
La vulgaridad del lujo
J.C. Maraddón
J.C. Maraddón
Como producto tardío de aquella sobredosis de hippismo que reinaba en la ciudad de La Plata a finales de los sesenta, Patricio rey y sus Redonditos de Ricota salieron a remontar el circuito independiente con la consigna de no ceder ante las presiones del establishment. El asunto no se hizo tan empinado en un principio, hasta que sus canciones capturaron el corazón de un público fiel cuyo número se fue multiplicando para sumar cientos de miles, lo que volvió utópica aquella pretensión de sostenerse bajo los parámetros de la cultura alternativa en la que se había gestado el origen de su leyenda.
Entrados los años noventa, el grupo siguió sin ceder su catálogo a sellos multinacionales, pero debió aliarse con diversas estructuras privadas y oficiales para llevar a cabo esos conciertos que pronto pasaron a ser “misas ricoteras”, hacia las que peregrinaban fanáticos desde todo el país como si se tratase de una profesión de fe. Tras una década de remar en ese océano de contradicciones entre su vocación underground y su llegada masiva, era lógico que se verificara un desgaste que terminó llevando a la separación en muy malos términos del terceto (Skay, la Negra Poli y el Indio) que regenteaba el emprendimiento.
Cada cual siguió por su lado: el guitarrista y la mánager hicieron lo suyo de forma regular sin estridencias, en tanto el cantante cargó con la mochila de una popularidad que, a la vez que le rendía ganancias atendibles, lo obligaba a realizar operativos descomunales para cada presentación en vivo. Hace algunos años, el diagnóstico de una enfermedad degenerativa obligó al vocalista a alejarse de los escenarios, aunque no se apartó de la composición ni de las grabaciones, a las que va entregando cada tanto para que sean defendidas en vivo por Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
Su legión de seguidores se vio sorprendida la semana pasada por la publicación en el canal oficial de YouTube del Indio Solari, de dos nuevas canciones de reciente factura, que lo muestran activo y con el entusiasmo necesario para volver a registrar su voz en su estudio. Después de los tres temas que presentó no hace mucho como El Mister y Los Marsupiales Extintos, ahora lanzó “La marcha que les debía” y “Amar... sanar”, esta vez bajo la firma de Indio y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, banda que tiene fecha de actuación el 6 de agosto en Jesús María.
Al escuchar estas dos nuevas piezas de su repertorio, se percibe en una de ellas ese clima épico que han sabido transmitir algunos de los grandes éxitos de los Redondos, en tanto la otra se encuadra en la rítmica roncarolera sobre la que se han construido varias de esas obras que han sido adaptadas para que se las cante en las tribunas. No se aprecia ninguna innovación musical allí, sino más bien una reafirmación del estilo que tuvo este artista desde un principio y que, sin necesidad de apelar a experimentaciones ostentosas, fue aplaudido por multitudes de jóvenes.
Pero es sabido que las letras son una parte trascendental en el aporte artístico del Indio y es en ese plano que estas dos canciones vuelven a ciertos tópicos de sus hits ochentosos, como reclamarle a alguien que es “superficial y cool” o referirse a ciertas personas como “diablos de salón” y “pajarracos”. A los 74 años y después de casi medio siglo de trayectoria, aquellos orígenes contraculturales sobreviven en el discurso de este referente del rock nacional que se ha dado con el gusto de liderar “el pogo más grande del mundo”, pero que sigue declamando su rechazo a la vulgaridad del lujo.





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