
Bittar ganó haciendo cordobesismo
Felipe Osman
La disputa por las cuatro sillas de la abogacía en el Consejo de la Magistratura se saldó, en Córdoba, con un amplio triunfo de la lista impulsada por Eduardo Bittar, que obtuvo 1.718 votos, el 51,25%, frente al 32,49% de la propuesta respaldada por el Gobierno provincial, contribuyendo, además, de manera determinante, a la victoria nacional del armado de Ricardo Gil Lavedra y Daniel Angelici.
Pero, conocidos ya los resultados, en lo que cabe indagar es en el cómo. En cuál fue, no ya la lista, sino la receta ganadora. Y al respecto, algunos observadores de la contienda señalan una llamativa paradoja.
El presidente del Colegio de Abogados construyó el triunfo de la Lista 3 sobre tres pilares: amplitud en las alianzas, referencias nacionales alejadas de cualquier elemento asimilable al kirchnerismo y un discurso orientado al ejercicio profesional en el sector privado. Y esa combinación guarda una familiaridad evidente con el cordobesismo que Martín Llaryora reformuló durante la campaña que lo llevó a la Gobernación: apertura hacia otras identidades partidarias, diferenciación del kirchnerismo y articulación con el entramado empresarial cordobés.
El Partido Cordobés, declamado tanto por Juan Schiaretti como por su sucesor, fue concebido como un armado que trascendiera las fronteras partidarias y sumara, no sólo a peronistas, sino también a dirigentes del radicalismo, el vecinalismo y el PRO, llevándolos incluso a importantes espacios de gestión.
Bittar, que recientemente se revalidó en el Colegio de Abogados tras construir una lista de unidad, aplicó la misma receta, integrando a su espacio profesionales de prosapia radical y del PRO, a los que agregó también algunos componentes del peronismo e incluso -juran algunos- de las líneas libertarias.
Mientras la Lista 1, que impulsó el oficialismo provincial, tejió una referencia nacional con el rector de la Universidad de Lomas de Zamora, Diego Molea, y un grupo de intendentes peronistas del Conurbano Bonaerense línea Kicillof, la Lista 3 de Bittar tuvo como referencia nacional a Gil Lavedra y Daniel Angelici, desmarcándose de cualquier componente que pudiera emparentarse con el kirchnerismo.
El contraste también se expresó en la búsqueda de apoyos. El armado que apadrinó el Centro Cívico concentró sus esfuerzos en los abogados que trabajan en el Estado provincial y en municipios y comunas administradas por el peronismo. Bittar, en cambio, también trabajó en la ampliación del padrón, pero trabó alianzas con grandes estudios jurídicos vinculados al sector empresarial y a las pymes cordobesas. Esa búsqueda de respaldo en el sector privado también forma parte del repertorio histórico del cordobesismo.
Visto a contraluz, el triunfo del presidente del Colegio de Abogados sobre la lista apadrinada por el Gobierno Provincial se edificó con una receta, si no igual, muy similar a la que este supo desplegar.
Al margen de las tensiones que la configuración de las listas generó entre el Centro Cívico y el Colegio de Abogados, Bittar se apegó a la receta del cordobesismo, y fue el propio cordobesismo el que -aun pudiendo reclamar el crédito de acuñar la estrategia vencedora- terminó alejándose de ella.


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