
Tras la estela de un barco de ópera
Gabriel Ábalos
Por Gabriel Abalos
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A comienzos de abril de 2022 tomamos contacto con un equipo cordobés de producción audiovisual que se hallaba realizando un rodaje en Iquitos, Perú, de una película cuyo nombre entonces era “Crónica bárbara”. La comunicación fue en torno a la situación en la que de pronto se había quedado el equipo, integrado por dieciocho personas atrapadas por la pandemia perentoria que a todos nos tomó desprevenidos e inauguró una enorme grieta en nuestras vidas, las de quienes pudimos contarla luego de atravesar ese apocalipsis mundial.
La presencia de esos cineastas, actores, productores, técnicos, hablaba de por sí de una manera de filmar que seguramente sería también determinante para la vida de ellos, pero que la pandemia transformó en una experiencia dramática. El director de la película se llama Hugo Emmanuel Figueroa, el rodaje entre Córdoba y Perú llevaba buena parte de iniciado, ya que la producción comenzó en el año 2015, lo cual lleva a un decenio para un proyecto que recién está llegando a su fin. La mayor parte del rodaje fue hecho en Córdoba, pero Perú se presentaba como el imán que ponía en movimiento todas las voluntades del equipo, llevados unos por la locura de otros, esa cosa tan contagiosa de hacer el relato con la propia vida. De hecho, es la historia de un rodaje, ese es el gatillo del guion, y donde intervino como uno de dos coprotagonistas, el escritor Iván Ferreyra, que en la historia se iba a Iquitos tras la leyenda del barco perdido de Fitzcarraldo, el magnate cauchero que quiso construir un teatro de ópera en medio de la selva amazónica. La historia tiene varias capas.
Podemos empezar por el final: los chicos están bien, varios de ellos siguen cargando el barco, todo lo necesario hasta llegar al mar del estreno donde puedan entonces disfrutar de la flotación. Ahora la peli no se llama más “Crónica bárbara”. Se llama “Tras el barco de Fitzcarraldo”. La coprotagonista sigue siendo la actriz cordobesa Constanza Gatica, la productora María Gabriela Vera. Acaban de concluir la campaña de crowfunding para financiar la postproducción, la edición está prácticamente terminada y lo final es la postproducción de color para dar homogeneidad a todo el material, grabado en épocas diferentes y con diversas condiciones de luz. Otro tanto corresponde al trabajo de la posproducción de sonido. Calculan estrenar el resultado de una década en el año que comienza dentro de una semana. No hay fecha aún para tal acontecimiento.
Ahora una puntada atrás. De cuando el equipo cordobés de la productora Tándem Cooperativa de Trabajo Audiovisual se había internado en la zona dominada por Iquitos, la metrópoli más grande de la Amazonía peruana y hubo que empezar a pedir ayuda para poder regresar. Se estaban gastando prácticamente el presupuesto de la película obligados a permanecer en un hotel.
“El cronograma de trabajo y plan de rodaje inicialmente lo planificamos en diferentes locaciones de Perú, durante unos 45 días. En primera instancia comenzamos a filmar en Iquitos y alrededores, luego emprenderíamos un viaje en barco hacia Pucallpa durante 7 días, es una de las locaciones principales. Y de ahí hacia la zona de Satipo y en la selva central que es más en el centro de Perú, en una comunidad nativa Ashaninka en San Miguel Centro de Marankiari.” Esto relataba la productora María Gabriela Vera, de Tándem. Sin embargo, por el coronavirus debieron suspender las grabaciones e iniciar el aislamiento obligatorio el 16 de marzo.
“Esa semana, cuando se declaró la emergencia, terminamos de grabar en locaciones que habíamos planificado rodar en interiores, ya que de esa manera solo teníamos contacto con los actores, y no nos poníamos en riesgo ni nosotros ni a los demás, pero desde el 16 de marzo ya no pudimos salir a la calle con los equipos, ni siquiera para trasladarnos hacia otro lugar.” Aun así, en el aislamiento, no decayó el entusiasmo que traían: “Entendiendo que la ficción es un dispositivo desde el que proliferan infinita cantidad de historias, decidimos aprovechar el hotel, con el consentimiento de sus dueños, para filmar un episodio inexistente en el guion, que se fue construyendo momento a momento durante los febriles días de la cuarentena”. Pero también esa alternativa se agotó y el rodaje se detuvo.
Dado que ya se adelantó el final, seguimos así, como si tal cosa, a la deriva, leyendo la sinopsis mantenida por la productora, que en condiciones adversas o favorables logró reunir gran cantidad de escenas buscadas e inesperadas. El leit motiv de la película asume en el título la fuerte referencia a Werner Herzog, a su “Fitzcarraldo”, protagonizada por Klaus Kinski. “Julia Gatica, una joven cineasta argentina, filma un documental sobre la vida de Iván Ferreyra, un escritor obsesionado con Fitzcarraldo. Por diferencias irreconciliables entre ambos, se separan y la obra queda inconclusa. Años después, Iván desaparece en la selva peruana buscando el barco perdido de Fitzcarraldo. Ante este suceso, Julia encuentra el sentido y el impulso necesarios para retomar la filmación de su película y viajar al corazón del Amazonas. Siguiendo sus rastros por ciudades, selvas y ríos, surgen voces, memorias y espectros que conducen el viaje hacia lo inesperado.”
Discuten los principales referentes de la productora y de la película sobre si esta se merece o no el mote de “maldita”, algo que, verdadero o falso, siempre suma puntajes para el cine de culto. Emanuel, el director, cree que no hay tal cosa: “Nosotros trascendimos toda esa maldición, porque ahora ya estamos en la post final, está casi saliendo ahí. Entonces podemos decir que trascendimos la maldición de Fitzcarraldo, el verdadero, que tenía un aura oscura y tal vez por un momento se nos pegó, pero creo que ya pasamos la prueba.”







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