
Alegría en un tiempo aciago
J.C. Maraddón
J.C. Maraddón
A los 36 años, el pianista brasileño Waldir Calmon abrió en la zona sur de la ciudad de Río de Janeiro el club nocturno Arpège, que desde 1955 y a lo largo de los siguientes doce años se iba a convertir en el epicentro de la renovación que entonces estaba experimentando la música popular de Brasil. Artistas tan resonantes como Vinicius de Moraes, João Gilberto, Tom Jobim y hasta el entonces muy joven Chico Buarque, desfilaron por su escenario, donde obviamente también se lucía el dueño de casa, quien en esa época se presentaba al frente de un sexteto.
Desde sus primeros pasos en la música, allá por la década del cuarenta, Calmon se había especializado en las composiciones bailables, que grababa en discos de 78 rpm donde las canciones se sucedían de modo ininterrumpido, como para que no se detuviera el entusiasmo de los bailarines. Por eso, se lo considera un pionero dentro de esta variante del samba, en la cual desplegó un estilo único que incluía, junto al piano, la ejecución de un teclado extra llamado “solovox”, que no era ni más ni menos que un antecesor de los sintetizadores, instrumento del que también se volvería experto en los setenta.
En 1958 iba a grabar lo que sería su mayor éxito, una versión del tema “Babalú”, que había sido compuesto por la cantante cubana Margarita Lecuona, quien a mediados de los años cincuenta se casó un argentino y anduvo de gira por el sur del continente americano, incluyendo Brasil. La canción, que en su ritmo caribeño original le rendía tributo a una deidad del panteón africano, fue abordada por Waldir Calmon desde el género del samba balanço y, en la voz de Angela Maria, se transformó en un gran suceso, sobre todo en las boites cariocas de aquel tiempo.
Poco antes de ese acierto consagratorio, él había sacado a la venta un LP llamado “Chá Dançante N°3”, donde aparecía como primer track del lado A la canción “Samba no Arpège”, en cuyo título Calmon hacía mención a ese local legendario donde no sólo tocaba junto a su conjunto, sino que además convocaba a nombres ilustres del panorama sonoro brasileño. Para la autoría, contó con la colaboración de Luiz Bandeira, un cantante y guitarrista pernambucano que venía de protagonizar un fenómeno masivo con el tema “Na Cadência do Samba”, pieza que hoy ya es un clásico del repertorio popular del vecino país.
Precisamente en la capital del estado de Pernambuco, Recife, transcurre la historia que narra el filme “El agente secreto”, una producción brasileña que obtuvo dos premios Globo de Oro y que ha sido nominada en cuatro categorías para los Oscar, donde entre otros rubros competirá por Mejor Película. Bajo la dirección de Kleber Mendonça Filho, el largometraje está ambientado en 1977 y sigue los pasos de Marcelo, un profesor universitario que en plena dictadura debe regresar de modo oculto a la ciudad donde vive su hijo, pero es detectado y perseguido por sicarios que responden a un poderoso industrial.
Con Wagner Moura en un elogiado rol estelar, “El agente secreto” comienza con una radio que suena en el auto conducido por Marcelo, donde los locutores recuerdan la orquesta de Waldir Calmon y la intervención de Luiz Bandeira en “Samba no Arpège” y presentan el tema con la pregunta: “¿Quién no lo bailó?”. El contraste entre la alegría contagiosa de esa música y el clima opresivo que acorrala a Marcelo en su viaje rumbo a Recife, introduce al espectador en los vericuetos de este thriller político que retrata una circunstancia aciaga común a varios países de la región en esos mismos años.






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