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Los videos de cánticos peronistas en una iglesia son el reflejo de que algunos no están cómodos con las líneas que traza el presidente
Nacional19 de junio de 2024Por Javier Boher
No hay dudas de que los individuos permanecen indefensos en una Argentina de corporaciones. Cada ciudadano que decide vivir su vida por fuera del paraguas de este tipo de entidades padece mucho más la ineficiencia del Estado, a la vez que los evasores o chantas son protegidos cuando están enrolados en alguna de ellas.
El proceso de crecimiento de las corporaciones fue en paralelo al del debilitamiento del aparato del Estado, que fue progresivamente reemplazado por distintas organizaciones que empezaron a succionar fondos públicos y a prestar -de manera deficiente- los servicios que debería proveer ese Estado. Sindicatos, movimientos sociales, partidos políticos, entidades empresariales o de productores y hasta la iglesia formaron parte de ese entramado de relaciones políticas.
Muchos peronistas jóvenes tratan de vender esto como si fuese un modelo de comunidad organizada, pero no ha sido más que un reconocimiento de la propia incapacidad kirchnerista para gestionar, tercerizando las tareas que debería ejecutar el famoso Estado Presente. En los años en los que Perón pensó aquel concepto de raíz profundamente autoritaria el poder quedaba reservado para el Estado en un rol central, que se valía de las corporaciones para penetrar en la sociedad, pero nunca para cogobernar. Lo actual se parece más a un Estado fallido rapiñado por mafias de carroñeros.
El populismo de Milei parece ganar fuerza por esa indefensión del ciudadano independiente ante el avance de las corporaciones, que encuentran por todos lados argumentos para cuestionar la visión libertaria de organización social. Aunque el presidente tenga más de conservador que de liberal y que la gente entienda menos de liberalismo que de democracia, la reacción de la gente es genuina: la elección del presidente fue vivida por muchos como una especie de emancipación de las garras de las corporaciones.
Hace tiempo se vienen viralizando imágenes y videos que muestran de qué manera la iglesia se está posicionando fuertemente contra el gobierno nacional. La mesa del comedor en medio de la catedral de Buenos Aires, el Papa posando con la bandera de Aerolíneas Argentinas o los videos con cantos políticos que parecen de cancha son algunas de las escenas con las que los fervientes adoradores del señor Jesucristo pretenden condicionar la acción política presidencial. Difícil creer que haya algo más casta que una entidad religiosa verticalista que tiene su propio país y está eximida de pagar impuestos o servicios en Argentina. Suena adolescente ser anticlerical, pero es casi una obligación republicana separar ambos mundos.
Esa ofensiva de la iglesia no ha sido contestada por Milei, que hábilmente prefiere no confrontar con la iglesia, sino saludar sonriente al Papa en el encuentro del G7. A final de cuentas, más se desprestigian los curas que cantan “la patria no se vende” que el tipo que les aplica el tratamiento de la irrelevancia actuando como si no existieran.
Una vez, hablando con un amigo un poco más grande que yo, me dijo que él era kirchnerista porque Néstor se había puesto en contra de todo aquello contra lo que él había militado: Clarín, la iglesia y los militares, la tríada del joven progresista de los ‘90 que hoy tiene alrededor de 50. Hoy Milei engancha con los jóvenes básicamente por lo mismo, aunque las corporaciones sean otras. La iglesia, los medios y los sindicatos y piqueteros representan una parte de los frentes que tiene abiertos el presidente, que divide permanentemente a su oposición adoptando posturas o haciendo declaraciones que contribuyen a demarcar más nítidamente la línea que separa a la gente del antiguo régimen corporativista de este nuevo orden que no termina de nacer, pero que ya sabe por qué existe.
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