Nuevos recortes de los días de papel Córdoba, 1880-1884

Los cuadros urbanos que brindan los periódicos en la década del ochenta son pródigos en diversidad temática y también en sabor narrativo, al escoger los hechos que iban a parar a sus columnas.

Cultura 30 de junio de 2023 Víctor Ramés Víctor Ramés
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El periódico La Carcajada nos sirve en bandeja algunos cuadros el año inicial de la década del ochenta. El tono en que estaba redactada la publicación de don Armengol Tecera daba una versión leve de la vida cotidiana, aun cuando muchas veces la temática no lo aconsejase. Se lee en noviembre de 1880:
Una gran bandada
No podemos clasificar de otro modo la gran cantidad de gente desocupada que se ve transitar por nuestras calles. Los unos pidiendo un cigarro, los otros hablando de potajes por ver si los convidan a comer, éstos espiando que alguno llegue a una confitería y los convide con la copa, y aquellos hablando de sus aptitudes para toda clase de trabajo, aunque sea para traducir el griego.”
En uno de sus comentarios en forma de diálogos que acostumbraba introducir La Carcajada surgía el mismo asunto:
“-Ha visto como la pobreza anda por todas partes?
-Es cierto, pero menos en los bolsillos de los curas y boticarios, que están asegurados contra miseria.”

El siguiente apunte del mismo mes se refiere a la “vida licenciosa”, bajo un título que desplaza la mención hacia un lenguaje irónico:
“Bailes de máscara
He aquí lo que este año se ha desarrollado con más furor en todos los peringudines del barrio de San Roque.
Desde que se pasa la calle Chacabuco y Maipú hasta dar con la estación, de noche no se oye sino el repiqueteo de las castañetas o la música del cancán.
No sin razón se han aglomerado por esos barrios la mayor parte de las colegialas del hotel de la gallina.
Algunas familias es muy posible que se quejen a la autoridad, pues no solo se ven privadas de salir a la puerta de calle por las escenas escandalosas que se repiten a cada momento, sino también porque de noche les es imposible dormir, tal es la algazara que se hace en aquellas casas.
No comprendemos por qué la Municipalidad o la Policía no toman algunas medidas al respecto para evitar este mal que va tomando proporciones colosales.
Debido a esto el servicio está tan malo y muchas familias tienen que servirse personalmente antes que permitir que la corrupción penetre en sus casas.
Llamamos, pues, la atención de quien corresponda sobre lo que dejamos denunciado.
Los tales bailes de máscara son una orjía donde la juventud no solo malgasta lo que tiene, sino que se daña y se corrompe.
Hemos de volver sobre este punto.”
El “hotel de la gallina” aludía a la cárcel correccional de mujeres, debido a que a la cárcel pública masculina se la denominaba “el hotel del gallo” por el escudo del cuerpo de Guardiacárcel, que ostentaba la imagen de ese animal. La Carcajada volvía, unos días más tarde, a mencionar ese movimiento en la zona próxima al río:

“Se duplican – Las casas de prostitución o sea de estirar las venas como dice cierto autor, se aumentan que es un gusto.
Hay cuadras enteritas que están invadidas por esa plaga que viene destruyendo por completo no solo la moral, sino también la salud, las buenas costumbres y el bolsillo.
Qué hace la autoridad que no dirige una mirada aunque sea retrospectiva hacia esos lupanares?
¿Por qué, si o es posible evitarlos no se les reglamenta y se les señala un local como se hace en otras partes?”

 
En el mismo mes, aunque del año 1882, La Carcajada daba noticia de una novedad en la estación de trenes, que seguramente no solo interesaba a los viajeros, sino también a los habitantes locales que pudiesen allegarse a aquella zona.
“Notable restaurant – En breves días debe inaugurarse el lujoso y confortable restaurant de la estación, cuyo propietario es el Sr. D. Ángel Rivas, dueño del Hotel Central.
Hemos visto el menaje de la nueva casa y bien merece clasificarse de primo cartelo. Aquello es un lujo.
Los pasajeros que viajan en los trenes de combinación cuentan con esta comodidad que les proporciona la oportunidad de satisfacer las necesidades estomacales antes de partir.
Recomendamos pues el nuevo restaurant a todos los gastrónomos.

Aparte de ese tipo de establecimientos para clases pudientes, existía por contraste social otros sitios que -hay que deducir- se hallaban en la mira de la municipalidad, a juzgar por lo que expresaba La Carcajada también en noviembre de 1882:
“Adiós bolichones! – Ya no podréis ostentaros en las principales cuadras de la ciudad y tendréis que ir a ostentar en los mercados vuestras tortas, vuestros porotos, vuestras naranjas, vuestras papas y por fin todo aquello que constituye el sentido de un boliche.
Adiós, pues, queridos y confortables boliches y que la bendición de Angulo os alcance en la hora de la muerte.”

Yendo a otra publicación, y al año 1884, también hay una mirada risueña en las páginas de El Progreso en marzo de ese año, referida a los billetes que circulaban entonces en la ciudad, y a los próceres retratados en ellos, según sus respectivos valores, en boca de un conductor de tranvías a caballo:
“Contabilidad de un mayoral
Los de los tramways tienen ocurrencias oportunas.
Con motivo de los nuevos billetes de cambio menor, al dar un vuelto hacía un mayoral la siguiente cuenta:
Dos Avellanedas forman un Sarmiento, y un Sarmiento y dos Avellanedas son un Mitre. O, en otros términos, agregaba: cuatro Avellanedas son un Mitre.
Un pasajero observó un billete de cincuenta centavos con el retrato de Urquiza, y dedujo, según la tabla de contabilidad del mayoral, por esa graduación de retratos se vienen a exigir dos Avellanedas, un Sarmiento y un Mitre para cambiar un Urquiza.”

Y, por último, condenaba El Progreso, a mediados de marzo de 1884, las reuniones de los cocheros de plaza, su habla y sus ofensas a las damas que acertaban a pasar por la proximidad:
“Cocheros
Llamamos la atención de la Policía sobre los escándalos que continuamente cometen los cocheros en la plaza principal.
Además de las palabrotas que profieren, las que hacen imposible que las señoras transiten por las calles en que ellos se encuentran reunidos, cometen otra infinida de abusos que no se pueden mencionar.
Varias personas nos han pedido hagamos notar a quien corresponda, esos actos bochornosos”.

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