviendo al transporte, la mejor salida es alquilar auto, aunque hay que prever que en cada lugar el parking no baja de los 7 dólares la oro. Ojo que no siempre es negocio. El Uber, didi y otras marcas de taxis también funcionan aunque con demoras y muchas veces uno es víctima de los embotellamientos, sobre todo en la rush hour de las 16 o 17. Están las "guaguas" y otros buses más pequeños de boletos gratuitos, pero evidentemente no es una ciudad diseñada para moverse sin auto. Igual los argentinos se las ingenian: en los grupos de Whatsapp de hinchas ya invitan a sumarse para ir a los banderazos, a la playa y al famoso y ponderado Sowgrass Mills: las zapatillas de las primeras marcas más importantes del mundo se consiguen por 20 y 30 dólares. Y la invasión argentina es total: se distinguen las tonadas y acentos de todas las provincias a los gritos, alertando a familiares de los importantes descuentos y rebajas en artículos de primera calidad. De hecho en ese mismo lugar venden ya valijas y carry on, para portar las compras impulsivas, que en comparación a lo carísimo de la vestimenta en el país, sin dudas es una gran diferencia para aprovechar.

¿Y cómo se las arreglan con la comida? Un supermercado o Seven Eleven, te puede permitir una cena por 8 o 10 dólares, con una pizza congeladas o sandwich, con alguna gaseosa espirituosa. Sentarse a comer no baja de los 35 o 40 dólares (más taxes o fees, los impuestos). Por eso los mozos argentinos detestan atender a sus compatriotas: todos te piden si hay algo para compartir, si va a alcanzar para uno y tardan más de 10 minutos en ordenar la comida. Es que el “yankee” tradicional ni mira el menú, encarga, consume, rara vez revisa la cuenta (muchas veces se carga un 20 por ciento de servicio de atención de mesa) y deja no menos de 15 o 20 dólares de tips. Un amor.

Argentina hoy será mayoría en las tribunas en el Hard Rock Stadium, con más de 60 mil espectadores, en el mismo recinto donde levantó la Copa América en 2024 ante Colombia, en aquella accidentada final con demoras del inicio por la invasión de colombianos sin entradas al estadio. Los banderazos ayer dieron muestra de que la Selección no solo colonizó el mundial sino también Miami, que se rindió a sus pies y que disfrutó la locura de su espontánea hinchada. El sueño ante Cabo Verde es clasificar y a pesar de las diferencias deportivas, Senegal, Marruecos, Paraguay y Congo dejan en claro que la prudencia debe predominar junto a la humildad porque ningún rival es accesible del todo cuando la pelota empieza a rodar. Pero allí Messi y Scaloni serán jueces, con toda la ilusión de un pueblo que a pesar de las penurias económicas, lo mismo hipoteca su bienestar con tal de acompañar a la Selección en su desafío mundialista.

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