Secuestro Aéreo, evasión y terrorismo (1972) (Parte 1)

Guerrilleros argentinos en Chile y la intervención de Salvador Allende.

Nacional 07 de septiembre de 2023 Redacción Alfil Redacción Alfil

DAS 

Coquimbo, Chile 2023  

Primera parte  

IMG-20230622-WA0043Esos lejanos años 70 parecieran negarse a desaparecer, sobre todo, cuando revisamos hechos que  remecen a la actualidad política, observando en ellos reminiscencias que hacen imposible no  establecer relaciones entre estos, ello a pesar de que tanto argentinos como chilenos desconocen  cabalmente u olvidaron ciertos acontecimientos que por su gravedad ameritan una revisión o al menos  una mención. 

 En esta perspectiva la primera mitad de la década de los setenta nos enfrentó a un clima de violencia  política, cuya dimensión no registraba precedentes en la Argentina como Chile, en donde el factor  insurreccional era el punto común que caracterizó a esa época. 

 Sin embargo, existen hasta hoy interrogantes en cuanto a dilucidar la existencia o no de una  coordinación político-militar de organizaciones guerrilleras de ambos países, las cuales a nuestro  juicio, fueron particularmente fluidas a partir de la llegada al poder de Salvador Allende que convirtió  a Chile “en el Santuario guerrillero sudamericano”1 

 “Desde los inicios de la Unidad Popular, Allende además de convertirse en un factor de  financiamiento de la guerrilla, también colocó a Chile como un refugio de elementos subversivos de  distintos países de la región (…)” 2.  

 “Desde el comienzo la Solidaridad de Allende con los refugiados políticos latinoamericanos fue  uno de los aspectos centrales de su gobierno y uno de los asuntos más acalorados de discusión  pública. El gobierno dio asilo a 70 guerrilleros brasileros, 9 Tupamaros uruguayos y 12 mexicanos  en las primeras semanas”3.  

Incómodos huéspedes 

Anocheciendo el 22 de agosto de 1972, el Gobierno de Salvador Allende recibía “incómodos  huéspedes” 4: seis guerrilleros argentinos, evadidos del penal de Rawson en la Provincia de Chubut,  

1 Alarcón Ramírez, Daniel (Benigno) (1997). “Memorias de un soldado cubano. Vida y muerte de la Revolución”, Barcelona,  Tusquets.p.117 

2 Alvarez Soza, Daniel (2014). “Las Relaciones de la Guerrilla entre Argentina y Chile en la década de los 70. Sus antecedentes y  objetivos. Tesis Doctoral. Tomo III. Biblioteca de la Universidad de Mendoza. P. 155. 

3Peredo, Osvaldo “Chato” (2003) “Volvimos a las montañas”. Santa Cruz, Bolivia: Osvaldo Peredo Liegue Edición. Pág. 94. 4 Revista QUÉ PASA: “CHILE BAJO LA UNIDAD POPULAR”. Número 7. Pág. 9 y 10.

habían secuestrado en el aeropuerto de Trelew el Jet BAC-111 de la Empresa Austral, Líneas Aéreas,  junto a 94 pasajeros y 6 tripulantes, todos argentinos quienes con esta involuntaria compañía  aterrizaron en Chile. 

 Entre los terroristas que huyeron, se encontraban: Mario Roberto Santucho (ERP). Roberto Quieto  (FAR), Marcos Osatinsky (FAR), Fernando Vaca Narvaja (Montoneros), Domingo Menna (FAR) y  Enrique Gorriarán Merlo (ERP). 

 El avión desvió su destino final -Buenos Aires- por Puerto Montt para luego continuar rumbo a  Santiago de Chile. Antes de aterrizar, los subversivos solicitaron la presencia del “Ministro de Relaciones Exteriores, del Ministro del Interior o en su defecto del subsecretario de Interior chileno a fin de “…. Que se apersonaran en la losa, para negociar con ellos el derecho a Asilo5. Pero  Allende, luego de comunicarse con el presidente Alejandro Agustín Lanusse, envió al aeropuerto Pudahuel sólo al Director General de Investigaciones subrogante, Arsenio Poupin” 6. Quien luego de  nerviosas negociaciones logró que los terroristas liberaran a la tripulación y a los despavoridos  pasajeros, para luego entregar el avión.  

 Por otra parte los subversivos se sometieron voluntariamente a las leyes chilenas quedando bajo  detención preventiva bajo la custodia de la policía de investigaciones como “extranjeros retenidos en  tránsito”. 

 El Gobierno argentino originalmente solicitaría la extradición de los evadidos, pero luego se  estimó que tal vía sería lenta. Mientras los tribunales esperaban y los abogados de los estados definían  posiciones, Allende, concedía entrevistas a canales de la televisión argentina, reiterando que “que  sería la justicia la que determinaría la conducta de Chile con los secuestradores de la aeronave, cuya  situación calificó de “excepcional, única y sin precedentes” 7

 Los abogados argentinos sabían que la extradición no era procedente para delitos de connotación  política, exceptuando casos muy específicos, sin embargo esta situación “excepcional”, estaba  referida a la condición que ostentaban estos sujetos, esto es, que eran “evadidos” de la justicia, por lo  que no se trataba de un caso de persecución política que pusiera en riesgo la vida de éstos, sino de  personas que habían sido sometidas a la acción de los tribunales como consecuencia de su  responsabilidad criminal y condenados por tribunales constituidos de conformidad a las normas del  debido proceso. 

 Como señaláramos “los seis prófugos llegaron a Chile, donde fueron recibidos por el gobierno  marxista de Allende, que había quedado en una incómoda posición: si pretendía mantener relaciones  

5 Revista APSI: “Subversivos Trasandinos en Chile”. Pág. 56 y 57 

6 Revista” QUÉ PASA”: “CHILE BAJO LA UNIDAD POPULAR. Número 7. Pág. 13 y 15. 

7 Revista APSI: “Subversivos Trasandinos en Chile”. Pág. 61y 62.

diplomáticas normales, sus alternativas eran la extradición a Argentina o la detención en las cárceles  locales8

 Según la visión de Luis Mattini: “….Allende se encontraba “entre la espada y la pared. Tenía que  proteger a los refugiados, tanto por convicción propia, como por los derechos regionales del asilado  político, y por la presión del pueblo chileno y por otro lado no era conveniente endurecer su posición  con el gobierno de Lanusse. El presidente, confiaba en su habilidad política para encontrar una  solución y esto lo hacía aparecer en una posición vacilante”. 

 “Los dirigentes guerrilleros en Chile, no las tenían todas consigo, estaban muy intranquilos pues  no confiaban en Allende a quien consideraban “reformista” y mucho menos en las fuerzas policiales  que los alojaban. Por su parte el MIR, organizó una gran manifestación, exigiendo una inmediata  solución al problema, sea concediendo asilo, sea autorizando la salida de los perseguidos hacia  Cuba u otro país. Desde La Habana, Fidel Castro ponía a disposición de los revolucionarios visas y  un avión para viajar a Cuba” 9

 Cabe agregar, que mientras los subversivos estuvieron en Chile, éstos fueron acogidos por el  gobierno e incluso visitados por Salvador Allende. “Fue allí donde éste (Allende) le regaló un arma  de fuego a Santucho, para que prosiguiera en su hidalga tarea de asesinar a opositores”10.  El 24 de agosto llegará a Chile la primera orden de extradición, sin embargo, al día siguiente, por  sorpresa, y haciendo uso de sus atribuciones, el jefe de gobierno concedió asilo y salvoconducto a  los extremistas, embarcándolos de inmediato vía aérea a Cuba, luego de que Fidel Castro puso a  disposición de los revolucionarios visas y un avión para viajar a la Isla. Al llegar a La Habana, los guerrilleros fueron recibidos por el Comandante Manuel Piñeiro Losada (Barbarroja), donde  agradecieron la gestión del gobierno.  

 Santucho a pesar de la actuación de la Unidad Popular, declaró ante corresponsales de medios  cubanos y extranjeros que “Más que Allende, fue la movilización del pueblo chileno el artífice de la  solución aplicada. Testimoniamos nuestra gratitud por la más completa, amplia, cálida solidaridad  y disposición por resolver nuestro caso”11.  

 Como consecuencia de la decisión de Allende, el gobierno argentino llamó a su Embajador  destacado en Chile, Javier Teodoro Gallac, tensionando las relaciones entre ambos países. 

8 Brienza, Hernán: “Mario R. Santucho: la guerrilla de izquierda”, 1ª Ed., Buenos Aires, Capital Intelectual, 2006. Pág. 128 (Fundación  de la izquierda Argentina, dirigida por Daniel González, Nº 8). 

9Seoane, María (2003) “Todo o nada. La historia secreta y pública de Mario Roberto Santucho, el jefe guerrillero de los años setenta”.  Pág. 173. 

10Acuña, Carlos Manuel (2003) “Por amor al odio. Crónicas de guerra: de Cámpora a la muerte de Perón”. Tomo II. Buenos Aires,  Ediciones El Pórtico, 2003. Pág.123. 

11 Méndez, Eugenio (1999) “Santucho. Entre la inteligencia y las armas”. Ediciones de la Toma. Buenos Aires. Pág. 83.

Entrevista concedida en Chile por los guerrilleros evadidos del penal de Rawson. Este título se desarrollará en la segunda y última entrega.

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