
El (otro) ‘triángulo de hierro’ que preocupa al Panal
Felipe Osman
Sergio Lorenzetti, secretario de Administración Pública y Capital Humano, sumó a sus competencias las que Diego Peralta, secretario de Desarrollo Urbano, dejó vacantes con su licencia. Y esta novedad, que podría ser apenas una consecuencia provisoria, cobra otra relevancia si se atiende a que, en realidad, es un punto más en una larga secuencia.
Desde su llegada al Palacio 6 de Julio Daniel Passerini diseñó un gabinete apoyado en dos pilares: la secretaría de Gobierno, a cargo de Rodrigo Fernández, y la aludida secretaría de Administración, a cargo de Lorenzatti. Ambas dotadas de amplísimas competencias.
Para tomar dimensión, el intendente ubicó debajo de Gobierno siete subsecretarías (Privada, de Coordinación, de Turismo, de Fiscalización y Control, de Empleo, de Unidad Ejecutora Costanera, y de Desarrollo Metropolitano) y cuatro direcciones generales (de Planificación Operativa, de Asuntos Legales, de Culto y de Mercados Municipales). Y debajo Administración, ocho subsecretarías (de Diseño y Planificación de Políticas Públicas, de Administración y Asuntos Jurídicos, de Coordinación Económica, de Ingresos Públicos, de Finanzas y Presupuesto, de Logística y Automotores, de Gestión Patrimonial, y de Capital Humano) y una dirección general (de Cooperativas).
Esta fisonomía, que ya hablaba de una gran centralización de poder, no continuó con una apertura. No fue un esquema que el intendente imaginó para empezar su gestión e ir, luego, encontrando con el tiempo funcionarios o equipos técnicos capaces de captar parte de esas competencias. Por el contrario, la dinámica se agudizó.
Fernández absorbió la secretaría de Transporte, conservó orgánicamente la subsecretaría de Fiscalización y Control (a pesar de la creación del Ente de Fiscalización y Control como un organismo autárquico), y sumó bajo su mando a Cultura y Comunicación, que perdió su rango inicial de secretaría tras la reestructuración del gabinete a mediados del año pasado. Además de ocupar la presidencia del Ente Metropolitano. Y la subrogación de Lorenzatti a Peralta también amplía las competencias del primero en gran medida.
Desde el Centro Cívico advierten que este planteo conspira en contra de la eficacia y la eficiencia de la gestión municipal. “Acumulan un poder desproporcionado que no logran gestionar, que no pueden traducir en políticas efectivas para los vecinos, que mejoren la relación con el ciudadano”, resume un alto funcionario provincial.
Desde la cúspide del Palacio 6 de Julio no faltarían contraargumentos: caída de la recaudación, caída de la coparticipación, pago de la deuda municipal (rolleada por Llaryora), fin de los subsidios al Transporte, aumento de la demanda social y un largo etcétera. Todos ciertos. Pero, aun así, justificaciones incapaces de seducir al vecino.
Mientras, en el propio municipio hay dirigentes que entienden que la centralización excesiva destruye la iniciativa de los funcionarios, y que la gestión empieza a paralizarse cuándo todos temen actuar sin una orden directa.
No se trata de un problema que se agote en el municipio. La capital es, por obvias razones, el más esencial de los distritos dentro del plan reeleccionario del gobernador. Y el tiempo apremia.


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