
Un rock que facilite el baile
J.C. Maraddón
A comienzos de la década del ochenta, en Córdoba (y en casi toda la Argentina) los músicos que se percibían rockeros habían caído bajo la influencia del jazz rock y la fusión, géneros que tuvieron su apogeo en el hemisferio norte durante los setenta y que permitían hacer gala del virtuosismo en la ejecución de los instrumentos, con menor énfasis en el magnetismo de las melodías y en el mensaje de las letras. De hecho, algunas de esas formaciones preferían tocar temas instrumentales, que ayudaban a demostrar habilidades en la digitación, a través de solos que se iban sucediendo unos a otros.
Una generación entera de artistas que ingresó en la escena musical cordobesa sobre el final de la dictadura, se dejó llevar por esa fiebre y deslumbró al público que asistía a los pubs para ver agrupaciones como Mousse, Encuentro, Garage o Natura, algunas de las cuales también participaban de los festivales de La Falda. Otra de las formaciones de ese estilo que aparecía en el panorama local de esos años era Aporiro, donde hacían sus primeras armas algunos de los músicos que más tarde iban a ser animadores de la escena, como el tecladista Daniel Griffo y el baterista Luis Garis.
En el rol de guitarrista, se destacaba en Aporiro un jovencísimo Marcelo Decall, quien tenía tan solo 19 años cuando ese grupo se presentó en el marco del festival Argentino de Música Contemporánea de La Falda en su edición de 1981, el domingo 15 de febrero. La actuación no se le pasó por alto a la prensa especializada porteña, que destacó las dotes de sus integrantes y comparó la técnica de Decall con la de Larry Carlton, un sesionista estadounidense que a mediados de los años setenta había iniciado una prodigiosa carrera solista y había cosechado un prestigio que lo situaba entre los próceres de la guitarra.
Así fue como este crédito de barrio Alta Córdoba se ganó su renombre en el circuito rockero cordobés, que por esos años se hacía un espacio en bares donde la mayoría de las noches se le daba preeminencia al folklore, y en escasas oportunidades el rocanrol tenía chances de subir al escenario. Sin embargo, el devenir de la movida urbana le tenía reservado un papel fundamental en el paso de esa fusión setentista a un sonido nuevaolero que fue resistido en un comienzo, pero que después se ganó las preferencias de un público renovado.
En 1983, el cantautor Carlos Torres le pidió a su vecino Marcelo Decall que escuchara un demo de su banda Nylon, para obtener una opinión sobre el rumbo que había tomado su acercamiento a la new wave. Al escuchar la canción “Carta en Do mayor”, compuesta por Torres junto a Federico Geier, a Decall se le iluminaron los ojos. Había descubierto una nueva veta creativa, que desde entonces se transformaría en el vehículo para transmitir sus inquietudes. Con Geier en el bajo, Horacio Demaussion en batería y su hermano Alan Decall en voz, debutó al frente del grupo Pasaporte apenas un mes antes de las elecciones que significaron el retorno de la democracia.
“Carta en Do mayor” en versión de Pasaporte fue el primer gran hit de la nueva era del rock de Córdoba, que buscaba abandonar la marginalidad para unirse a esa corriente que se había desbocado después de la guerra de Malvinas, con los rockeros argentinos montados en una visibilidad inédita. Y si bien el proyecto de Decall tardaría en llegar al registro discográfico, su popularidad en nuestro ámbito era notoria, a tal punto que él mismo fue invitado a participar del álbum “Teléfono azul” del cantante cuartetero Pelusa.
La buena recepción que recogió la audacia de Pasaporte tras sortear las reticencias iniciales, sirvió entre otras cosas para que la ciudad se poblara de grupos que se inscribían dentro de esa modernidad a la que en el panorama nacional pertenecían Soda Stereo, Virus, Los Encargados, Metrópoli o Fricción. Atrás habían quedado los arrestos de virtuosismo jazzero en los que Marcelo Decall se había destacado, al igual que la corriente progresiva que hasta ese momento había subyugado a quienes resolvían emprender una carrera en la música desde el interior, con todos los inconvenientes que acarreaba semejante empresa.
Al conocerse hace una semana que Marcelo Decall había fallecido a los 64 años, muchos de sus colegas expresaron por vía de las redes sociales su sentimiento de pesar y lo despidieron con palabras elogiosas. Pero más allá de su pérdida, con él también empieza a despedirse esa generación que operó un cambio de paradigma en la manera de encarar la interpretación rockera. Los rostros serios y concentrados de los músicos, que coincidían con la parquedad de su audiencia, se volvieron distendidos y jocosos a la hora de tocar canciones divertidas y facilitadoras del baile, tan propias de esa época imborrable.


Cosquín, el león y la caja: Cardinali apuesta a consolidar el liderazgo cultural de la ciudad





Enroque corto | Rossi se postula, Llaryora reúne fuerzas y el PJ festeja en la Magistratura

Viguismo reservaría una ficha propia para disputar Carlos Paz

El Papa convoca al oficialismo y la oposición, pero la Legislatura sigue bajo tensión

Todos a la espera: gestos llaryoristas en Diputados y Juez a full en Capital



