
Autorretrato a la manera de Godard
J.C. Maraddón
J.C. Maraddón
Al repasar algunas de las más antiguas películas de Jean-Luc Godard, quizás un espectador del cine actual no encuentre en ellas un atractivo que esté acorde a la fama cosechada por ese realizador francés, fallecido a los 91 años en 2022. Al borde del ensayo experimental la mayoría de ellas, lo que sí exponen -vistas desde el presente- es la voluntad renovadora de ese cineasta que rompió todos los moldes establecidos desde los inicios del cinematógrafo, para redefinir un lenguaje audiovisual que ya no fue el mismo a partir de que él lo pusiera patas para arriba e inaugurase una fase mucho más moderna.
Desde referentes hollywoodenses hasta osados cultores de la vanguardia, casi todos reivindican la influencia recibida de Godard y aplican en sus largometrajes algunos de los recursos desarrollados por aquel genial pivote de la nueva ola. Resulta paradójico que, mientras sus filmes se proyectan en el circuito cineclubístico para un público de culto, esas innovaciones que él planteó sesenta años atrás son ahora lugares comunes de muchos tanques de taquilla, a pesar de que muy pocos sepan de dónde proviene la inspiración que le permite a los responsables de esas cintas narrar las historias de la manera en que lo hacen.
En la edición 2025 del Festival de Cannes, que finalizó el sábado por la noche con la ceremonia de premiación, el estadounidense Richard Linklater participó del Competencia Oficial por la codiciada Palma de Oro con una película titulada “Nouvelle Vague”, en la que rinde homenaje a ese movimiento que fue protagonizado por críticos de cine lanzados a filmar. Para ser más precisos, Linklater sitúa la acción durante el rodaje de “Sin aliento”, que marcó el debut tras de cámaras de Jean-Luc Godard allá por 1960 y que sigue siendo considerada una de las realizaciones más revolucionarias de su época.
Por supuesto, los directores franceses que surgieron a lo largo de todos estos años han sido receptores de ese influjo por parte de Godard y de todos sus compañeros de camada, que si dejaron su sello en el cine universal, cómo no iban a hacerlo en el de su propio país de origen, donde hasta la actualidad es perceptible ese legado. Leos Carax, un cineasta galo que en los ochenta deslumbró con “Mala sangre” y “Los amantes del Pont-Neuf”, es tal vez uno de los que manifestó en su obra el más explícito compromiso con el creador de tantos títulos significativos.
Como suele hacer todos los años, la plataforma Mubi ofrece en mayo algunos de los filmes que pasaron por la edición anterior de Cannes, y entre esas producciones cabe mencionar “C’est pas moi” (No soy yo), un mediometraje de Leos Carax que no repara en citar de modo directo las audacias características de Jean-Luc Godard, para contar acerca de cuestiones personales que incluyen a su propia familia. En un ejercicio de cine de autor que mixtura el espíritu godardiano con las urgencias de estos tiempos, Carax elabora una propuesta no apta para el pochoclo, donde se involucra en cuerpo y alma.
En breves 40 minutos, “C’est pas moi” reinterpreta escenas de la filmografía de su director, al disponerlas en una especie de collage que, mirado en perspectiva, les otorga una connotación completamente distinta. Como, por ejemplo, cuando se escucha “Lazarus”, una de las últimas canciones publicadas por David Bowie antes de morir, como fondo de una secuencia de “Mala sangre” que en su versión original tenía como banda de sonido el tema “Modern Love”, del mismo Bowie. Nada de lo que dice y/o sugiere Carax en este, su más reciente aporte, está puesto allí por casualidad. Y en eso, la coincidencia con Godard también es notoria.







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