
Relatos en homenaje a la palabra
Gabriel Ábalos
Marcelo Casarin transita su vida académica en la Universidad Nacional de Córdoba, en el Centro de Estudios Avanzados (CEA), del que es director, y en la Facultad de Derecho. A intervalos de los años han ido emergiendo de sus horas privadas, ediciones de su obra literaria. Entre otros géneros, ha incursionado en la novela breve con Bonino, actor de mi propia obra (2003), El heredero (2008), La intimidad de Juan (2009), Vivir en la foto de otro (2019), Cuesta Colorada (2022).
El próximo viernes presentará su libro más reciente, Alguien que recoja la palabra, que reúne textos narrativos breves, editado por el sello local Recovecos. El título inaugura los Libros de Tierra Media, una iniciativa editorial de la revista online que lleva ese nombre. Escribió un hermoso texto de contratapa Diego Tatián.
Algunas preguntas a su autor servirán para acercarnos a esta novedad cuyas historias tienen a Córdoba como lugar de referencia.
–¿Podrías contar el origen de esta colección de relatos como proyecto? ¿Qué representó para vos esa inspiración de “recoger la palabra”?
–Yo vengo de escribir y publicar una serie de novelas, y desde hace un tiempo tenía ganas de incursionar en la narrativa breve. Mi primer libro es de 1992 y es de cuentos. “Alguien que recoja la palabra” fue un hallazgo: encontré esa frase en boca de un personaje del relato que le da nombre al libro. Es un homenaje doble: a quienes escriben historias, narradores, poetas, artistas en general, pero también a los editores. Editores y editoras de libros y revistas que hacen posible el encuentro de autores y lectores, un ritual siempre amenazado de desaparición.
–¿Con qué se encontrará el lector entre tapa y contratapa de este libro?
–Es un conjunto de siete relatos independientes pero enlazados por algún personaje común, por algún ligero cruce de las historias. Me propuse que la serie recuperara personajes reales o imaginarios de Córdoba y la imbricación no se da apenas por su relación a una ciudad o una provincia, sino por un intento de recuperar del olvido a esos personajes cuyas voces, cuyas palabras, vale la pena, o, en todo caso, creo que vale la pena preservar. Algunos de los personajes en cuestión son Jacobo Dumesnil, Berna, Daniel Moyano, Glauce Baldovin, Alberto Burnichon, Romilio Ribero…
La serie apareció a lo largo de siete meses de 2025 en la revista digital Tierra Media y ahora verá la luz de los ojos lectores en papel, en un proyecto editorial que me entusiasma: los libros de Tierra Media.
–Los relatos rezuman esencia cordobesa por sus protagonistas y sus hechos. Calculo que eso parte de tu identidad autoral.
–El gentilicio “cordobés” me inquieta un poco porque remite a ciertas identidades degradadas a fuerza de ser estereotipadas: la adopción eufórica de un trago hecho a partir de una bebida alcohólica de origen italiano y una bebida cola estadunidense; un ritmo musical que mezcla el pasodoble con la tarantela y se toca en un piano de un modo singular; una prosodia particular del habla que es un canto y que nos identifica de otros hablantes del país; cierto ingenio verbal que creemos patrimonio local… hay mucho de presuntuoso que define nuestra condición mediterránea. Sarmiento lo advirtió tempranamente: “Córdoba no sabe que existe en la tierra otra cosa que Córdoba; ha oído, es verdad, decir que Buenos Aires está por ahí; pero si lo cree, lo que no sucede siempre, pregunta: ¿Tiene Universidad?” Creo entonces que si escribo sobre la ciudad/provincia es, en buena medida, porque no puedo dejar de hacerlo.
–En los relatos asoman algunas temáticas próximas a la cultura popular, aunque sin abandonar el lenguaje culto. ¿Cómo se integran a tu experiencia de vivir en Córdoba los vínculos entre esos mundos paralelos?
–No tengo muy claro cuáles son los límites entre lo culto y lo popular. En todo caso, a la literatura –al menos la que me interesa y la que intento escribir– nada de lo humano le resulta extraño. Un escritor es alguien que escribe sobre muchas cosas que no necesariamente conoce en profundidad. Sin embargo, la responsabilidad artística como la entiendo implica un compromiso serio con la palabra, que no es una mera corrección sintáctico-gramatical –asunto en el que el oficio, un corrector o ChatGPT serían de mucha ayuda. El compromiso con la palabra es el intento siempre lejano de hacer sonar la lengua de modo tal que se distancie un poco del blablableo al que nos someten los medios y las llamadas redes sociales. Daniel Moyano lo decía mejor: contar una historia implica enredarse completamente con el lenguaje. Este libro tiene una aspiración: que las historias contadas, con la mediación de la escritura, conmuevan, hagan levantar la vista o incomoden a los lectores.
La presentación se hará este viernes a las 18.30, en el Centro Cultural de la UNC (Obispo Trejo 314, Sala B, tercer piso). Alguien que recoja la palabra se puede adquirir hasta el viernes inclusive a precio lanzamiento: $25000 mediante transferencia a la cuenta de la editorial Recovecos (Alias: Recovecos.libros | CVU: 0000003100010763345148 | A nombre de Carlos Máximo Ferreyra). Luego basta con enviar un correo a [email protected], incluyendo el comprobante de pago y los datos del comprador o compradora.







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