
El Panal tras la agenda perdida y los gestos que (todavía) no dañan
Bettina Marengo
Martín Llaryora busca retomar la senda de la previsibilidad luego de la durísima crisis político-judicial derivada del femicidio de Agostina Vega. El partido de la Selección ante Argelia con un grupo de funcionarios y militantes sub 40 en una pizzería popular del centro de Córdoba, la gira por el sur provincial con discursos al borde de la emoción por la problemática de las adicciones en los jóvenes. Mientras busca recuperar la agenda pública o al menos no tenerla en contra, el Panal está atento al desarrollo del escándalo Adorni, lo que pueda pasar en el Congreso y puertas adentro del poder libertario, y las posibilidades de negociar con la Casa Rosada que se abren.
Ayer se supo que el gobernador de Entre Ríos, el macrista violeta Rogelio Frigerio, recibió un anticipo de coparticipación de parte del gobierno de Javier Milei por 400 mil millones de pesos a reintegrar durante el corriente año. Hacienda autorizó el mismo monto a Jujuy y Santa Fe, gobernadas por los radicales Carlos Sadir y Maximiliano Pullaro, tan aliados y dadores de votos y quórum al oficialismo nacional como Llaryora. “Córdoba resiste”, afirman desde el seno del poder provincial, pero aclaran “por ahora”. El ministro del Interior, Diego Santilli, que es amigo del mandatario y con quien hablan en privado, no invitó al sanfrancisqueño a departir.
Asoman algunos gestos tímidos del llaryorismo para marcar distancia con Milei, que no llegan a lastimar el proyecto violeta. Los tres diputados nacionales con firma en las comisiones de Presupuesto y Hacienda (Ignacio García Aresca) y Justicia (Alejandra Torres y Juan Brugge) se abstuvieron de firmar el dictamen oficialista del proyecto para pagar la deuda con algunos de los holdouts que siguen pendientes. El despacho salió igual. La misma posición hubo sobre el dictamen del proyecto de creación del Super RIGI, que también quedó listo para ir a sesión el miércoles que viene. En el primer caso, el argumento fue falta de información aunque coincidencia en la necesidad de acordar con los fondos buitre. En el segundo, porque se trata de “una nueva distorsión” que no atiende el problema de las pyme.
Con Adorni y su escándalo la decisión hasta ahora es mostrar las uñas pero en el Parlamento, como adelantó este diario. Ayer en la gira por el sur provincial, ni Llaryora ni el ministro de Gobierno Manuel Calvo dijeron algo sobre el jefe de Gabinete. Desde el bloque cordobesista aseguran que darán quórum si se concreta la sesión de Diputados del miércoles 24 para emplazar a las comisiones para que formalicen los pedidos de interpelación contra el funcionario que pueden derivar en un voto de censura. Esa sesión especial se puede caer porque el Senado va a sesionar el 25 con un proyecto más directo contra Adorni: se tratará interpelar con opción de remover al karinista, lo que se haría una semana después. Ahí se verá qué hace Alejandra Vigo, esposa de Juan Schiaretti, al que cabe recordar el mundo libertario suele poner a salvo del “kirchnerismo llaryorista”.
Dos cuestiones políticas que el Gobierno siguió de cerca. Una es la reunión de la veintena de intendentes opositores que viajaron a Buenos Aires con los diputados Gabriel Bornoroni y Laura Rodriguez Machado y la funcionaria de Inaes Soledad Carrizo para sentarse con Santilli, amigo de Llaryora pero que no lo invita a la Rosada. Los cordobesistas aseguran que varios de los intendentes llamaron al Centro Cívico para dar explicaciones y sobre todo marcar el carácter “institucional” y no electoral del asunto. “Comprensión absoluta, los intendentes tienen que gestionar”, fue la beatifica reacción. Al oficialismo le sirve porque tensiona el armado libertario con la base intendentista deloredista.
La segunda el escenario Marcos Juárez. Con la intendenta Sara Majorel fuera de juego y todo muy abierto aún (el 7 de julio es fecha de alianzas), el PJ provincial ve negocio en jugar en varias canastas al solo efecto de evitar el triunfo de Bornoroni. La mira está puesta en el funcionario provincial Germán Font, que no es de origen peronista, en el exministro de Producción, Pedro Dellarrosa, o en recuperar para el PJ a Verónica Crescente, que perdió frente a Majorel pese al patrocinio de Schiaretti. “De todos podemos decir que son nuestros”, aseguró un dirigente muy cercano al mandatario.


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