
La madurez de un diario que es referencia permanente de todo el arco político
Gabriel Silva
Por Gabriel Silva
El decimocuarto aniversario de un medio, dentro del torbellino que significaron estas casi A lo largo de casi esta quincena de años vivimos, asistimos a diario, al final preanunciado del periodismo gráfico, el velatorio y la sentencia final de la prensa. Sin embargo, quizá en la provincia más conservadora en lo que a consumo de medios se refiere, Alfil está ahí, logró ocupar un nicho, sostenerse y, a pesar de muchos, goza de buena salud.
En base a responsabilidad, criterio periodístico, análisis con un léxico amplio y riguroso, pero sobre todo con buena información, creatividad que se refleja en sus portadas y la necesaria vuelta de rosca dentro de un ámbito en el que lo efímero se puso de moda. Somos parte de una sociedad que vive en formato reel, por eso renegamos y luchamos contra la veracidad del Tik Tok, y frente a los que pretenden la lectura corta, fugaz, la del título y bajada dominada por las reglas de la Inteligencia Artificial o por lo que a partir de ese momento se le ocurra marcar al algoritmo de alguna red social.
Sin embargo, ese resquemor no significa que nos hayamos quedado en el tiempo. Por el contrario, en los últimos años entendimos que con la misma pasión, responsabilidad y objetividad podían convivir las nuevas plataformas con el rigor del análisis y como así lo comprendimos fuimos el primer periódico de la provincia en tener su streaming hace casi dos años. Para luego adosar cápsulas que se viralizaron en redes con el claro objetivo de alcanzar nuevas audiencias, sin descuidar las que nos acompañaron en estos años y, fundamentalmente, generando el mismo espacio para todas las fuerzas políticas como hacemos con el diario.
Pido disculpas por pecar de autorreferencial, aunque debo decir que en estos casi tres años al frente de la dirección periodística del diario no hubo silencios infligidos, ni dirigentes, sin importar el calibre o la fuerza que representara, que no se haya visto reflejado en alguna de las plataformas de Alfil. Algo que en lo personal me da satisfacción, pero que en lo colectivo me llena aún más de orgullo.
No fueron tiempos fáciles. Ni para aquellos que se lanzaron hace 14 años a la aventura de hacer un diario de política en medio de una charla de café en la esquina de la siempre simbólica Plaza Colón, como así tampoco para este grupo periodístico que representa la vigencia de un medio respetado y valorado por toda la opinión pública de Córdoba.
Esta provincia de la reforma universitaria de principios del siglo pasado, el Cordobazo de fines de los ’60 y mucho más acá en el tiempo la isla del radicalismo o el cordobesismo peronista, aceptó una nueva forma de comunicar. Distinta, ni mejor, ni peor, responsable y autocrítica, con un periodismo que en los últimos tiempos fue blanco de la ira de la Argentina pendular y en tiempos donde la tendencia fue gritar, Alfil estuvo ahí para el análisis, la pausa. Siendo también el destinatario de aquellos que, con modas que llegaron desde las luces del puerto, se sumaron a la tendencia del agravio al periodismo; antes y ahora.
A pesar de ello aquí estamos y seguiremos, para seguir haciendo periodismo con la sagacidad que requiere cada movimiento en diagonal del alfil, en un tablero… muchas veces alterado.


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