
Caras y caretas cordobesas
Víctor Ramés
Por Víctor Ramés
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Construyendo a Leopoldo Lugones (Duodécimo primera parte)
El 27 de septiembre de 1930, en Caras y Caretas se publicaba una reseña del libro “La Grande Argentina” de Leopoldo Lugones.
“Pertenece al sagaz Poe la afirmación, al parecer paradójica, de que los poetas tienen maravillosas condiciones para las matemáticas. Un buen poeta es un lógico formidable, a pesar de lo que opina el vulgo en contrario, y, como dominador de causas, razones y efectos, sabe intuir y deducir con clarividencia. Por eso, el artífice de estrofas inspiradas es el mismo de ‘La reforma educacional’, ‘Didáctica’, ‘El tamaño del espacio’, ‘La organización de la paz’ y de esta obra, donde supo verter su experiencia y su cariño patrio. Leopoldo Lugones ha presentado allí un programa que honraría a un estadista. Siete partes constituyen la obra: ‘El estado geórgico’, dedicado a presentar los puntos que resumen la cuestión. En ‘El espíritu nacional’ estudia el estado y las necesidades de la enseñanza. ‘El bienestar corporal’, ‘El mercado interno’ y ‘La formación nacional’ hállanse destinados a graves cuestiones de finanzas, salud pública, demografía e higiene. ‘La política del Plata’ y ‘El gobierno de la Nación’ encierran todo cuanto un verdadero político debe tener en vista para hacer patria. Convincentemente lógico en sus razones y en sus cálculos, severo al fustigar los vicios, elocuentísimo en la exposición de todo, Leopoldo Lugones se destaca como un pensador que prevé peligros y encuentra remedios. ‘Este libro es un acto de fe en la Patria, pero también pretende formular un diagnóstico’, dice al comenzar el prólogo, que finaliza así: ‘La grande Argentina es para nosotros y para todos los hombres que a ella quieran venir; es decir, por definición, entonces, para los hombres de buena voluntad’. En este libro, que nos llega a tiempo, en el mejor tiempo, Leopoldo Lugones ha realizado obra firme; es el libro de un patriota y no el de un arbitrista de esos improvisados que proponen cosas descabelladas.”
En el mismo mes de septiembre, unas semanas antes de esta reseña bibliográfica, Lugones había tomado el lugar del intelectual de consulta del dictador José Félix Uriburu, quien el día 6 aprehendió al presidente Yrigoyen, arrasó con el Congreso, y de inmediato intervino las provincias, así como las universidades que habían conquistado en 1918 su autonomía.
En “La Grande Argentina” Lugones formulaba ideas -que no habían por cierto comenzado con ese libro- que conducían a la interrupción del gobierno democrático a manos de esa “nueva aristocracia”, como él consideraba a la casta militar. También proponía un plan de gobierno para el post-Yrigoyenismo..
El golpe había comenzado con aviones de la fuerza aérea sobrevolando Buenos Aires en la madrugada y arrojando panfletos (que por poco no llevaban la letra de Lugones, aunque sí su redacción). En ellos se leía: “Al apelar a la fuerza para libertar a la nación de este régimen ominoso, lo hacemos inspirados en un alto y generoso ideal. Los hechos demostrarán que no nos guía otro propósito que el bien de la Nación"
Lugones, junto a varios otros civiles de diversas extracciones, tuvieron su premio por la lealtad al golpe. Pero se verá que solo se trató de un premio consuelo. El 18 de octubre de 1930, Caras y Caretas retrataba a quienes habían asistido a un “Banquete a los civiles que actuaron en la Junta Revolucionaria”, entre quienes sobresalía el bardo cordobés.
Bajo la foto principal ponía la nota: “El ministro del Interior, doctor Matías Sánchez Sorondo, y el ex secretario de la presidencia de la República, teniente coronel Kinkelin, rodeados por las personas que actuaron con la Junta Revolucionaria y a quienes el presidente Uriburu ofreció la comida como reconocimiento a su activa y eficaz colaboración en el movimiento del 6 de septiembre.” Lugones aparecía sentado, el segundo de izquierda a derecha de la foto. Otra fotografía mostraba a Lugones junto a Sánchez Sorondo, concentrados ambos en un papel que sostiene el ministro. Abajo se lee: “Don Leopoldo Lugones, que habló en nombre del teniente genera Uriburu, le da una primicia de su discurso al ministro del Interior.”
El golpe de Uriburu, que inauguró una modalidad militar antidemocrática de interrumpir mandatos legítimos, desarrollaría la persecución, represión y despojo de las clases populares, el despido masivo de empleados públicos durante el primer año del gobierno ilegítimo, suspendiendo las leyes laborales en vigencia. Privó de garantías constitucionales a los opositores, a quienes descubría entre el bolchevismo comunista y los anarquistas en tanto enemigos de la patria. Severino di Giovanni, fue fusilado el 1º de febrero de 1931.
Una vez puesto en marcha este dispositivo abusivo y violento, los militares tomaron naturalmente todo el asunto en sus manos. No dependían ya, en los hechos, de consejeros o asesores intelectuales. Se comprende la desazón de Lugones, dado el papel que asignaba al intelectual en su ideario fundacional de la “Patria”. Como explica en su trabajo “Leopoldo Lugones, el estado equitativo y la sociedad militarizada” la autora Olga Echeverría: “El movimiento mismo fue esencialmente militar y la mayoría de los escritores autoritarios resultaron acompañantes subsidiarios del gobierno provisional que emergió del golpe militar. En algunos casos, fue su propia actitud, aun eufórica, la que los hizo ocupar esa posición de escoltas —expectantes y deseosos de marcar rumbos— del nuevo orden y no un reconocimiento oficial a su agitación conspirativa. Lo cierto es que las expectativas que las diferentes personalidades y grupos se habían forjado, incluido Lugones, fueron desmerecidas por la realidad que los relegó al plano de publicistas, o, en el mejor de los casos, a algún cargo de relativa trascendencia.”






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