
La derrota en el streaming
J.C. Maraddón
Cuando se produjo uno de los grandes cambios del siglo veinte en los medios masivos de comunicación, que fue el salto de la radio a la televisión, la necesidad de evolucionar desde lo sonoro a lo audiovisual obligó a buscar figuras que fueran capaces de asumir ese desafío. Por supuesto, muchos de los locutores que animaban la programación radiofónica se convirtieron en conductores de TV, a la vez que numerosos actores y humoristas que poblaban el éter, comenzaron a mudarse hacia la pantalla chica, aprovechando la popularidad que habían alcanzado cuando la gente sólo los conocía a través de su voz.
Y si bien hubo algunas incorporaciones novedosas por parte de los canales de aire, se trató más bien de un traspaso en el que varios nombres eran compartidos por ambos soportes comunicativos, sin que el público debiera adaptarse demasiado. De hecho, revistas como Antena o Radiolandia, que tal como lo indica su denominación habían surgido como vidriera para los ídolos radiales, no tuvieron inconveniente en reflejar también las andanzas de las estrellas de la tele, porque no eran pocas las coincidencias entre el staff que habitaba en los estudios de radio y el que trabajaba en los sets de televisión.
Hasta finales de la pasada centuria, se mantuvo vigente esa casta de famosos que se destacaban en los medios tradicionales y a partir de esa figuración recolectaban seguidores a raudales, porque no existían otras instancias de consagración. La radiofonía incorporó el formato de la frecuencia modulada y la TV acopló las señales de cable, pero esas modificaciones no alteraron el esquema según el cual determinadas personas conseguían sobresalir dentro del complejo mediático tradicional, a partir de virtudes que les eran reconocidas por todos. Como en otras áreas, internet iba a propiciar un sacudón que llevaría a que nada volviera a ser como antes.
En la transición, se iba a consolidar la heterodoxa raza de los mediáticos, que se caracterizaría por navegar a dos aguas: primero como activos participantes de los programas de chimentos o de los reality shows, y luego como jugadores de fuste en el campo de las redes sociales, donde fortalecían la presencia masiva que habían obtenido en la tele. Aunque algunos puedan haber compartido los micrófonos radiofónicos, en general su desempeño se escenificaba ante cámaras, donde podían desplegar sus aptitudes para cautivar al público mediante recursos que en otras épocas hubiesen sido tachados de poco profesionales.
Aproximadamente una década atrás, el desembarco de la camada de los influencers iba a alterar una ecuación que había dado resultados a lo largo de casi un siglo y que de a poco iba a comenzar a perder predicamento entre los jóvenes. Con el teléfono como aparato receptor fundamental y con YouTube, Twitch, Instagram y TikTok como herramientas de propalación, muchos nativos digitales arrancaron una carrera hacia la fama que se veía facilitada por la sencillez para llegar al resto de los usuarios, por la espontaneidad de su discurso y por la identificación que despertaban en el universo de sus congéneres.
Atento a este fenómeno, el sistema mediático de la vieja escuela procuró cooptarlos, pero en general permanecieron ajenos a esas invitaciones y privilegiaron las posibilidades que les ofrecían las nuevas tecnologías de transmitir sus contenidos sin necesidad de negociar con nadie lo que querían hacer o decir. Cuando fue necesario, utilizaron la radio y la TV apenas como caja de resonancia de sus actividades virtuales, a sabiendas de que sus fans no consumían envíos a los que no pudiesen acceder por su computadora o su smartphone. Los televisores tuvieron que reconvertirse para ponerse a tono y los sintonizadores de radio quedaron como objetos vintage.
Quienes han querido restarle crédito a este desbarajuste, quizás puedan tomar dimensión de lo que ocurre si le prestan atención a la última edición de “La velada del año”, el evento que desde 2021organiza el streamer español Ibai Llanos y que el sábado pasado volvió a romper récords de asistencia y de usuarios conectados. Los profesionales del box se han cansado de criticar que las celebridades de las redes se enfrenten allí de modo amateur y, sin embargo, las convocatorias anuales no decaen en su interés, sino todo lo contrario, como una muestra del potencial con que cuentan.
Cerca de 60 mil personas se congregaron en el estadio La Cartuja de Sevilla y alrededor de 7 millones siguieron online las alternativas de los diez combates a tres rounds, cifras que despiertan la envidia de cualquier otro encuentro deportivo. Tras la disputa de la final de la Copa del Mundo entre Argentina y España, que en una de las peleas se enfrentarán nuestro compatriota, el periodista Gastón Edul, con su par madrileño Edu Aguirre, le sumó condimento a esta Velada del Año. Allí también se impuso la divisa española: ni siquiera en el streaming pudimos vengar aquella dolorosa derrota de Nueva Jersey.



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