Tecnología contra la inflación

Las nuevas herramientas digitales son el principal aliado con el que cuentan los ciudadanos para hacer frente al principal problema que tienen hoy los argentinos.

Nacional 29 de agosto de 2023 Javier Boher Javier Boher
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Por Javier Boher

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La inflación es la principal preocupación de los argentinos, pese a que la inseguridad le ha robado la tranquilidad a los ciudadanos de todo el país. El temor ante las perspectivas a futuro de un ingreso que se licua a razón de tres o cuatro por ciento mensual se empieza a apoderar de los asalariados, jubilados y cuentapropistas.

Las historias de los que vivieron el Rodrigazo o las híper de Alfonsín y Menem terminan siempre en el mismo lugar: “cobrabas el sueldo y corrías a comprar mercadería o dólares para evitar que se pierda el valor”. Esos eran los años de los plazos fijos por el plazo de la noche o por el fin de semana, las compras a granel o en cantidad y la destrucción del ahorro. También fueron los años de los que hicieron grandes fortunas comprando propiedades baratas en dólares o de los que se ganaban la diferencia entre lo que pagaban a campesinos perdidos en los confines del campo y lo que cobraban por vender en los mercados de las ciudades.

Todo eso parece ser una realidad distinta para el día a día de la actualidad. La inclusión financiera que han significado las billeteras virtuales ha revolucionado la relación de la gente y sus ingresos, ayudando a conservar (o a no perder tanto) el valor del dinero.

Se han multiplicado los instrumentos y caminos para que la gente haga pequeñas “inversiones” financieras, que hace treinta o cincuenta años estaban absolutamente vedadas para el ciudadano de a pie. La revolución tecnológica le permite a los consumidores saber el valor de las cosas en tiempo real, porque los precios se trasladan al espacio virtual en apenas minutos. Nada parece ser como en aquellos años del pasado, cuando cualquier trabajador estaba desinformado y desnudo ante los vaivenes de la economía.

Una de las particularidades de estos años es que ha aparecido el fenómeno de las criptomonedas. Las mismas están bajo la lupa en distintos lugares del mundo, pero en un régimen de alta inflación como el nuestro representan una inversión un tanto más segura que un peso que se puede devaluar un 22% de la noche a la mañana.

De hecho, fue hace unos años cuando el economista Andreas Antonopulos tuvo su momento de fama en el país: en una charla que estaba dando en Estados Unidos le objetaron la rentabilidad del Bitcoin, a lo que respondió que si se estaba en Argentina cualquier apreciación de la criptodivisa iba a ser más favorable que el derrotero del peso.

La misma situación se empezó a vivir hace algunos años en Venezuela, cuando las transacciones en criptodólares empezaron a reemplazar los intercambios que se hacían en bolívares. Cuando la hiperinflación pulverizó el valor de la moneda, la gente empezó a usar otro tipo de activos para comprar, vender y ahorrar. Así, pese a que no hubo cambios sustanciales en la política económica del gobierno de Maduro, el corrimiento de las operaciones al mundo de las monedas digitales le quitó presión al bolívar y redujo drásticamente la inflación.

Todas esas herramientas están hoy al alcance de la mano de quienes tratan de esquivar proyecciones de inflación de dos dígitos al menos para agosto y septiembre, que sumaría alrededor de 25% para el bimestre. Octubre podría llegar a tener -si se plancha el dólar- una inflación de un dígito, siempre que las últimas medidas del hiperministro Massa no se trasladen rápidamente a precios.

Las distintas consultoras son pesimistas respecto a dicho escenario, calculando una inflación anual de alrededor del 150% para diciembre, muy por encima de los pronósticos con los que se cerró el presupuesto el año pasado o los que trazaban los economistas de la oposición allá por enero de este año. De hecho, a este ritmo de inflación mensual, no se sabe efectivamente en qué niveles cabe esperar dicha cifra.

Para colmo de males, la caída de la actividad convierte en una realidad aquel temido escenario de estanflación, que ya se insinuaba allá en abril. La retracción de la economía se traduce en menos ingresos para los hogares, que deben privarse de ciertos consumos, situación que empeora si se le agrega la inflación desbocada.

Los consumidores tienen hoy numerosas herramientas a su servicio, que van desde las mencionadas billeteras virtuales hasta aplicaciones más sofisticadas y para expertos que sirven para realizar inversiones más técnicas. En el escenario fintech siguen buscando la forma de ayudar a los consumidores a proteger sus ingresos o a potenciar sus consumos, pensando en nuevas herramientas, las que se trata sean más accesibles al lego. Ya no alcanza con las promociones del descuento de la tarjeta para el supermercado o con la app de la estación de servicio, todos buscan la forma de preservar el valor de su esfuerzo.

Aunque las perspectivas económicas a futuro son sombrías, los consumidores no están tan abandonados como en otros tiempos. La escasez potencia la creatividad y la competencia estimula el surgimiento de nuevas formas de pelearle a uno de los peores legados del kirchnerismo. Así, toda la tecnología que nos rodea contribuye a que los ciudadanos tengamos más herramientas para cubrir las necesidades, ahorrándonos el trastorno de tener que correr a una cueva o al mercado como hace tres décadas, mientras la plata se nos estaba disolviendo dentro de la billetera.
 
 
 
 
 
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