Tareas de la UCR (en JpC) para no repetir errores

El radicalismo cierra el año otra vez derrotado, pero con altas expectativas para el futuro

Provincial 26 de diciembre de 2023 Alejandro Moreno Alejandro Moreno
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Por Alejandro Moreno 

Habría sido sencillo adivinar dos de los tres deseos de fin de año de los radicales cordobeses, el 31 de diciembre de 2022: ganar la Provincia y la Municipalidad de la Capital. El tercero, quizás, pudo ser colarse en algunas de las listas de candidatos. Errores propios, y aciertos y travesuras (digámoslo así por el espíritu de concordia al que animan estas fiestas) de los rivales, frustraron aquellas felices ilusiones nacidas entre campanadas y burbujas. 

Un año después, el incómodo socio Luis Juez no es el gobernador, ni Rodrigo de Loredo el intendente de la ciudad de Córdoba. El PJ consiguió que la generación encabezada por Martín Llaryora reemplazara en la Provincia a la vieja guardia, malogrado ya José Manuel de la Sota y habiendo concluido su juego provincial Juan Schiaretti, los dos gobernadores que por tres períodos cada uno sostuvieron el poder desde 1999 para el peronismo camuflado en los sellos Unión por Córdoba y Hacemos Unidos por Córdoba, sucesivamente. Y en la principal ciudad de Córdoba, Daniel Passerini acabó por dar la sorpresa con un sprint final inesperado hasta para los suyos, y ascendió de viceintendente a intendente en el Palacio 6 de Julio. 

Las derrotas, sin embargo, no son tan dolorosas como las del 2019, cuando el radicalismo estalló por la doble candidatura a gobernador (Ramón Mestre y Mario Negri). 

Esta vez, la alianza Juntos por el Cambio, donde el radicalismo ocupa un espacio central, tiene un juego provincial del que careció en otras ocasiones. Treinta y dos legisladores han logrado hacerse fuertes en la Cámara, y en la asunción de Llaryora y en las dos sesiones ordinarias que se han realizado demostraron al peronismo que ya no está solo allí. La exposición de carteles acusando en vivo y en directo a Llaryora de no dejarse controlar (por la modificación de las atribuciones del Tribunal de Cuentas, justo cuando Juntos por el Cambio accede a la mayoría) todavía causa acidez al gobernador y a sus legisladores. Luego, la sesión en la que el peronismo rechazó revertir esa ley mostró hasta dónde puede amalgamarse la oposición. Y, lo más importante, el miércoles pasado el oficialismo falló en su intento de atropellar con el tratamiento sobre tablas de un proyecto de ley, en este caso un ajuste a los empleados y jubilados provinciales; esa costumbre venía siendo arrastrada de épocas con mayor holgura en la Cámara. 

El interbloque aliancista sufrió la fuga de una sola legisladora, Karina Bruno, de los elegidos el 25 de junio. Pudo ser peor, por lo que la pérdida es considerada un pasivo soportable. Es triste, pero los pases de legisladores de la oposición al oficialismo blue ya no llaman la atención ni indignan, como sí pasaba en otras épocas. Puede recordarse que el frepasista Jorge Bodega, senador provincial en 2000, tuvo que desaparecer de la escena pública por desarrollar ese arte de magia en el recinto. 

Una trinchera resistente en la Legislatura, un Tribunal de Cuentas que más temprano que tarde morderá los gastos del oficialismo (aunque post mortem, pero con efecto mediático, que en política importa mucho) e incluso un bloque en el Concejo Deliberante capitalino que ya exhibió sus dientes, otorgan a la oposición un carácter más resistente. La Unión Cívica Radical, por su parte, puede lucir un crecimiento del número de intendentes y jefes comunales, y ya se verá qué perfil tiene el Ente, que muchas veces debe moderarse frente al gobierno por la necesidad de administración de los municipios y comunas. 

Pero lo más valioso (y peligroso) en relación al 2019 es que Juntos por el Cambio cuenta con dos dirigentes que pueden alcanzar la candidatura a gobernador dentro de cuatro años: el jefe del Frente Cívico, Luis Juez, y el radical Rodrigo de Loredo, los mismos protagonistas de la novela 2023. 

Juez había dicho en su campaña que intentaría por última vez ganar la Gobernación, pero después de la derrota y el pase al circunstancial peludismo de De Loredo (que se encerró en una cueva a maldecir y poner en duda su futuro durante algunos meses), el senador nacional comenzó a manifestar que podía darse una nueva oportunidad. Luego, De Loredo recobró el protagonismo con las maniobras que le han ido dando dominio sobre los bloques legislativos y el Ente de Intendentes, y que le permiten aspirar a conducir con un hombre propio el Comité Central, el año que viene. Además, anotó para sí mismo un gran triunfo al obtener la presidencia del bloque unificado de diputados nacionales de la UCR, lo cual lo consolida en su crecimiento político en la primera división. Córdoba será una isla, pero actuar en los debates nacionales y salir en los medios porteños es imprescindible. 

Juez también engordó. Es el presidente del bloque de senadores nacionales del PRO, consiguió el bendito decreto de la vicepresidente Victoria Villarruel para integrar el Consejo de la Magistratura, y podría sentarse en una de las sillas de la ahora clave Comisión Bicameral de los DNU (decretos de necesidad y urgencia). 

Mientras compiten por las luces porteñas, en Córdoba están muy activos en los reproches a Llaryora. Juntos por el Cambio no puede dormir como en los primeros años del período 2019-2023, y necesita ejercer una oposición activa, aunque no previsible, con mayor anticipación al año electoral. 

Ambos, además, registraron el enorme apoyo de los cordobeses a Javier Milei (tres de cada cuatro votantes eligieron al actual presidente en noviembre) y ya no lo acusa de chanta el radical, y apenas lo dibuja como el Pájaro Loco, risueñamente, el del Frente Cívico. De Loredo y Juez parecen garantizar el apoyo al paquetazo DNU y, posiblemente, al legislativo elaborado en la Casa Rosada; el diputado, incluso, contradiciendo a Martín Lousteau, su sponsor político desde 2021 y flamante presidente del Comité Nacional de la UCR, que había exigido una resistencia mayor reclamando una pureza republicana que no anhelaba cuando fue funcionario del kirchnerismo. 

El panorama, igual, puede complicarse. Juntos por el Cambio en Córdoba resistió las fuerzas centrípetas que a nivel nacional colocaron a la alianza al borde de la extinción. Pero nada es definitivo. 

¿Quién será el candidato a gobernador? ¿Quién será el jefe? ¿Juez o De Loredo? 

Este año los aliancistas no pudieron resolverlo bien. Con encuestas no decisivas para ninguno de los dos, De Loredo sacaba pecho por radical y Juez amenazaba con la ruptura y le exigía a su socio que lo acompañara en la vice. Fue más que nada un duelo de compadritos. No hubo reglas de juego. 

El establecimiento de un manual de instrucciones en Juntos por el Cambio para elegir a los próximos candidatos es un gran desafío que tendrán por delante los radicales, tan importante como mantener la unidad de la alianza; ambas tareas, en verdad, tienen vasos comunicantes. De otro modo, las principales candidaturas podrían resolverse de nuevo en los callejones de la política. 

Para el diseño de una estrategia inteligente hacia el 2027 el primer paso del radicalismo será la elección de las nuevas autoridades partidarias. En el primer semestre del año que viene los afiliados a la UCR serán convocados a votar. Habrá que sentarse en la platea para ver quién toma el comando. Podría ser la hora del deloredismo e incluso de los intendentes, con un mixto que satisfaga a ambos. Surgirá de un acuerdo o de internas, pero el plan opositor y la definición de las célebres reglas de juego con los socios deberían estar en los primeros renglones de la agenda del nuevo presidente del Comité Central. 

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