
Provincias Unidas necesita convertir a Kicillof en Larreta
Gabriel Silva
Por Gabriel Silva
“Gracias Sergio y gracias Cristina, injustamente condenada que tendría que estar en este escenario”. Esta frase del gobernador Axel Kicillof apenas pasadas las diez de la noche del domingo y en medio de la euforia bonaerense por el triunfo aplastante del peronismo frente a los libertarios dejó un halo de tranquilidad en el esquema de Provincias Unidas.
Sencillamente, porque lo que podría haber sido el principio de emancipación del mandatario bonaerense lo dejó rehén de una relación con aquellos que incluso habían sido muy críticos de la decisión de Kicillof de adelantar las elecciones y despegarlas de la contienda nacional de octubre. Es por ello por lo que ese corset con la expresidenta y el tigrense serán la clave para entender si con el esquema de peronismo duro en su bastión, más el respaldo de algunos gobernadores de más corte PJ como los del norte le alcanza a Kicillof para romper el maleficio de los mandatarios de esa provincia que no pueden saltar al despacho principal de Casa Rosada.
Con lo cual, el interés de Provincias Unidas (PU), sumado a una urgencia como reconoció ayer una fuente del oficialismo cordobés por votar cuanto antes serán los dilemas del armado federal y transversal de los gobernadores. El optimismo moderado y la insistencia dentro del esquema de PU con reconfigurar el tablero nacional para salir de la dicotomía pendular de los últimos años, casi para posicionarse más en un rol de antagonista que en dueño de esa avenida del medio tuvo un síntoma de actualización ayer con los discursos en el Centro Cívico. Donde se volvió a evocar el centro, un concepto que parecía archivado y al que el resultado bonaerense obliga a tener a mano nuevamente.
Concretamente, en PU esperan que Kicillof se convierta en el Horacio Rodríguez Larreta de estos tiempos, con el recuerdo fresco de cómo el exjefe de Gobierno porteño creyó que después de las Legislativas 2021, lo que seguía en el 2023 era un trámite y ocurrió todo lo contrario. Primero creyó que el triunfo de JxC en esas intermedias lo iba a capitalizar él por considerar que Mauricio Macri estaba afuera de la contienda; segundo, confundió amontonamiento de dirigentes con votos, algo en lo que debe evitar caer PU; y tercero, la federalización de su propuesta fue forzada. Poco auténtica.
Es falso creer que todo año legislativo tiene impacto con la elección general siguiente. De lo contrario, Massa hubiera sido presidente en 2015 después de derrotar a Cristina en 2013; Francisco de Narváez lo propio en 2011 después de una campaña tan mediática como corporativa y efectiva en el 2009; y, con un ejemplo más local, Héctor Baldassi hubiese roto la hegemonía cordobesista en 2019 tras el triunfo del 2017. Algo que, por distintos factores, no estuvo ni cerca de suceder.
Por lo tanto, PU tiene el desafío de ampliarse y alambrar; ser transversales, pero plantar al peronismo como columna vertebral del espacio nacional e insistir con un PJ institucional, alejado del kirchnerismo y atento al crecimiento de Kicillof, con quien el gobernador Martín Llaryora, muy a pesar del schiarettismo y la Vieja Guardia cordobesista, tiene contactos.


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