
La alquimia del cambio: construir nuevos diálogos

La conmoción social generada por el feminicidio de Agostina vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que trasciende el hecho policial: ¿qué tipo de personas han formado nuestras sociedades? Qué falló? Cómo cambiar que una mujer muera cada 31h, por el hecho de ser mujer?
Escribir sobre el tema se hace con dolor y mucho respeto pero con la responsabilidad de reflexionar sobre los patrones culturales, los mandatos familiares y las formas de vinculación que seguimos reproduciendo como personas.
Nuestra cultura argentina posee valores profundamente arraigados, como la solidaridad, el compromiso colectivo y la importancia de los vínculos familiares. Sin embargo, también convive con modelos disruptivos, de impunidad, soberbia y despersonalización que, en ocasiones, dificultan el desarrollo de relaciones basadas en la igualdad, el respeto y la gestión saludable de los diálogos. El machismo, los micromachismos en lo cotidiano, el humor chabacano, la vulgaridad en la música y en el seudo-arte, terminan siendo el germen de involución en valores. Llegar a disociarse y descuartizar a una persona cual primate salvaje (Qué!! Qué?? ), muestran la gravedad contextual. Ya lo señaló el sociólogo Edgar Morin (2020), las crisis contemporáneas no son solamente económicas o políticas; son también crisis de humanidad que exigen nuevas formas de comprender la convivencia.
Pensemos que los mandatos familiares constituyen uno de los primeros espacios de socialización. Allí aprendemos qué significa ser hombre, mujer, hijo, hija, padre o madre; cómo expresar emociones y cómo enfrentar las diferencias. Estos aprendizajes pueden convertirse en fortalezas cuando promueven el respeto mutuo, pero también pueden perpetuar dinámicas de dominación, silencios o violencias cuando reproducen esquemas rígidos de comportamiento. En este sentido, el educador Paulo Freire (1970) sostenía que el diálogo auténtico es una condición indispensable para transformar la realidad social y construir relaciones más humanas.
El desafío actual urge de una ingeniería social real y profunda: innovar en las formas de diálogo y encuentro. No se trata de una competencia entre géneros, sino de una construcción compartida de una cultura del respeto, la escucha y la corresponsabilidad.
Aquí resulta útil recuperar la metáfora de la alquimia. Históricamente, la alquimia buscaba transformar metales comunes en oro. Desde una perspectiva simbólica, autores como Carl Gustav Jung (1964) interpretaron este proceso como una representación de la transformación interior del ser humano. Hoy, nuestra sociedad necesita una alquimia cultural capaz de transformar la indiferencia en empatía, la confrontación en diálogo y el miedo en cooperación, sororidad y solidaridad.
Sí!... La construcción de una nueva humanidad requiere precisamente esa capacidad transformadora. Como advertía Martin Luther King Jr., debemos aprender a convivir como hermandad o arriesgarnos a perecer como necios. En un contexto atravesado por cambios tecnológicos, polarización política y crisis de confianza institucional, la calidad de nuestras conversaciones se convierte en un activo estratégico para la democracia y la cohesión social.
El caso Agostina nos recuerda que ninguna transformación profunda puede limitarse a las leyes o a las sanciones. La verdadera prevención comienza en los hogares, continúa en las escuelas y se fortalece en cada espacio donde aprendemos a escuchar, disentir y convivir. El futuro dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad para construir puentes donde hoy existen muros.
La alquimia del cambio consiste en transformar nuestras formas de relacionarnos para construir una sociedad más justa, más empática y más humana. Quizás allí resida el desafío cultural más importante de nuestro tiempo.
Honrar la memoria de Agostina y tantas chicas implica algo más que expresar dolor. Significa asumir el compromiso colectivo de revisar nuestras prácticas, cuestionar los mandatos que generan sufrimiento y promover una cultura del diálogo, el respeto y la dignidad humana. Rescatar los buenos valores y así podremos transformar la indignación en aprendizaje social y avanzar hacia una sociedad donde la convivencia prevalezca sobre la violencia.
En definitiva, el título correcto de esta nota por supuesto debe ser “NI UNA MENOS”.
Referencias
Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
Jung, C. G. (1964). El hombre y sus símbolos. Paidós.
King, M. L., Jr. (1968). The Trumpet of Conscience. Harper & Row.
Morin, E. (2020). Cambiemos de vía: Lecciones de la pandemia. Paidós.
Schein, E. H. (2017). Organizational Culture and Leadership (5th ed.). Wiley.
UNESCO. (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: Un nuevo contrato social para la educación. UNESCO Publishing.
* Experta en Transformación Cultural y Sostenibilidad. Investigadora Posdoctoral- UBA, Dra. en Sociología-UB, Master en Responsabilidad Social y Liderazgo Sostenible- Univ. de Barcelona, MBA in Business Administration. Mentora certificada Unesco/Aldesd.
@griseldalassaga







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