La Calera y el fracaso de la lógica llaryorista del 1 + 1=2

El peronismo falló en su estrategia de patrocinar dos candidatos para los comicios municipales del 4 de junio. Apostaba a que luego, la suma de esos votos, irían todos para Martín Llaryora.

Provincial 30 de junio de 2023 Yanina Soria Yanina Soria
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El peronismo de Hacemos Unidos por Córdoba espera revalidar en el escrutinio definitivo la banca del departamento Colón (el segundo distrito electoral más importante) que será para el caroyense Gustavo Brandán, y sumar la de Sobremonte que, por ahora con los números provisorios, está en manos de Juntos por el Cambio por apenas 13 votos. 

El resultado final echará luz también en algunas localidades donde la diferencia entre el gobernador electo, Martín Llaryora, y su principal retador, Luis Juez, es ajustadísima. La dirigencia local de distintos distritos espera conocer esos datos, no porque ello pueda revertir la victoria provincial de Hacemos Unidos sino porque les permitirá tener una radiografía acaba del comportamiento del electorado. 

Lo cierto es que mientras el recuento sigue su curso en el Tribunal Electoral, el peronismo del interior intenta metabolizar lo sucedido, sobre todo, en departamentos y ciudades claves donde el frente opositor arrasó. El repliegue territorial de Hacemos Unidos ya es irrebatible.

 
Entre tanto pase de factura desde Capital hacia el interior y del interior profundo con los delegados/armadores que designó el llaryorismo, hay quienes (con el diario del lunes) le endilgan a la cúpula de Hacemos Unidos la responsabilidad de haber perdido varias localidades en las que el propio oficialismo provincial llevó dos candidatos peronistas. 

Una de las ciudades “ejemplo” de esa mala praxis, como se sabe, fue La Calera. El 4 de junio Facundo Rufeil perdió frente a Fernando Rambaldi, candidato de Encuentro Vecinal en alianza con Juntos por el Cambio, quien resultó electo. Sin embargo, también perdió frente a su oponente peronista, Gastón Moran, quien quedó segundo en el tablero.  

Lo que para el oficialismo municipal, naturalmente, fue un domingo catastrófico, para el llaryorismo fue apenas un traspié en el interior. Así veían y leían desde la Capital los resultados adversos en la previa al 25 de junio, como episodios locales y aislados. 

Pero, además, sobre aquellos pueblos y ciudades donde el voto peronista se partió por haber dos ofertas auspiciadas (por arriba o por abajo) por Hacemos Unidos que terminaron con obvias derrotas, la respuesta que se oía era que, luego, para la provincial, ambos dirigentes trabajarían y traccionarían para Llaryora. Esa lógica imperó también sobre lo sucedido en La Calera, la ciudad más grande de Colón que gobierna (hasta el 10 de diciembre el PJ)  

El cálculo que hacían los equipos de campaña del intendente desde la Capital era muy simple y lineal: ese voto peronista dividido entre Rufeil y Morán que arrojaba un total de casi 58 por ciento de los votos iría luego para la lista de Llaryora. 

Primer gran error. Pues, no sólo que eso no ocurrió, sino que, en algunos lugares como Coronel Moldes donde a nivel municipal sucedió lo mismo que La Calera, Juez terminó sacándole amplia ventaja al Llaryora. 

En el caso de la ciudad de Colón todo indica que el escrutinio definitivo certificará el triunfo del intendente capitalino, pero será por escaso margen. Si bien allí todavía falta escrutar una escuela completa, desde las filas de Juntos por el Cambio reconocen que Llaryora ganó por unos 190 o 200 votos. 

Es decir, aquella comunión política sellada entre las distintas facciones peronistas a días del fracaso municipal donde se acordó emprender un trabajo coordinado para el 25 de junio, no arrojó los frutos esperados. 

Bien vale recordar que a días de lo sucedido, Llaryora y el gobernador Juan Schiaretti encabezaron una cena política donde juntaron a Morán y Rufeil en una misma mesa y hasta hubo foto de la paz. 

Los números en esa localidad hablan de una elección pareja a nivel provincial donde, a prori, parecería que Llaryora obtuvo los votos por sí mismo. Desde Córdoba se le achaca a los dirigentes locales no haber puesto toda la carne en el asador, sin desconocer -claro- la dinámica particular que rige en cada una de las elecciones. 

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