
Flamantes tecnologías culturales, el desdén por el teatro criollo y las nuevas industrias de la Córdoba fabril dan un panorama del segundo escalón del siglo XX.
“Atrapaalmas” (“Soulcatcher”) es una película de acción que rankea entre lo más visto de Netflix y que cuenta con un elemento exótico: su origen polaco. Si no fuese por el idioma en que hablan los protagonistas, podría pensarse que se trata de una pésima novedad rodada en Hollywood.
Cultura 01 de septiembre de 2023J.C. Maraddón
En la educación cinematográfica de cualquiera, es la filmografía estadounidense la que seguramente ha fijado los estereotipos que estamos acostumbrados a apreciar y que, peor aún, esperamos ver reflejados en cualquier producción que encaje dentro de alguno de los géneros del séptimo arte. Filmes de aventuras, policiales, románticos o de comedia han desfilado frente a nosotros, masajeando nuestra atención y predisponiéndonos a disfrutar ante determinados estímulos, como el azúcar, las harinas o la sal provocan placer en nuestras papilas gustativas. Más de un siglo de funcionamiento de la factoría hollywoodense ha desparramado un paradigma de cómo hacer cine que es difícil de soslayar.
A pesar de ese condicionante, la feliz aparición de cinematografías disidentes ha desafiado ese predominio y ha posibilitado que se amplíe el espectro de recursos en el lenguaje del cine, hasta que finalmente los propios realizadores de Estados Unidos recogen esa influencia y la despliegan en sus obras. Y es que el circuito hegemónico se alimenta de esas innovaciones que primero prueban los más osados, los que están dispuestos a experimentar, para que recién después, una vez garantizada su eficacia, tales novedades afloren, bien dosificadas, en los tanques de taquilla que son los encargados de abarrotar las salas.
Por supuesto, también se verifica el proceso inverso: realizaciones europeas o de países periféricos que, a su manera, procuran replicar a nivel local las especialidades que se preparan en la Meca del cine, con resultados bastante dispares a lo largo del tiempo. Tal vez el ejemplo más logrado de esos ecos lejanos sea lo acontecido en la India, donde a partir de la inspiración de los musicales clásicos se desarrolló una estética propia que devino en una cuantiosa lista de títulos con enorme suceso en aquel país asiático, algunos de los cuales lograron trascender más allá de esas fronteras.
Pero no ha ocurrido así en la mayoría de los casos, sino todo lo contrario. En muchísimas ocasiones, la necesidad de parecerse a lo que proviene de la potencia norteamericana da por tierra con rasgos autóctonos más que valorables y termina conformando largometrajes fabricados en serie que, por la naturaleza de su gestación, jamás podrán emular cien por ciento a su modelo, ni siquiera contando con un enorme presupuesto que ayude a reproducir los efectos especiales y las escenas catastróficas que son la marca registrada de esos filmes donde la acción de un héroe se sobrepone a todos los obstáculos.
En ese cliché se desploma “Atrapaalmas” (“Soulcatcher”), una película que rankea entre lo más visto de Netflix y que cuenta con un elemento exótico: su origen polaco. Si no fuese por el idioma en que hablan los protagonistas, podría pensarse que se trata de una pésima novedad rodada en Los Angeles. Pero en realidad estamos ante una aproximación a los filmes de acción, ciencia ficción, terror y suspenso que salen con fritas desde el epicentro estadounidense, reciclados esta vez por el cineasta Daniel Markowicz, nacido en el mismo país de Roman Polański, Krzysztof Kieślowski, Agnieszka Holland, Andrzej Wajda y Andrzej Żuławski.
Podría alegarse en favor de “Atrapaalmas” que su único objetivo es entretener y que lejos está de la intención de su director incursionar en el cine arte. Sin embargo, de tanto tiroteo cruzado y lucha cuerpo a cuerpo, la trama se torna cada vez más absurda y tediosa, lo que no contribuye a que el espectador se mantenga cautivo. Un avance científico que deriva en un arma letal y un líder mesiánico que pretende apoderarse de ella, constituyen el eje argumental muy poco imaginativo de esta cinta a la que, en consonancia con su nombre, parecen haberle robado el alma, dejándonos solo un envase vacío.
Flamantes tecnologías culturales, el desdén por el teatro criollo y las nuevas industrias de la Córdoba fabril dan un panorama del segundo escalón del siglo XX.
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