Los trenes del Estado y el mal estado de los trenes

Otra vez fue noticia algo que pasó en un radio de menos de 50km de la Casa Rosada y que va a pagar el resto de los argentinos

Nacional 13 de mayo de 2024 Javier Boher Javier Boher
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Por Javier Boher
Ya era hora de que volviera el debate sobre las privatizaciones. No es que no se hubiese estado dando, pero el choque de trenes en Buenos Aires lo pasó de la discusión teórica a algo palpable. Los trenes andan mal y se los gestiona peor.
Acá en Córdoba los trenes no tienen mayor protagonismo. El promocionado ferrourbano, tren metropolitano -o como sea que le llamen- no termina de convertirse en una opción real para los vecinos. Sigue siendo barato, pero la frecuencia a contramano del trabajo lo hacen ideal para gente sin problemas de horarios o para las abuelas que quieren llevar a los nietos a pasear a las sierras. 
El tren a Buenos Aires es otra muestra de las cosas que se hacen para el papel: no le sirve a nadie, por su insólita frecuencia, su larga duración y el engorro burocrático para sacar un pasaje. Es ideal para los nostálgicos del bloque oriental, pero no mucho más. 
Los trenes de cargas tampoco andan mucho mejor, como queda en evidencia por la cantidad excesiva de camiones en las rutas. Casi -casi- que en Córdoba no tenemos trenes, salvo para ponerlo en un sitio web y para nombrar empleados y funcionarios al vicio.
Eso sí, todo lo que se haga de ahora en adelante para resolver el problema de los trenes de Buenos Aires y su conurbano lo vamos a tener que pagar todos los argentinos. No importa si vivimos en las sierras en donde apenas si hay dos o tres servicios diarios de urbanos para que los chicos vayan al colegio. Tampoco importa que los interurbanos sean un desastre que vuelve a subir de precio, por encima de lo que puede pagar la gente que quiere que le quede algo de plata después de ir a trabajar. A nadie le importa que se viaje parado como porrón que sobra y va mal calzado en el cajón, la prioridad es que en el AMBA tengan tren y viajen bien.
El choque dejó en evidencia la precariedad con la que el Estado gestiona un servicio de gran relevancia económica, que sirve para que la ciudad de Buenos Aires duplique su población durante la jornada laboral. Un banderillero que se fue a tomar café, el robo de cables que no se resolvió, algún crédito del BID que debía usarse para los trenes y seguro se convirtió en bolsones o planes para la campaña por la frustrada presidencia de Massa. Es la empresa pública con mayor cantidad de empleados y nadie fue capaz de evitar que colisiones ambas formaciones.
El evento nos obliga a volver a discutir cuál es el rol del Estado y qué cosas tiene que hacer. ¿Debe contratar y operar los trenes o debe hacer que las empresas privadas cumplan con lo que dicen los pliegos a los que se comprometieron?¿Debe encargarse de resolver técnicamente un robo de cables o debe poner policías en las calles para que no se los roben o en las compraventas de metales para que no los reduzcan?¿Qué es lo mejor para el ciudadano que tiene que ir a trabajar todos los días, jugándose la vida en la indolencia de empleados públicos a los que no les pasa nada si meten la pata como pasó el otro día?.
Recuerdo una vieja entrevista al politólogo Carlos Escudé (uno de esos personajes que andaban por los sets televisivos para animar los programas de política) en la que decía que Menem había armado unas privatizaciones malas para que las empresas de la patria contratista encontraran suficiente incentivo como para despegarse del rol desde el que parasitaban al Estado. El tiempo debía de acomodar los tantos, con el mercado desplazando a esos actores por otros más eficientes que favorecieron a todos. 
Antes de que se termine ese proceso llegó 2001, el descrédito a la economía liberal y el proceso kirchnerista de recuperación del rol del Estado. Néstor Kirchner fue menos dogmático: rescindió el contrato del Correo Argentino de una mala manera, creó Enarsa y recuperó AySA tras algunas polémicas. Así, para Néstor, empresas y Estado, asunto bastante separado. El raid estatista llegó con su esposa: se pasó todo lo que se pudo mandar a la gestión pública, de modos que seguimos pagando hasta el día de hoy. Se valieron de un consenso sobre la recuperación del Estado en la economía para armar una matriz de corrupción y desidia que nos salieron más caros que pagar el boleto lo que vale. Lo irónico es que lo hicieron bajo la misma premisa que usó Carlos Menem para privatizarlas, ampliar el negocio de los empresarios amigos. Típico de ellos.
Hoy el Estado participa en la economía más que a fines de los '80, pero con mucha menos productividad que entonces. Sigue sin poder ofrecer un servicio decente a los ciudadanos y apenas si sirve para que alguna gente juegue a que tiene trabajo, saliendo de su casa para cumplir un horario y no mucho más.
Algunos quieren ver una intencionalidad política en el choque del otro día. Algunos le echan la culpa a los funcionarios, que supuestamente querían un accidente para poder justificar la privatización. Otros dicen que fueron los empleados, que quieren echarle la culpa al Estado ausente para ponerle épica de trabajadores clasistas en lucha. Los que se joden son los mismos de siempre: los que no llegaron a trabajar porque tuvieron un accidente y los que solo ven trenes cuando chocan en el país centralista del AMBA. Qué ridículo que haya que seguir pagando algo que afecta solo a los que viven a menos de 50km de la Casa Rosada.
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