
Una apuesta al futurismo nostálgico
J.C. Maraddón
J.C. Maraddón
A 46 años del estreno de la primera película de la saga de “Alien” y luego de que seis filmes posteriores retomaran el relato de la historia original, corresponde cotejar cómo se veía el futuro en ese largometraje ambientado en 2122, que fue dirigido por Ridley Scott y que intentó seguir la estela del éxito logrado poco antes por “Star Wars”. En este caso, al atractivo de la ciencia ficción se le agregó el del cine de terror, con lo que se conformó un cóctel que no podía sino atrapar a los fanáticos de ambos géneros en todo el mundo.
Pero ha transcurrido demasiado tiempo desde aquella irrupción y es obvio que imaginar el mañana desde nuestra perspectiva actual, no se parece en nada a lo que era aplicarse a la misma tarea en 1979. Ni siquiera hablemos de internet o la inteligencia artificial: apenas si se estaban dando entonces los pasos iniciales en la informática y las computadoras disponibles en esa época carecían de las prestaciones que son de uso común hoy. Esas naves espaciales que surcan la galaxia no resisten la comparación en cuanto a diseño y rendimiento, con las que por estos días suponemos que podrían existir dentro de un siglo.
Y es que por mucho que se esforzaran los guionistas y los directores de arte, su capacidad para mirar hacia adelante estaba condicionada por los logros científicos que se habían alcanzado a fines de los setenta. Cualquier episodio de “Black Mirror” hubiese resultado muy poco creíble en aquel momento, en tanto que en la actualidad esos unitarios corren el riesgo de quedar atrás en la evolución tecnológica de la vida real. Cuesta plantearse nuevos desafíos cuando somos testigos de prodigios que no se nos hubieran ocurrido ni en nuestros más febriles sueños (o en nuestras peores pesadillas).
Por eso, cualquier actualización de aquella historia de “Alien: el octavo pasajero” debe caminar sobre la delgada línea que separa el mantenerse fiel a la producción que dio inicio a todo, y ponerse al día con los descubrimientos del presente, que dejan en ridículo a los que se observan en aquella versión. A la vez, no hay que descuidar el trasfondo de thriller que marca el tono de la narración, porque tampoco es lo mismo lo que ahora nos despierta pavor. Un desafío por demás complejo que se ha repetido cada vez que se arrancó con el proyecto de una secuela.
Pues bien, ahora Disney+ ha puesto a disposición de sus usuarios la serie “Alien: Earth”, que se presenta como una precuela de la que se han visto los dos primeros episodios de un total de ocho, que se irán subiendo a la plataforma de a uno por semana. Y por lo observado en esa dupla de capítulos de alrededor de una hora, se ha tomado la decisión de pegar un volantazo y llevar las cosas en otro sentido, más allá de que los monstruos extraterrestres no pierden protagonismo, ya que si así fuera los fans expresarían su queja.
Lo que hace la tira es situar el foco en un procedimiento por el cual se transmigra la mente de niños moribundos en cuerpos indestructibles de adultos, destinados a defender los intereses de la corporación Prodigy, una de las cinco que dominan la tierra. Con citas directas a “Peter Pan” y una crítica explícita al hipercapitalismo, este “Alien” ha encontrado variantes que generan curiosidad, aunque la crítica ha señalado que su desvarío no siempre surte efecto. Lo más arriesgado, sin embargo, es ofrecer una especie de futurismo nostálgico, con pantallas ochentosas que funcionan a la perfección en 2120.







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