
Llaryora expone a Milei (otra vez) en el arranque de la campaña
Felipe Osman
Por Felipe Osman
Puede que el gobernador de Córdoba no destaque por su estridencia en redes sociales, ni sea dueño de una gran elocuencia, pero a esta altura, el Gobierno Nacional ya debe reconocer en él un adversario consistente, que trabaja sin prisa, pero sin pausa, los flancos del oficialismo.
Ayer, Llaryora convocó a intendentes, funcionarios, sindicalistas y legisladores para anunciar la pre adjudicación de un tramo de la Ruta 19, que une Córdoba con San Francisco, y que la Provincia intenta -desde hace tiempo- convertir en autopista. La pre adjudicación es una suerte de carta de intención. No opera casi efectos jurídicos concretos. Pero sí funciona como una buena excusa para enhebrar una o dos definiciones políticas.
El gobernador lamentó que la Provincia apenas pudiera avanzar hasta esa instancia, y exigió al Gobierno: “Ya que no hacen, que no molesten”, después de explicar que, tratándose de una ruta nacional, la competencia originaria es del Estado Nacional, que no solo ha anunciado no avanzará en la ejecución de la obra (ni se hace cargo de su mantenimiento), sino que además se niega a traspasarla a la Provincia para que el Gobierno de Córdoba pueda avanzar en su adjudicación.
Llaryora también recordó que para el financiamiento de la obra ya se había convenido un préstamo con el BID a tasa subsidiada, pero que esas gestiones quedaron truncas tras la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada. Y se quejó de que, a pesar de aportar mucho más de lo que recibe a las arcas nacionales, la nación haya abandonado la ejecución de obras indispensables para el desarrollo productivo y la seguridad vial de la provincia.
En el repaso, hasta hubo un guiño al expresidente Mauricio Macri, al que recordó por haber empezado la obra, a pesar de no haberla terminado.
El cordobesismo asiste a una campaña atípica. El Gobierno Nacional es hoy su principal adversario. Y no por su distancia ideológica, sino por una razón mucho más seria: la superposición que existe entre los votantes de uno y otro espacio.
En ese escenario, los libertarios descuidan el flanco sobre el cual el cordobesismo más gusta de trabajar: la obra pública. Y particularmente la infraestructura vial. En el Centro Cívico admiten que, a pesar de la crisis, ese será uno de los principales ejes de campaña. El otro, las jubilaciones.
Ayer se dio un cruce, cuanto menos, divertido entre Provincia y Nación. Guillermo Francos, Jefe de Gabinete de Javier Milei, dijo que el aumento a las jubilaciones provinciales dispuesto por Llaryora había sido una “afrenta” a la Casa Rosada, porque había sido financiado con fondos que la actual gestión nacional reconoció a la Provincia, y tenían el efecto de generar un desbalance entre las jubilaciones nacionales y las que paga la Caja de Jubilaciones de Córdoba.
Con una correcta cuota de humor, el que salió a responder fue Miguel Siciliano, presidente de la bancada oficialista en la Legislatura, que dijo que el reproche de Francos era asimilable al de un deudor que se queja del destino que su acreedor da al dinero de él recibido tras satisfacer la deuda.
Lo cierto es que el efecto descripto por Francos es exactamente el que busca el Gobierno Provincial: exponer, en campaña, la diferencia entre las jubilaciones que paga Milei y las que paga Llaryora. Y el hecho de que el Jefe de Gabinete salga a dolerse de tal “afrenta”, no es otra cosa que un certificado de que el movimiento fue correctamente ejecutado y cumplirá el propósito deseado.
En el juego de las encuestas, el resultado del próximo test electoral es opaco; difícil de pronosticar. El Gobierno Nacional consume y comparte sondeos que indican que la franquicia libertaria sería imbatible en la zona núcleo, aunque en Córdoba no asoma aún ningún candidato con un margen de conocimiento siquiera remotamente cercano al de la marca que lo auspiciará. Mientras, el Gobierno Provincial se ufana de la alta imagen positiva que conserva el ex gobernador Juan Schiaretti, aunque no adelanta cómo conseguirá virar el eje nacional de las Legislativas, ni cómo conjurará la amenaza, cada vez más concreta, de que el oficialismo se parta en tres (o hasta cuatro) boletas en octubre.


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