
Caras y caretas cordobesas
Víctor Ramés
Por Víctor Ramés
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Construyendo a Leopoldo Lugones (Vigésimo Cuarta parte)
El 26 de noviembre de 1932, Lugones aparece mencionado en el semanario como uno de los “criollistas” argentinos, en una nota escrita por Soiza Reilly, asociándolo a poetas de pelajes bastante entreverados:
“En poesía cantan en criollo Elias Regules, A. Aníbal Riú, Leopoldo Lugones, Gualberto Márquez, más conocido por "el gaucho de Flores" y el célebre "Viejo Pancho", gloria del Uruguay. Vienen los modernos, en prosa y en verso: Enrique Larreta, Justo P. Sáenz, Silva Valdés, Gavilla Sinclair, Andrés Chabrillon, Mateo Booz, Enrique Amorim, Acevedo Díaz (hijo), Julio Cruz Ghio, Ricardo Güiraldes, Julio Díaz Usandivaras, Otto Miguel Cione, Edmundo Montagne, Domingo V. Lombardi, propulsor eficiente del culto al criollismo. Y en todas las esferas del arte, desde la pintura hasta la música y desde la crítica literaria hasta la filosofía de los payadores, el alma del gaucho encuentra devotos que la hacen inmortal.”
Juan José de Soiza Reilly vuelve a traer a cita el nombre de Lugones en ese período, nombre que ya pertenecía a la cultura y se mencionaba con independencia del momento que atravesaba la vida del Lugones de carne y hueso. A mediados de 1933, Soiza Reilly refería una cita jocosa del autor cordobés, en una nota dedicada a homenajear a Nicolás Besio Moreno, distinguido ingeniero civil argentino, historiador de la ingeniería, una autoridad en estadística y en cartografía, y uno de los fundadores de la Academia Nacional de Geografía. Entre los textos con que se honraba a esta distinguida personalidad, Soiza Reilly citaba “Una frase de Leopoldo Lugones sobre la hermosa cabeza de Besio Moreno”. Con ese fin, evocaba la presencia del respetado ingeniero en los más altos medios intelectuales, científicos y académicos, allí donde se debatía acaloradamente:
“En medio de las discusiones más escalofriantes, su cabeza blanca pone una sonrisa juvenil en el aire. Su palabra docta, perspicaz, pacífica y diplomática surge de aquella nieve con las alas abiertas.
— ¡Hermosa cabeza! — suele exclamar la multitud.
Besio Moreno atenúa el elogio repitiendo alegremente lo que Leopoldo Lugones le dice a menudo, bromeando:
— "¡Hermosa cabeza para la guillotina…!”
Por su parte, el 16 de septiembre de 1933, la página de “Apostillas literarias” que difundía novedades bibliográficas y de autores, informaba sobre obras de literatura argentina que estaban siendo traducidas y se publicarían próximamente en Paris. Por supuesto, Lugones era uno de los nombres cantados en aquella lista:
“PATROCINADA por el P. E. N. Club de Buenos Aires se publicará en París una colección de libros argentinos titulada «Las mejores obras de la literatura argentina». Los primeros volúmenes que aparecerán serán los siguientes: Las divertidas aventuras de un nieto de Juan Moreira, de Roberto Payró, traducidas por Jorge Piliement; La guerra gaucha, de Leopoldo Lugones, por Max Daireaux; Los caranchos de la Florida, de Benito Lynch, por Manuel Gahisto; Juan Manuel de Rosas, de Ibarguren, por Abraham. Igualmente, con traducciones de varios poetas franceses, se publicará una Antología poética argentina.”
Se puede señalar de paso que en el país heredado por el presidente Agustín P. Justo -no sin fraude- de manos de Uriburu, ocurrían hechos contrarios a los intereses argentinos, durante 1933. El 1° de mayo de ese año se firmó el Pacto Roca-Runciman, un acuerdo de comercio internacional concebido para desgracia de la República Argentina y con grandes beneficios para el entonces Imperio británico.
Por su parte, la presencia de Lugones en una celebración del Aniversario patrio de Colombia, 20 de julio de 1934, era indicada por Caras y Caretas en una página con un puñado de fotografías, entre los invitados a ese encuentro protocolar: “Don Leopoldo Lugones y don Juan Pablo Echagüe con una distinguida dama”, en la cual el escritor sesentón conversa con el reconocido crítico teatral con quien cultivaba una larga amistad. Es la única publicación que menciona a Lugones ese año. Y al año siguiente, el 6 de abril de 1935, el semanario porteño se complacía en destacar el anuncio de que tanto Lugones como don Miguel de Unamuno volvían a publicar en sus páginas.
“Miguel de Unamuno y Lugones reanudan su colaboración en Caras y Caretas”, informa, y hace una semblanza de cada uno de estos destacados escritores. Sobre Lugones, se lee:
“Desde los tiempos en que CARAS Y CARETAS cimentaba su renombre de revista moza y dinámica. Leopoldo Lugones tuvo aquí lugar preferente donde esparcir el arte y las inquietudes de un espíritu luminoso. Fue un pacto de alianza leal, bien cumplido por ambas partes, hasta el momento en que un período de estudio puso tregua a la labor, honrosa para nuestras páginas. Hoy vuelve a ocupar el sitio que siempre le correspondió, desde el cual ha ejercido sobre la juventud una influencia de maestro. Cincel que, al golpear, produce música; prosa de hondura, cubierta por el velo de un estilo rico, produjo Lugones, y muchas de las páginas de sus libros fueron páginas nuestras y cooperaron a la formación de su fama universal. Hoy se reanuda el pacto de alianza, cuya utilidad artística conocen nuestros lectores. El maestro tiene aún enseñanzas y emociones que transmitir.”
En el número siguiente de “Caras”, se publicaba el inicio de este nuevo ciclo de colaboraciones lugonianas: el poema "Granzas de Otoño".
La última referencia a Lugones ese año, la da “Caras” en relación al escritor ítalo-argentino Gherardo Marone, establecido en Italia, en cuyo libro Pane Nero, “Hay (…) un sugestivo capítulo dedicado a Leopoldo Lugones, interesante por lo que revela, por lo que anticipa y hasta por ciertos detalles ingenuos que no logró, en su breve residencia entre nosotros, evitar el voluntarioso literato italiano.”



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