
Cordobers: Caras y Caretas Cordobesas
Víctor Ramés
La Córdoba del deporte mecánico, 1924-1925
(Primera parte)
Vehículos modernos que heredaron la sabiduría de la rueda, o del sostén del aire atravesaron (además de la tierra y del espacio) sucesivas etapas que fueron desde sus pruebas de resistencia y rendimiento a su producción industrial. Cada uno de estos artefactos, por medio de sus capacidades y sus usos, se volvió medio de locomoción, o transporte de pasajeros, máquina de acrobacias y prodigio de velocidad, y por supuesto, también ocuparon un lugar en el mundo deportivo. Se trataba de un signo indiscutible de modernidad en todas partes, a través de esas clases de competencia, e igual tendencia histórica se producía a nivel local, con una Córdoba vinculada al surgimiento de una nueva etapa en el deporte.
Nos situamos en los comienzos, aunque con algunos años ya de desarrollo, de algunas prácticas en período de afianzamiento en el terreno de los récords y las competencias, un universo de desafíos entre hombres, máquinas y límites, que atizaban los deseos de superación. Córdoba ya en los años en que nos detenemos, 1924-1925, mostraba un movimiento propio, e incluso contaba con algunas sedes que nucleaban la actividad y que eran parte de redes nacionales de competición.
Caras y Caretas había incorporado una sección para alojar esta temática, titulada con prácticamente una descripción: “Auto-Moto-Aviación”, que solía firmar A. Burgos Santillán, y que consignaba las actividades de las tres ramas enunciadas, en el contexto nacional. En la primera semana de enero de 1925, el semanario publicaba una cronología y unas valoraciones de los llamados “deportes mecánicos” durante el año 1924. Allí hacía una introducción a la generalidad del movimiento “mecánico” en el país, referida al año que acababa de terminar. Lo compartimos como panorama de una temporada. Más abajo, el foco se irá acercando del contexto general al de Córdoba, con miradas específicas para cada tipo de vehículo y sus competencias, figuras y temporadas, en la época referida.
“Puede decirse que el año transcurrido ha sido uno de los más fructíferos para el deporte mecánico, en especia], para el automovilismo, motociclismo y aviación.
Mientras el primero reafirmó, a principios de año, la destacada cualidad de nuestros volantes en una prueba de magnitud, como el Gran Premio 1924, realizado sobre la distancia de 1,500 kilómetros (Buenos Aires – Córdoba— Buenos Aires), en la aviación, Guillermo Hillcoat se encargaba de poner un broche de oro a la página tan brillantemente abierta por el mayor Zanni y su mecánico Beltrame.
Y en cuanto se relaciona con el motociclismo cabe expresarse asimismo, en iguales términos. Fue el año más floreciente, no sólo por el movimiento denotado, sino porque en sus últimos meses se planearon pruebas, que por su importancia indiscutible darán también la pauta de cuanto ha progresado este deporte entre nosotros. Una carrera sobre un recorrido similar al Gran Premio automovilístico de 1924, que auspicia actualmente el Moto Club Argentino, para hacerlo disputar en febrero próximo, da una idea clara de lo que nos sentimos ya capaces de hacer y cuál es el progreso de hombres y máquinas en este sentido, a los que no vacilamos lanzarlos en un certamen superior a cuanto se lleva realizado en todo Sudamérica, en materia de motociclismo.”
Atravesando carreteras, pistas o rutas aéreas prefijadas los pilotos daban prueba de su valía y el semanario porteño iba reflejando las novedades. Córdoba no estaba ausente en esa cruzada que impulsaba la avanzada industria técnica del primer mundo. Las máquinas eran la cara más representativa de un siglo que también había escogido su carril y su aceleración.







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