
La dinámica de lo televisado
J.C. Maraddón
Por J.C. Maraddón
La estética propia de los videoclips, que se empezó a desparramar por todas partes a comienzos de los ochenta con la aparición de MTV, provocó un sacudón en las estructuras de la industria audiovisual, que a partir de entonces supuso que debía complacer a las generaciones crecidas al amparo de la exposición a ese tipo de producciones. Se desató entonces una competencia por ver quién introducía más transiciones por minuto en la edición, quién movía más la cámara y quién generaba mayor vértigo en los espectadores, que de a poco fueron acostumbrándose a esa tendencia cuyas intenciones eran prolongarse en el tiempo.
En la Argentina, más allá de algún que otro audaz dispuesto a experimentar con esas herramientas, recién en los años noventa emergieron realizaciones concebidas enteramente bajo tales parámetros, con la productora Cuatro Cabezas como la responsable de la proeza. Mario Pergolini y Daniel Guebel eran los gerenciadores de esa empresa que en enero 1995 presentó en el canal América TV el programa “El Rayo”. Conducido por la modelo Deborah de Corral, el ciclo rezumaba el espíritu de los noventa, con un estilo glamoroso en el que la dinámica en los encuadres y la compaginación evocaban el formato de los videoclips.
También fue Cuatro Cabezas la que, apenas tres meses más tarde, puso en el aire a través de la señal de América “Caiga quien caiga (CQC)”, un semanario de actualidad que rompió con todos los moldes de la televisión argentina de su época, y que reunía a Pergolini, Eduardo de la Puente y Juan Di Natale como animadores. Es imposible repasar la sociedad argentina de ese periodo sin consultar el fenómeno desatado por este innovador envío, que con la acidez de su humor disparaba certeros dardos contra la clase política, siempre desde una puesta en escena disruptiva como marca registrada.
Haber estado a la vanguardia en esos proyectos, rodeó a Pergolini de un aura de visionario, justo en un momento en que la incertidumbre sobre el futuro era potenciada por la llegada del nuevo milenio y por avances tecnológicos que dejaban atrás el mundo conocido. Desde entonces, se ha convertido para muchos en una especie de consultor todoterreno, aunque la mayoría de sus propios emprendimientos no hayan prosperado como era factible esperar, teniendo en cuenta la pericia con la que supuestamente contaba su promotor. De hecho, la reciente noticia de la crítica situación económica que atraviesa Vorterix sería el último eslabón de esa cadena.
Desde algunos medios se sostenía que el regreso del conductor a la televisión abierta tenía que ver con ese quebranto, algo sobre lo que él mismo bromeó en “Otro día perdido”, el programa que encabeza en El Trece desde la semana pasada, de lunes a viernes entre las 22.30 y las 23.30. Con pretensiones de “late night show” al estilo estadounidense, esta flamante apuesta cobija monólogos, entrevistas y secciones varias, con el acertado acompañamiento de Laila Roth y Agustín Aristarán (Soy Rada) como coprotagonistas dispuestos a tomar la posta cuando les toca la oportunidad.
Por lo visto hasta ahora, “Otro día perdido” asoma como un work in progress que procura ir rodeando a Pergolini de todo lo necesario para su lucimiento, si bien está claro que aquel muchachito rebelde de la Rock And Pop ha mutado en un sexagenario con menos chispa pero con más perspicacia. Lo que resulta notorio es que en este revival está ausente aquel ritmo desbordante que sincronizaban “El rayo” y “CQC” hace ya 30 años y que cierto público quizás esté extrañando en un programa cuyo objetivo aparenta apuntar a una teleplatea que ahora encuentra fascinante la práctica de scrollear en las redes.







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