Nuevos recortes de los días de papel Córdoba, 1888-1889

Esparcimientos y problemas de servicios urbanos se alternaban en las páginas de publicaciones locales, cuando finalizaban los años ochenta del siglo XIX.

Cultura 12 de julio de 2023 Víctor Ramés Víctor Ramés
Carrito-o-zorra-de-tren
"Zorra" o carrito de transporte sobre rieles de ferrocarril.

Por Víctor Ramés
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La expectativa que producían ocasiones sociales como los bailes no siempre se cumplía, ni aun asistiendo a la cita. Pero era tal vez peor la suspensión de un evento de este tipo, si se le habían puesto fichas a la imaginación sobre lo que podía acontecer entre las paredes del salón de fiesta. En 1888, la revista El Destello trataba de reflejar la decepción de buenos muchachos que veían frustrados sus planes, en una sociedad con escasas opciones de diversión para la juventud.
Paciencia! - Sabemos que varios jóvenes que se preparaban para el baile del Panal, llenos de ilusiones y de esperanzas, han pasado un mal rato con la noticia de la postergación de aquél para el 12 de Octubre.
Y ya que el Club tampoco quiere ser menos en aquello de no dar, nosotros no podemos menos que aconsejar a los amateurs de la danza y de los coloquios amorosos, que tengan paciencia… y mucha paciencia.”
Pero proseguía el curso de las semanas y la ansiedad podía verse siempre renovada, según lo señala otro número de la publicación, esta vez referido al entusiasmo femenino por un encuentro danzante en el mismo club, edificio donde hoy funciona el Museo de las Mujeres, en la calle Rivera Indarte. La centralidad porteña aparece dos veces demostrada en la breve nota.
El baile de El Panal – Promete estar espléndido el baile que la sociedad «El Panal» ofrecerá a sus numerosos amigos el próximo 9 de Julio, festejando el 72 aniversario de la jura de nuestra independencia.
La mayor parte de las Señoritas de nuestra sociedad se preocupan ya de la confección de los trajes, habiendo algunas que los han encargado a Buenos Aires.
Se bailará en los tres salones de la derecha, cuyo adorno está ya por concluirse, siendo traída la orquesta desde Buenos Aires.
El presupuesto que se ha formado hasta hoy, del costo del baile es de veinte mil pesos, prometiendo hacer época entre nosotros durante mucho tiempo.” 

También corresponde al año 1888 un comentario del diario El Porvenir, despotricando contra la oscuridad que reinaba en las calles debido a las deficiencias del alumbrado a gas. Como en el Senatus romano, se apuntaba el dedo contra un funcionario y culminaba la nota con un latino “¿hasta cuándo?”.
Nuestro alumbrado
Malo, malísimo, pésimo está el alumbrado público. Aquellos a quienes alguna necesidad obliga a salir de noche, recuerdan con alegría los tiempos del kerosene y la vela de sebo.
Y no es para menos. Entonces siquiera se veían las manos; ahora no se ven ni los pies ni las manos, ni el individuo que pasa al lado. Se anda en tinieblas, con gran riesgo de perder la nariz, romperse la cabeza, o ser liquidado por la mano de algún ratero hábil.
Esto ya va siendo insufrible, y sin embargo Monsieur Boron permanece incólume, inalterable, resistiendo, como las rocas al mar furioso, tempestades políticas que han tumbado hasta gobernadores. El público se queja, los periódicos, aun los oficiales, reclaman; se le acusa de manejos… oscuros como nuestras calles, y él, nada, impasible; como si fuera el Dios de las tinieblas, aprieta obstinadamente la llave que debiera dar salida al gas que nos alumbrase. El gobierno no toma medida alguna, no hace más que dar plata para comprar útiles para la Usina, dinero que tal vez va a parar a… las tinieblas.
¿Quosque tándem?”.

En marzo del año siguiente el mismo periódico volvía a la carga, y esta vez también señalaba como pésimo complemento el estado de las veredas:
Sin luz y sin veredas
Nuestro alumbrado a gas es sumamente deficiente. Hay ciertas calles que casi siempre están a oscuras ya porque no se encienden los faroles, ya porque estos están en malas condiciones o bien por la razón general de que el gas es de muy mala calidad.
Los que se atreven a transitar por esos sitios tenebrosos lo hacen con el riesgo inminente de sufrir un buen porrazo, pues además de andar a tientas caminan por veredas de ladrillos admirables por lo antiguas y desiguales.
Y no se crea que esto sucede solo en los alrededores de la ciudad, en los suburbios.
Hay parajes centralísimos y muy transitados que se encuentran en tales condiciones.
Para no citar más que un ejemplo indicaremos la penúltima cuadra de la calle San Gerónimo.
Además, hay gran número de calles en estado algo mejor, pero cuyas veredas reclaman compostura o refacción.” 

Una noticia más distendida de 1889, y también curiosa, refería por parte del mismo matutino la inauguración en pueblo San Vicente de una diversión local. Se anunciaba como una “montaña rusa”, se puede imaginar un tendido de rieles con desniveles, por donde corrían carritos pequeños, es decir las llamadas “zorras” ferroviarias, vehículos ligeros de transporte de operarios y materiales donde se trepaban temerarios pasajeros que recorrían los tramos armados a tal fin. 
Inauguración de la Montaña Rusa
A pesar del mal tiempo que reinó el domingo, una numerosa concurrencia acudió a San Vicente, atraída por la fiesta de la inauguración de la Montaña Rusa, diversión nueva entre nosotros, y por los atractivos que ordinariamente ofrece el pintoresco pueblito.
Desde las 2 de la tarde hasta ya entrada la noche las zorras, repletas de pasajeros, no dejaron un momento de recorrer la vía.
No estimamos en menos de mil el número de personas que el domingo han disfrutado las agradables emociones que proporciona la Montaña Rusa.
Ha sido de notar la ausencia de señoras, producida, sin duda, por un infundado temor que pronto desaparecerá.
También el elevado precio de la entrada, veinte centavos, impide concurrir a la mayor parte de la gente del pueblo. “
Una semana más tarde, refería El Porvenir que el negocio cambiaba de manos. Su dueño original, Emilio Labarta, ofreció en venta la diversión sanvicentina, la que fue prontamente adquirida por un nuevo empresario del entretenimiento:
Venta de la Montaña Rusa
El señor Emilio Labarta ha transferido la propiedad de la Montaña Rusa a Don Higinio Gil mediante la suma de 10.000 pesos nacionales.
El señor Labarta ha hecho un buen negocio.”



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