Caras y caretas cordobesas

En esta ocasión se recogen en la revista semanal porteña unos recuerdos del periodista, abogado y político salteño Manuel M. Zorrilla sobre Sarmiento, referidos a dos ocasiones en que tuvo trato con el ilustre sanjuanino, en la ciudad y en la provincia de Córdoba.

Cultura 14 de febrero de 2024 Víctor Ramés Víctor Ramés
Una visita de Sarmiento
Ilustraciones de Julio Málaga Grenet en "Caras y Caretas", julio de 1914.

Por Víctor Ramés
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Sarmiento en Córdoba, unos recuerdos

El joven Manuel Marcos Zorrilla conoció a Sarmiento cuando este era presidente, y en primer lugar refiere la ocasión en que, aun estudiante de Derecho en la Universidad de Córdoba, fue parte de la comitiva que acompañó al mandatario en 1870 durante su visita a Fraile Muerto. Aquel episodio, bastante conocido, dio pie a que esa población recibiera su nombre actual, Bell Ville. El texto publicado en Caras y Caretas en julio de 1914 llevaba como título “Recuerdos de Córdoba – Una visita de Sarmiento”. Las visitas, en realidad, fueron dos.

Así contaba el salteño aquella experiencia, desde el momento en que Sarmiento llegaba en tren a la ciudad de Córdoba:
“Era entonces gobernador de Salta un hermano mío, y resolví invocar un encargo suyo para saludar al ilustre magistrado, cosa inverosímil, porque entonces no había telégrafo ni ferrocarril hacia el norte de la República, y una noticia cualquiera necesitaba quince días para llegar a su destino, no siendo posible, por consiguiente, que mi hermano tuviese conocimiento del viaje presidencial, y mucho menos del mío.
Aproveché un momento oportuno, y me acerqué inquieto y receloso al presidente, tartamudeando mi inventada representación. Sarmiento, con su mirada vivísima, debió darse cuenta de mi situación, pues me estrechó sonriente la mano, pronunció algunas palabras amables para mi hermano, y tuvo un recuerdo para la memoria de mi padre, a quién había conocido durante algunas de las luchas contra la tiranía.
Mi atrevida empresa tuvo, pues, un éxito completo y desde ese momento mi entusiasmo y mi admiración por ese hombre ilustre tomaron mayores proporciones.
El I presidente hizo enseguida una rápida gira por la colonia, y durante todo el tiempo que ella duró, no se cansó de pedir datos y de dar oportunos consejos.
A su regreso presidió un gran banquete que se le había preparado, y en el brindis en que agradeció las manifestaciones de adhesión y simpatía que le fueron tributadas, indicó a las autoridades locales la conveniencia de que reemplazaran el nombre de Fraile Muerto que tenía ese centro naciente, por el del primer colono establecido en él. En el mismo momento se supo que ese primer colono se apellidaba Bell, y el cambio quedó hecho. No sé si la municipalidad dictó alguna resolución oficial al respecto; pero desde ese instante fue consagrado por el uso el nombre dado a la localidad por su ilustre padrino de bautismo. Bell Ville reemplazó a Fraile Muerto.
Concluido el banquete, el presidente fue a dar un paseo por la población vieja que se halla al otro lado del río, y descansó algunos momentos en la casa de don Cleto del Campillo, que vivía allí una parte del año, y tenía gran prestigio en el lugar.
Fue agradablemente sorprendido al encontrar entre unos pocos volúmenes que se hallaban sobre una mesa, algunas de sus obras.
— ¿Se leen estos libros por acá? — preguntó.
— Se leen acá como en toda la República, —le contestó el dueño de casa.
— No me lo sospechaba, -repuso Sarmiento, — porque hay en ellos muchas cosas de que no se han dado por entendidos mis compatriotas. Parece que no las conocieran.
Antes de que terminara el día, emprendió el presidente su regreso, y fue despedido ruidosa y afectuosamente.”

El segundo recuerdo de Manuel Zorrilla refiere la oportunidad en que debió acompañar a Sarmiento a concurrir a una fiesta en la capital cordobesa:
“Después de esa época tuve muchas ocasiones de ver a Sarmiento y de conversar con él especialmente en el último año de su administración, cuando tenía yo la dirección del diario La Unión Argentina, en que él colaboraba, y durante casi todo el período presidencial del doctor Avellaneda, de quien fui secretario.
Una vez hasta fuimos juntos a un baile. Sucedió eso en la misma ciudad de Córdoba, de que me estoy ocupando. A su regreso de la inauguración del ferrocarril a Tucumán, el presidente Avellaneda resolvió quedarse algunos días en esa localidad, juntamente con Sarmiento y algunos otros personajes, habiéndose alojado todos en la casa-quinta del gobernador doctor Rodríguez. (…)
El doctor Avellaneda se había comprometido a concurrir antes a una comida de carácter familiar (…) Encargóme, con tal motivo, que en el momento oportuno acompañara a Sarmiento, que también fue prevenido de ello.
Hacía muy poco que nos habíamos levantado de la mesa cuando el ilustre ex presidente, que se había vestido rápidamente de etiqueta, me hizo decir que ya estaba pronto.
Yo quedé desolado, pues no había empezado mis preparativos, y acudí presuroso a disculparme con él, haciéndole presente que nos anticiparíamos demasiado si saliéramos en ese momento.
Sarmiento trató de tranquilizarme diciéndome que le era indiferente ir más tarde o más temprano, y que no tenía necesidad de apurarme, porque él me esperaría.
Y se puso a pasearse en un corredor al que daba la puerta de mi habitación, mientras yo procedía a mis arreglos de tocador, tarea que toma siempre algún tiempo en cierta época de la vida, y que yo desempeñé en ese momento entre orgulloso y afligido, al ver que ese anciano ilustre y glorioso estaba esperando con santa paciencia que terminara de acicalarse el átomo imperceptible que iba a servirle de acompañante en una fiesta.
Concluido mi trabajo, nos pusimos en marcha, y llegamos al local del baile en el momento oportuno.
Demás está decir que en el trayecto recorrido desde la quinta del doctor Rodríguez hasta la calle de San Gerónimo, donde estaba situado el club social en cuyos salones debía celebrarse la fiesta, tuvo el monopolio de la palabra el ilustre ex presidente, lo que me valió la satisfacción de escuchar algunas brillantes apreciaciones sobre dos afamados hijos de Córdoba, el general Paz y el doctor Vélez Sarsfield, tema elegido a causa del sitio en que nos encontrábamos, y cuyo rápido desarrollo, que habría merecido seguramente un auditorio selecto y numeroso, se conserva en mi pensamiento como una de mis mejores impresiones del pasado.”

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