
Caras y caretas cordobesas
Víctor Ramés
Por Víctor Ramés
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Construyendo a Leopoldo Lugones (Duodécima parte)
En abril/mayo de 1928 Lugones dio una serie de conferencias en el Teatro de la Ópera. Allí el intelectual cordobés abordaba su visión política del futuro argentino. Caras y Caretas publicaba la foto de una de esas conferencias, la segunda de la serie, titulada “Cómo ve la Argentina actual un hombre del siglo pasado.” Faltaban dos años para el golpe de 1930 encabezado por el general Uriburu. Se anota bajo la foto del tribuno:
“El ilustre hombre de letras iniciando desde el escenario del teatro de la Ópera la serie de sus conferencias, con la que versó acerca del tema ‘De la Soberanía a la Potencia’, ante crecido y selecto auditorio.”
El clima de la prensa no era generalizadamente receptivo hacia el pensamiento de Lugones en esos años. Si su obra poética gozaba de gran consideración, otra cosa ocurría con su ideario político. Aunque sea como botón de muestra, el diario Crítica del lunes 7 de mayo titulaba así el anuncio del inicio de las citadas conferencias: “Otra vez Lugones”.
Publicaba Crítica, entre otras cosas, lo siguiente:
“Don Leopoldo Lugones hablará hoy, desde un escenario de la capital, sobre ‘La soberanía y la potencia’ tema cuya consideración piensa agotar en seis conferencias sucesivas. No es difícil entrever el carácter de la disertación.
(…)
El mismo propósito de violencia, el mismo desenfado, igual tono profético y mesiánico: a la postre, don Leopoldo Lugones no hizo sino cambiar de tribuna y auditorio. En cuanto a sus ideas -si las tiene- cumplen magníficamente el famoso proverbio de que los extremos se tocan. (…)
Naturalmente, nosotros no podemos alarmarnos de que un hombre suba a un escenario y diga desde ahí lo que se le ocurre. Al contrario, nos parece excelente. Queremos sólo significar que don Leopoldo Lugones cuenta para decir sus absurdos con el amparo de la Constitución Nacional, a la que precisamente dirigirá sus ataques; que goza de una especial consideración del Estado democrático, que le permite sus insultos y su embanderamiento político. A pesar de tratarse de un empleado público, que, además, la gente que suele alarmarse del comunismo y del anarquismo -de quienes los protege el Estado- no se alarman sin embargo de las depredaciones verbales de don Leopoldo Lugones.”
Antes de finalizar el año 1928, aparecía en la revista “Caras” del mes de noviembre Leopoldo Lugones fotografiado en un banquete junto a otros autores que acababan de fundar la Sociedad Argentina de Escritores, eligiendo como presidente a quién otro que al bardo y orador cordobés. Aunque la leyenda al pie de la foto agrega poco a lo ya dicho, la transcribimos:
“Núcleo de conocidos hombres de letras reunidos en el banquete que ofrecieron a la junta ejecutiva de la citada exposición bibliográfica; y quienes echaron las bases de la Sociedad Argentina de Escritores cuya fundación se aprobó, designándose presidente, por unanimidad, a don Leopoldo Lugones.”
La recién nacida SADE contó en su primera comisión a figuras como Horacio Quiroga (vicepresidente), Samuel Glusberg (secretario) y Manuel Gálvez (tesorero). Ese rol fundacional asumido por Lugones condujo, con el paso de los años y en particular tras su muerte en 1938, a que su fecha de nacimiento, el 13 de junio, quedara establecida como Día del Escritor.
Ya en 1929, en el mes de febrero, Caras y Caretas publicaba una crítica -que era una bienvenida de brazos abiertos- a los “Poemas Solariegos de Lugones, firmada por Raúl P. Osorio. La evaluación poética del escritor cordobés no sufría el peso de su discurso político, en este caso, y el juicio inscrito en el semanario exhibía un gran contraste con el que le había dirigido el diario Critica el año anterior, en ocasión de sus conferencias. Epítetos y loas sumaban palabras favorables hacia su obra y su persona. Esto se leía el 2 de febrero en “Caras”:
“La poesía y la vida de Lugones son consonantes. No anda este maestro por el mundo como si estuviera en perpetua solemnidad académica. Las razones hondas, las palabras agudas, la observación precisa, los pormenores minuciosos, el ritmo cambiante, la agilidad de la rima, dicen exuberancia. El estiramiento catedrático no es para él. Hasta en la oratoria desconoce el énfasis. Quiere conservarse hijo de la tierra, odia los invernaderos donde crecen orquídeas de poesía. De ese modo tan natural, el canto lugoniano tiene sones del habla y de las costumbres genialísima vernáculas.
Mircio, es el misterioso y claro nombre con que Mistral, "el humilde discípulo del gran Homero", bautizó a su heroína personificación de la Provenza.
¿Espejo, miraje? Así en la nueva obra de Lugones se refleja, con dulce y campechana fidelidad, una tierra argentina: el serreño solar cordobés. Insistimos: en Lugones se amalgaman, igual que en la vida, los metales más preciados y más menospreciados con el mercurio de la inspiración.
Así los verdaderos poetas, los que saben sorprender, los montañosos: caminos y revueltas, riachuelos y cascadas inesperadas. La cadena retórica no los aprisiona, que ellos conocen el arte de forjar sus cadenas poéticas. Las emociones de poesía nos las transmiten matizadas mediante particular invención. Además de las cosas fuertes de la montaña natal, Lugones pinta en estas páginas unas ‘estampas porteñas’ de vigoroso y detallado dibujo.
Y en ‘Coplas de payada’ añade a la tradición gaucha héroes, dichos y aventuras típicas, que no desmerecen de las ya popularizadas. Esta trigésima obra de Leopoldo Lugones es su noveno volumen de poesía. Debe decirse, glosando la sobria dedicatoria a los antepasados, que el nuevo libro saca a mención las probanzas, datas y calidades — de tan buenos servicios a las dos majestades: Apolo y Minerva.
En ‘Poemas solariegos’, en efecto, continúa la misión lirica y épica que le dio renombre.”






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