
Canción no hay una sola
J.C. Maraddón
La estrategia de promoción de productos culturales que parece haber calado hondo en la industria viene desde hace tiempo exagerando la nota en lo de martillar con lo que tiene éxito y explotarlo hasta que dé la última gota de su jugo. Pero, además, se bombardea al púbico con sucesivas ofertas de parecida calaña, hasta saturar el mercado y aturdir a los consumidores, quienes primero se disponen a plegarse al juego, para luego huir despavoridos en otra dirección, hastiados de la repetición de una fórmula que ha dejado de surtir efecto por su falta e sorpresa y por la abulia que genera.
En algún momento de la historia de los Mundiales de Fútbol, situado entre las décadas del sesenta y setenta, se descubrió una nueva veta a explotar en estos magnos torneos: la elaboración de un tema musical identificatorio que se escuchara sobre todo en las transmisiones televisivas. La pieza en cuestión debía resaltar las cualidades deportivas de los atletas y la envergadura de la competencia que se estaba disputando, en tanto podía percibirse en la interpretación (sobre todo a través del idioma en que era cantada) rasgos del país que iba a operar como sede del evento.
Y si bien en el transcurso de los años estas canciones fueron mutando en su formato y en el sentido comercial que se les otorgaba, en general conservaban varias de esas características con las que había nacido un ritual que acompañaba la disputa del certamen. Tan buenos resultados se consiguieron por esa vía, que al menos durante un par de décadas se sostuvo la costumbre más o menos bajo los mismos parámetros, cuyo mayor hito ha sido tal vez el tema compuesto por Giorgio Moroder para el Mundial de Italia de 1990, que suele ser elegido como uno de los favoritos de todas las copas.
Pero solía suceder que aparecieran otras canciones aspirantes a transformarse en la banda sonora de un mundial, con tanta fortuna que finalmente lograban desplazar a la oficial y conquistar el corazón de los hinchas. Esto fomentó una convivencia de varias grabaciones que se planteaban el mismo objetivo y que, en su sobreabundancia, terminaban confundiendo a la gente. Empezó así a desterrarse el hábito de que hubiera una única pieza lanzada con ese propósito, y en los días previos al partido inaugural, artistas conocidos y desconocidos hacían su apuesta publicando una obra alegórica al torneo que estaba por empezar.
Ya hacia fines del siglo pasado, los sponsors del Mundial se atrevieron a elegir temas muy gancheros para que musicalizaran sus campañas y, a fuerza de repetición, esos estribillos iban cosechando las preferencias de quienes los escuchaban y se los aprendían de memoria. La confusión fue en aumento y para los que se disponían a sentarse frente a su televisor a ver los partidos, ya no quedaba en claro cuál era el tema oficial, porque eran varios los que decían serlo y muchos de ellos pertenecían a cantantes famosos con pergaminos suficientes para arrogarse una responsabilidad semejante.
A comienzos de la actual centuria, desbaratada ya la idea original, cada una de estas citas del balompié se transformó en un campo de batalla donde, a la par de la carrera por ganar el campeonato deportivo, se libraba una lucha para determinar cuál de todas las músicas postuladas, era al fin adoptada por los futboleros como la preferida. Y en esa compulsa surgieron nombres que estaban presentes una y otra vez, y que cada cuatro años volvían con un nuevo hit para calzarse la corona, como por ejemplo la colombiana Shakira, que es una de las frecuentes anotadas en estas lides.
En 2006, con “Hips Don’t Lie”, salió a disputarle el cetro a la propuesta por la FIFA para el Mundial de Alemania, “The Time of Our Lives”, a cargo de Il Divo junto a Toni Braxton. Sin embargo, ni la una ni la otra se impusieron, porque la que se recuerda de esa copa es “Love Generation”, de Bob Sinclair, que se utilizaba en las apariciones del león Goleo, mascota del evento. En el siguiente episodio mundialista, Shakira se tomó revancha y con “Waka waka” sacó distancia del resto y resultó la de mayor repercusión, por encima de la de Coca Cola, “Wavin’ Flag”.
Veinte años después de su primera incursión en este tipo de asuntos, Shakira publicará el próximo jueves “Dai dai”, anunciada como la canción oficial del Mundial 2026 que arrancará el 11 de junio y que tendrá como sedes a México, Estados Unidos y Canadá. A la par de la de Burna Boy, allí se escucha nuevamente su voz, que ya es figurita repetida en las copas del mundo y que, por lo tanto, ha dejado de ser una novedad sorprendente. Habrá que ver cómo le va en su posicionamiento con respecto a los otros temas que también quieren eternizarse en el recuerdo.







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