
Antiargentinidad al palo
Javier Boher
Estos pensamientos desordenados son los que me fueron surgiendo en medio de las repercusiones por la derrota argentina en el mundial y los festejos de millones de personas en todo el globo. No tienen un hilo, pero están conectados por ese repentino odio hacia nuestro país (que a pesar de todo es el mejor del mundo, por supuesto).
Ciudadanía
Dos semanas antes de la final del mundial me llegó un mail del consulado español en Córdoba confirmando que me habían otorgado la ciudadanía, así que legalmente puedo decir que soy español (aunque el sentimiento marque otra cosa).
Cuando estaba haciendo los papeles usé de guía los de alguien de mi familia. Como los datos se remontan hasta los abuelos con los apellidos de todos los bisabuelos (los españoles usan doble apellido), me encontré con un reflejo de lo que es este país, con italianos, españoles, franceses, árabes o criollos dando vueltas. Se ve que generación tras generación a nadie pareció importarle el origen a la hora de formar familia, como sigue siendo: la pareja de ese pariente me dijo que su abuelo era zambo, una clasificación que había quedado olvidada allá en los años de primaria.
Ninguno duda de que su nacionalidad es argentina.
Progresismo
La campaña en contra de nuestro país tiene por origen a algunos de los máximos referentes del progresismo local, que de golpe se dio con que esos mismos que hablan el lenguaje político que les gusta salieron a tratarlos de racistas.
Es increíble que ni siquiera así sean capaces de despegarse de esa agenda, como si sintieran la necesidad de pedir disculpas a los señores del primer mundo porque una parte de la sociedad argentina opina distinto al bienpensar de esa izquierda woke.
Quizás lo que más molestó a todos esos personajes sea la cercanía del presidente Milei al presidente Trump, una simpatía que puede caer mal, pero que no puede ser radicalmente diferente a la que vimos antes en el país y la región, como si juntarse con dictadores como Castro, Chávez, Maduro, Putin o tantos otros fuese menos grave que hacerlo con un presidente democráticamente elegido.
Por las dudas lo voy a aclarar de nuevo: no me gustan Trump ni sus políticas, pero menos me gustan los demócratas que dicen que este es un país más racista que uno que tuvo leyes segregacionistas hasta hace 60 años. Acá se casaba cualquiera con cualquiera y allá los matrimonios mixtos estaban prohibidos. Es absurdo.
Por supuesto que no todo es Estados Unidos y Trump. También está lleno de gente que criticó al país por el posicionamiento de Milei respecto a Israel, lo que por propiedad transitiva significó que nos ataquen los defensores de Hamas, Hezbollah y Palestina. Lo más triste es que muchos de acá se pusieron sus camisas pardas para decir que el país no es sionista como el gobierno, lo mismo que habrá pensado Telleldín cuando le facilitó la traffic a los que pusieron la bomba en la AMIA.
Autolesiones
Una de las características del progresismo es que combina una superioridad moral para decidir lo que está bien con un dejo de culpa por lo que interpreta que antes se hizo mal.
De ese modo, los años que nuestros intelectuales se pasaron hablando de la invisibilización de los afroargentinos, la concentración de riqueza de la oligarquía o el genocidio aborigen que hizo Roca en la Campaña al Desierto se fueron sumando a una construcción negativa de la argentinidad.
Todavía tengo alumnos que insisten con estas cosas, las que trato de matizar o desmontar pacientemente (aunque me gustaría darles una cachetada ruidosa cada vez que hablan mal del padre del Estado argentino). Tanto se insistió con esa agenda que se habilitó a estos sátrapas de afuera a que digan cualquier cosa sobre nosotros.
Ignorancia
Hay una frase que le atribuyen a Sarmiento en la que dice que argentino e ignorante se escriben con las mismas letras, algo que aprendí en alguna revista en la que trataban de confirmar que acá somos medio brutos. Quizás haya algunos nos guste tratar a los que piensan diferente como si fuesen poco inteligentes, pero no se puede decir de este pueblo que sea realmente más ignorante que otros.
Una de las cosas más extremas que me crucé en redes fue de alguien que se tomaba de la bandera que mostraron los jugadores después del partido contra Inglaterra para decir que lo nuestro era un impulso colonialista, el reflejo de un país imperialista. Nosotros, que fuimos colonia y jugamos la final del mundial contra una monarquía que sigue teniendo enclaves coloniales, al igual que los otros dos semifinalistas de la copa.
Es increíble que haya gente tan bruta dando vueltas y levantando el dedo para atacarnos.
Inmigración
Este es un país de inmigrantes, que llegaron de distintos lugares y en distintos momentos, pero con el objetivo de rehacer su vida en un país pacifico e igualitario.
Lamentablemente desde hace años se fue llenando de gente que viene a usufructuar los beneficios de nuestras instituciones. Gente de todos lados que viene a curarse o a educarse gratis al país, redes de vivos que se aprovechan de nuestra generosidad.
El progresismo bienpensante va a decir que hacemos un bien al mundo, lo que puede ser cierto y podría llegar a tolerar. Lo que no se puede permitir es que los mismos brasileños que metieron presa a la abogada santiagueña por hacer gestos de mono festejen la derrota y pisoteen la camiseta del país en el que viven y que los está formando.
A todos esos, un beso en la frente y una patada en el culo (con perdón de la palabra).
Somos el mejor país del mundo y lo tenemos que gritar bien fuerte, especialmente si les molesta. Ahora más que nunca.






Ley Sturzenegger: pese al acercamiento, Vigo no dio quórum

El “castigo” a Abrile, ¿queda fuera de las negociaciones partidarias?

Enroque corto | Sube la presión en el PRO: Frizza, asunciones y respuesta a Juez

Manuel Calvo: “Con la llegada de Santilli se abrió una nueva etapa de diálogo con Nación”

Primavera radical: la interna pasó al 20 de septiembre




