La historia económica argentina pasa de un 'waiver' a otro

Con el pago FMI US$2.700 millones entre DEGs y yuanes, el país queda más dependiente de un waiver (perdón) del organismo internacional y de su desembolso.

Nacional 04 de julio de 2023 Gabriela Origlia Gabriela Origlia
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Ya la campaña para las PASO toma calor. El ministro de Economía, Sergio Massa, ya dijo que su campaña como candidato oficialista será “la gestión”. La primera semana empezó pagándole al FMI US$2.700 millones entre DEGs y yuanes, con lo que el país queda más dependiente de un waiver (perdón) del organismo internacional y de su desembolso.

Este lunes reunió en su casa al equipo económico antes de viajar a Iguazú para participar de la cumbre de ministros del Mercosur. Por su lado, varios de sus funcionarios encabezados por Gabriel Rubinstein se van a Washington para la negociación con el Fondo.

Frente a este panorama el economista Jorge Vasconcelos admite que será “difícil” darle el beneficio de la duda a quienes insistan con objetivos y herramientas agotados: “A diferencia de las últimas campañas, la crisis es una evidencia, no una amenaza ni tampoco una enfermedad ‘asintomática’. En el horizonte, la salida de la estanflación es algo factible, pero se habrá de necesitar un plan con la secuencia adecuada de metas, instrumentos y reformas. También criterios consistentes a la hora de enfrentar dilemas por medidas con efectos contrapuestos”.

Un trabajo del economista señala que, en la última década se han implementado dos versiones bastante parecidas de “cepos” al cambio y al comercio exterior, siendo la primera la de 2012 a 2015. Y la segunda versión, que arrancó en 2019, enfrenta muchas más dificultades para controlar las variables que la primera. Por caso, ahora las reservas externas del Banco Central se han agotado varios meses antes de las elecciones, cuando a junio de 2015 todavía se contabilizaban 13 mil millones de dólares.

El déficit fiscal y el grado de distorsión de los precios relativos son comparables entre la primera y la segunda versión, pero ahora la brecha cambiaria duplica los guarismos de 2012/15, y la inflación los cuadruplica.

Ahora, el salto en las expectativas de inflación refleja un mayor endeudamiento de corto plazo del estado (títulos en pesos) y del Banco Central, pero la principal diferencia entre el actual cepo y el anterior es el agotamiento de las fuentes genuinas de financiamiento del Tesoro y la brutal merma de la demanda de dinero (huída del peso).

Las compras de bonos del Tesoro en el mercado secundario por parte del Banco Central han pasado a significar 24 pesos de cada 100 de emisión bruta en los últimos doce meses (los intereses de los Pasivos Remunerados explican 64 pesos de cada 100). Y, por otro lado, la caída tendencial de la demanda de dinero, con el circulante en poder del público cayendo de 6,5 % del PIB en 2015 a 3 % en el presente. Se achicó la base imponible del tributo inflacionario por lo que, ahora, igual masa de emisión de pesos produce efectos inflacionarios mucho más acentuados.

Lo que está ocurriendo en esta segunda versión del cepo -dice Vasconcelos- puede ser explicado por los aportes del recientemente fallecido Robert Lucas, Nobel de Economía de 1995, quien advirtió que el impacto de las políticas económicas debía analizarse teniendo en cuenta las medidas junto con las respuestas de empresas y familias; que a su vez van cambiando en función de las expectativas que se forman ante cada anuncio.

Es imposible predecir la dinámica sin contemplar los movimientos de las “piezas negras” del ajedrez -la reacción de los agentes económicos- que indefectiblemente siguen al movimiento de las “piezas blancas” -la política económica-. El diagnóstico oficial, que tiende a depositar toda la responsabilidad de la crisis en la pandemia, la Guerra de Ucrania y la sequía, no sólo es equivocado, sino preocupante.

“Al ignorar los aportes de Robert Lucas, aleja la posibilidad de salir de la estanflación. Todos los países de la región sufrieron las consecuencias de la pandemia, la guerra, y algunos de ellos (Uruguay), también de la sequía. Sin embargo, si se toma como base 2017, el PIB estimado para la Argentina estará para 2024 casi 5 puntos porcentuales por debajo, mientras que Brasil y Chile estarán entre 11% y 15 % por encima de aquella referencia. En un contrafáctico ‘sin sequía’, seguiríamos en terreno negativo comparado con 2017”, reflexiona el economista.

Tampoco la aceleración de la inflación de la Argentina puede explicarse por factores exógenos. La variación del IPC a diciembre de 2022 (antes de la sequía) había cerrado en 94,8 % interanual, viniendo de 50,9 % en 2021. En 2009 hubo sequía, pero ese año la inflación anual bajó a 14,8 %, viniendo de 22,2 % en 2008, bajo un gobierno de igual perfil que el actual, pero todavía sin cepos estrictos.

Algo parecido ocurre con el tema de las reservas externas del BCRA. Con los mejores precios internacionales de granos de la historia reciente y cosecha récord por clima favorable, en 2022 las reservas subieron sólo 6,9 mil millones de dólares. Y esto ocurrió porque arrancaba el acuerdo con el FMI y hubo desembolsos netos hacia la Argentina por 8 mil millones desde los multilaterales”.

Para Vasconcelos lo que falta en el diagnóstico oficial es que, por definición, las restricciones que operan sobre el mercado de cambios generan exceso de pesos. En 2012, cuando se introdujo la primera versión del cepo, la reacción de familias y empresas fue inercial. Pero, después de varios años de experiencia, es claro que “las negras” de este ajedrez han ajustado sus expectativas a la realidad. “La huída del peso es mucho más intensa en el segundo cepo, al igual que el agotamiento de las fuentes genuinas de financiamiento, derivando en la escalada inflacionaria. El elevado tipo de cambio libre no es causante de inflación, es el ‘canario de la mina’ que asoma de las inconsistencias macro y su posible desenlace”, grafica.

Insiste en que el Gobierni administración que asuma el 10 de diciembre tendrá que ser “muy cuidadosa” en la secuencia de políticas que permitan desembocar en la recomendable unificación cambiaria.  “Primero debería resolverse el exceso de pesos por mecanismos de mercado (para que la demanda de dinero se recupere) y lograr consistencia entre política fiscal y monetaria, al tiempo que se desarman todas las trabas al comercio exterior y se desregula la economía. Con esas prioridades, quizá la (imprescindible) acumulación de reservas ocurra a un ritmo más pausado, comparado con otras opciones de política, pero el edificio tendrá cimientos mucho más firmes”, sintetiza.

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